1er domingo de cuaresma (B)

 Liturgia Viva del Domingo 1º de Cuaresma - Ciclo B


Saludo (Ver el Evangelio)

Jesús, el Señor, está con nosotros hoy y nos proclama su palabra: 
"Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios:
Arrepiéntanse y crean en la Buena Noticia de Salvación".
Que escuchemos todos su palabra y que él esté siempre con ustedes.


Introducción por el Celebrante (Dos Opciones)



1.           Tentado en el Desierto
¿Nos sorprende acaso el que a veces seamos tentados a hacer el mal que no queremos hacer, o a descuidar o abandonar el bien que deberíamos hacer? Estamos en buena compañía; nada menos que con Pablo y con Jesús. San Pablo se queja de sus dificultades en resistir a la atracción del mal. Y nada menos que Jesús fue tentado. De su ejemplo y de su gracia podemos sacar la fuerza para vencer cualquier tentación que se nos cruce en el camino, ya que él las ha vencido ya por nosotros.

 

2.           Arrepiéntanse y Crean en la Buena Noticia de Salvación
Al comenzar la Cuaresma, el mensaje urgente que se nos dirige hoy es: "¡Arrepiéntanse! ¡Cambien el corazón, conviértanse!" Pero, ¿a quién le gusta cambiar sus hábitos y costumbres, su mentalidad, su estilo de vida? Preferiríamos quedarnos solos e ir a nuestro aire por los viejos caminos. Hasta Jesús mismo fue impulsado por el Espíritu -sí, por el Espíritu- al desierto, para allí ser tentado, para percibir con ojos claros su propia identidad, cuál era su tarea y cómo la gente y los acontecimientos tratarían de desviarlo de su misión. Pero Jesús fue más fuerte que la tentación y que el pecado. -- Que su Espíritu nos convierta a nosotros, para que logremos ser aquello para lo que hemos sido llamados, y para que hagamos lo que tenemos que hacer como cristianos. Que él nos ayude a superar nuestras tentaciones y nos haga más fuertes que el pecado.

 

 

Acto Penitencial


Pidamos al Señor, nuestro Dios,
que no nos deje caer en la tentación.
(Pausa)

·                Señor Jesús, tu fuiste tentado en el desierto. Ayúdanos con tu fuerza a vencer las tentaciones y a permanecer siempre fieles a ti:
R/. Señor, ten piedad de nosotros.

 

·                Cristo Jesús, tú te entregaste a la muerte por nuestros pecados. Guarda nuestra fe y nuestro amor siempre vivos, para que contigo sirvamos a Dios y a nuestros hermanos.
R/. Cristo, ten piedad de nosotros.

 

·                Señor Jesús, vuestra vida consistió en hacer la voluntad de tu Padre. Haz que sintonicemos con el plan que Dios tiene sobre nosotros y sobre el mundo.
R/. Señor, ten piedad de nosotros.

 

Oh Dios Padre, danos la gracia de arrepentirnos sinceramente, y sé misericordioso con nosotros.
Conviértenos a ti y a nuestros hermanos y llévanos a la vida eterna.

 


Oración Colecta (Dos Opciones también)


1. Tentado en el Desierto


Oremos para que durante esta Cuaresma 
nos volvamos plenamente a Dios y a nuestros hermanos.
(Pausa)
Oh Dios de la Alianza de amor:
tú nos invitas a seguir a tu Hijo.
Mientras recordamos 
cómo fue conducido por el Espíritu al desierto,
que él abra nuestros ojos para ver 
las tierras yermas del mal
que hemos creado en nuestro mundo.
Ayúdanos a orar en soledad, 
a sentir nuestra hambre por todo lo bueno 
y a vencer nuestras tentaciones.
Que aprendamos de Jesús 
a creer en la Buena Noticia de Salvación
y a dar forma y a desarrollar 
tu reino de verdad, justicia 
y desinteresado y generoso amor.
Te lo pedimos en nombre de Jesús, el Señor.

2. Arrepiéntanse y Crean en la Buena Nueva de Salvación

Oremos para que estos cuarenta días de Cuaresma
sean para nosotros un tiempo de gracia.
(Pausa)
Dios de misericordia:
Tú nos otorgas los cuarenta días de Cuaresma
para que lleguemos a ser conscientes
del desierto de nuestro corazón.
Gracias por permitirnos acercarnos a ti
con una vida marcada por las cicatrices
de nuestras derrotas y fracasos
y las causadas por otros.
Sánanos, Señor, y perdónanos,
haznos de nuevo íntegros y sanos.
Danos la fuerza de Jesús,
para que seamos fieles a ti
y vivamos los unos para los otros. 
Te lo pedimos por medio de Jesucristo, nuestro Señor.

Primera Lectura (Gn 9,8-15)
: Alianza de Dios con Noé
Tenemos la promesa de Dios de que nunca destruirá la obra de sus manos. Su Alianza es firme, como nos recuerda el arco iris.

Segunda Lectura (1 Pedro 3,18-22):
 Uno con Cristo en el Bautismo
Para cristianos desalentados, Pedro escribe: Cristo también ha experimentado sufrimiento y muerte, pero resucitó. Ustedes son uno con él por el bautismo, y les salvará.

Evangelio (Mc 1,12-15): Arrepiéntanse y Crean
Jesús resume su misión en estas palabras: "Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Arrepiéntanse y crean en la Buena Nueva de Salvación". Él nos repite estas palabras a nosotros hoy.


Oración de los Fieles


Respondamos al llamado de Cristo nuestro Señor, que nos invita a arrepentirnos y a creer en la Buena Noticia de Salvación. Y digamos:


R/. Señor, escucha el grito de tu pueblo.

Por la comunidad de la Iglesia, para que permita que el Espíritu Santo la renueve siempre, rechace las tentaciones de poder y de codicia y lleve a todos la Buena Noticia del perdón de Dios, roguemos al Señor.


R/. Señor, escucha el grito de tu pueblo.

Por los que han dejado de practicar su fe, para que puedan encontrar el camino de regreso a la Iglesia, y vuelvan al Señor y a su evangelio, roguemos al Señor.


R/. Señor, escucha el grito de tu pueblo.

Por los que están confrontando decisiones importantes en su vida, para que escojan los caminos de la justicia y del amor, y para que en todo busquen la voluntad de Dios, roguemos al Señor.


R/. Señor, escucha el grito de tu pueblo.

Por los jóvenes y adultos que se están preparando para el bautismo, y por los que les ayudan en esa preparación, para que el Señor les dé paz y alegría, roguemos al Señor.


R/. Señor, escucha el grito de tu pueblo.

Por los que están atravesando desiertos de sufrimiento, decepciones y fracasos, para que el Espíritu Santo les dé fortaleza para superar sus problemas, roguemos al Señor.


R/. Señor, escucha el grito de tu pueblo.

Señor, Dios nuestro, toca el corazón de todos y cada uno de nosotros para hacernos volver totalmente a ti y para vivir la Buena Noticia de Jesucristo, nuestro Señor. 


Oración de Ofertorio

 

Oh Dios y Padre nuestro:
Este pan y este vino que te presentamos
proceden de tus manos generosas
y , en esta eucaristía, 
nos los entregarás una vez más 
como pan y bebida de vida eterna.
Tómanos también a nosotros; 
acéptanos tal como somos; 
pero no nos dejes acabar este banquete 
sin habernos transformado más todavía
según la imagen y semejanza de Jesús, 
Hijo tuyo y hermano nuestro. 
Te lo pedimos en nombre de Jesús, el Señor.


Introducción a la Plegaria Eucarística
Durante la Cuaresma podemos usar siempre las Plegarias Eucarísticas de Reconciliación. Con Jesús entre nosotros ¿qué tenemos que temer? Alabemos y demos gracias a nuestro Padre por darnos a su Hijo Jesús, el Señor.

Introducción al Padrenuestro
Movidos por el Espíritu de Jesús, 
pidamos al Padre de todos
que nos dé la fortaleza necesaria
para resistir a todas las tentaciones 
de codicia, poder y auto-engreimiento.
R/. Padre nuestro… 


Líbranos, Señor


Líbranos, Señor, de la tentación
de seguir con nuestras viejas actitudes egoístas, 
ya que ellas nos llevan sólo al mal del pecado.
Haznos fuertes en las pruebas de la vida 
y confírmanos en la alegría 
de saber que tú nos amas y aceptas
y que confías en nosotros
para preparar con esperanza 
la gloriosa venida de nuestro Salvador, Jesucristo.
R/. Tuyo es el reino… 

Invitación a la Comunión
Éste es Jesucristo, el Señor, 
que experimentó nuestras pruebas y tentaciones 
para hacernos libres para Dios 
y los unos para los otros.
Dichosos nosotros de recibirle
como nuestro ánimo y alegría. 
R/. Señor, no soy digno…


Oración después de la Comunión


Oh Dios nuestro, siempre amable y paciente:
Te damos gracias por Jesús, tu Hijo.
Él nos ha dirigido palabras de paz, ánimo y perdón. 
Él se ha entregado a nosotros como nuestro alimento.
Qué él sea nuestro compañero al caminar,
para que no tropecemos ni caigamos, 
sino que nos conduzca a través de pruebas y deslices 
por caminos de conversión hacia ti y hacia los hermanos.
Y que ojalá nosotros nos apoyemos mutuamente 
con el poder de Jesucristo nuestro Señor.

Bendición:
Hermanos: En esta eucaristía hemos celebrado 
la Alianza de Dios con nosotros 
en la que entramos por medio del bautismo.
Pero no olvidemos nunca 
que su vínculo nos compromete también 
a entregarnos a nuestros hermanos y hermanas. 
Somos responsables unos de otros.
Que no haya una necesidad que quede desapercibida,
que no haya un grito que caiga en oídos sordos, 
que no haya una mano de nuestros hermanos 
que se nos tienda en vano.
Quizás la conversión que más necesitamos es
descubrir a nuestro prójimo y volvernos a él. 
Que el Señor nos ayude.
Y para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, 
Padre, Hijo y Espíritu Santo
descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.

 

 

REFLEXIÓN CIUDAD REDONDA

 

Nos saluda el primer domingo de la Cuaresma de este año 2024. Y lo hace con el final del diluvio y con el desierto. Porque todos los años el primer domingo de Cuaresma nos vamos al desierto con Jesús, a verle superar las tentaciones.

El amor de Dios a la humanidad es eterno. Al final del diluvio, se presenta el nuevo mundo, con la garantía de que Dios no volverá a destruirlo. La familia, la naturaleza, todo adquiere un nuevo color, a la luz del amor de Dios. A pesar de las dificultades. A pesar de que no todo va como debería. Dios es fiel, guarda siempre su alianza.

El desierto, por su parte, es el lugar de discernimiento, formación y maduración. En el silencio, podemos pensar en lo que Dios quiere para cada uno. Fue en el desierto donde el pueblo de Dios tomó conciencia de que eran los elegidos por el Señor. Cuarenta años de éxodo, de pruebas, de luchas y problemas, para salir fortalecidos y unidos.

Después del desierto, el mismo Jesús, tras la prueba, se dirige a Galilea, para comenzar su anuncio de salvación: el anuncio del Reino de Dios. Todo después de que arrestaran a Juan Bautista. Desde el comienzo, el martirio presente. Desde el comienzo, están presentes las tentaciones. Y ni esa dimensión martirial, ni la amenaza del demonio desaparecen durante toda la vida de Jesús. Le acompañan permanentemente, como nos acompañan a nosotros. Pecado y esperanza, muerte y vida caminando de la mano, para que podamos optar.

Recuerdo la homilía de uno de mis profesores en el Seminario. Él nos recordó que, durante la celebración de la Vigilia Pascual, cuando llegue el momento, se nos harán unas preguntas. No es un interrogatorio ante el juez; y tampoco es un examen como los que hacíamos en el colegio o en la Universidad. En realidad, cuando consultas el Misal Romano, ves que son unas preguntas muy fáciles de responder. Pero, a la vez, muy difíciles, porque te obligan a tomar una postura concreta ante la vida, si respondes con sinceridad. Conocemos las preguntas y lo que hay que responder. A todas las preguntas se responde con un “sí”. Lo que cambia es el verbo que se añade en cada caso. A las tres primeras, el verbo “creo”. A las tres últimas, el verbo “renuncio”. Sí, creo y sí, renuncio.

¿Hay algo más fácil y, a la vez, más difícil de responder? ¿Creo de verdad en Dios Padre? Ésa es la primera pregunta. Y sigue el ritual, ¿creo de verdad en Jesucristo? ¿Creo en el Espíritu Santo? ¿Hasta qué punto puedo decir que confío en Dios, que pongo mi vida en sus manos? ¿Quién es Jesús para mí de verdad, vivo para Él, es el faro de mi vida? ¿Siento que el Espíritu Santo me va llevando, creo de verdad que es mi luz, que Él me orienta en los momentos de dificultad? Aquí ya hay motivo para la reflexión.

Lo mismo puede decirse de las renuncias. A Satanás, a sus obras y a sus seducciones. Decir que “sí” es fácil. Como elegir entre el bien y el mal, entre la vida y la muerte (cfr. Dt 30, 15). No hay que pensar mucho. Vivir conforme a la palabra dada, no tanto. Hay que renovar la elección cada día. Sin perder de vista al modelo, Jesucristo. Otro punto para pensar.

Si vemos la Cuaresma mirando al final, desde esta perspectiva, entonces tenemos cuarenta días para orar, meditar y preparar nuestras respuestas. En la noche de Pascua, el treinta y uno de marzo, podremos decir con más conocimiento “sí, creo” y “sí, renuncio”. Cada uno, según sus capacidades, su madurez humana y religiosa en ese momento.

A esto nos invita Jesús en el Evangelio. Es a lo que se nos invitaba el Miércoles de Ceniza, cuando se nos dijo “convertíos y creed en el Evangelio”. El testimonio de Cristo nos ayuda. Él, que superó la prueba, nos invita a mirarlo, a seguirlo y volvernos a Dios, acogiendo esa Buena Nueva.

Desde pequeñitos, la mayoría sabemos en qué se concreta la llamada de la Iglesia durante la Cuaresma: oración, ayuno y limosna. Tres lados de un mismo triángulo, que se apoyan el uno en los otros. Orar, sobre todo con la Palabra de Dios. Darle a esa Palabra cada día un tiempo noble, digno, para meditarla. Las lecturas de la Misa de cada día, o la Biblia, por ejemplo, leyendo el Evangelio de Marcos, el de este ciclo, llenarnos de su mensaje y orar con esas palabras de vida. Así aprendemos también a creer en la Buena Noticia.

Ayunar, para el hombre moderno, quizá no sea sólo privarse de algún alimento. Si no nos obliga el colesterol, puede que lo haga el deseo de adelgazar o las modas, o simplemente el deseo de vernos mejor. Para el cristiano del siglo XXI, puede ser bueno ayunar un poco de televisor, de revistas, de alguna compra innecesaria, del móvil… Puede que sea interesante revisar algunos afectos desordenados, que nos atan, también.

En cuanto a la limosna, es bueno pensar a quién puedo ayudar con lo que me he ahorrado de comida o de compras. Y pensar en qué puedo usar ese tiempo que he ahorrado al ver menos series o perder menos tiempo con el teléfono móvil. Ese dinero y ese tiempo se pueden consagrar a los que están muy necesitados de pan o de cercanía. Y, si las fuerzas no nos dan para ser voluntarios, pues a rezar tocan por los necesitados.

De esta manera, el triángulo oración – ayuno – limosna estará completo, e iremos dando pasos en la buena dirección, para responder con más seguridad y mejor conciencia a las preguntas que nos hará el presidente de la celebración en la noche de la Vigilia Pascual.

 

 


 

EVANGELIO

 

Se dejaba tentar por Satanás, y los ángeles le servían.

 

+ Comienzo del santo evangelio según San Marcos 1,12-15

 

En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto.

 

Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas, y los ángeles le servían.

 

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía:

 

- «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.»

 

Palabra de Dios.

 

 

 

 

ENTRE CONFLICTOS Y TENTACIONES

 

Antes de comenzar a narrar la actividad profética de Jesús, Marcos nos dice que el Espíritu lo impulsó hacia el desierto. Se quedó allí cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas y los ángeles le servían. Estas breves líneas son un resumen de las tentaciones o pruebas básicas vividas por Jesús hasta su ejecución en la cruz.

 

Jesús no ha conocido una vida fácil ni tranquila. Ha vivido impulsado por el Espíritu, pero ha sentido en su propia carne las fuerzas del mal. Su entrega apasionada al proyecto de Dios le ha llevado a vivir una existencia desgarrada por conflictos y tensiones. De él hemos de aprender sus seguidores a vivir en tiempos de prueba.

 

«El Espíritu empuja a Jesús hacia el desierto»

 

No lo conduce a una vida cómoda. Lo lleva por caminos de pruebas, riesgos y tentaciones. Buscar el reino de Dios y su justicia, anunciar a Dios sin falsearlo, trabajar por un mundo más humano es siempre arriesgado. Lo fue para Jesús y lo será para sus seguidores.

 

«Se quedó en el desierto cuarenta días»

 

El desierto será el escenario por el que transcurrirá la vida de Jesús. Este lugar inhóspito y nada acogedor es símbolo de pruebas y dificultades. El mejor lugar para aprender a vivir de lo esencial, pero también el más peligroso para quien queda abandonado a sus propias fuerzas.

 

«Tentado por Satanás»

 

Satanás significa «el adversario, la fuerza hostil a Dios y a quienes trabajan por su reinado. En la tentación se descubre qué hay en nosotros de verdad o de mentira, de luz o de tinieblas, de fidelidad a Dios o de complicidad con la injusticia.

 

A lo largo de su vida, Jesús se mantendrá vigilante para descubrir a «Satanás» en las circunstancias más inesperadas. Un día rechazará a Pedro con estas palabras: «Apártate de mí, Satanás, porque tus pensamientos no son los de Dios». Los tiempos de prueba los hemos de vivir, como él, atentos a lo que nos puede desviar de Dios.

 

«Vivía entre alimañas y los ángeles le servían»

 

Las fieras, lo seres más violentos de la tierra, evocan los peligros que amenazarán a Jesús. Los ángeles, los seres más buenos de la creación, sugieren la cercanía de Dios, que lo bendice, cuida y sostiene. Así vivirá Jesús: defendiéndose de Antipas, al que llama «zorro», y buscando en la oración de la noche la fuerza del Padre.

 

Hemos de vivir estos tiempos difíciles con los ojos fijos en Jesús. Es el Espíritu de Dios el que nos está empujando hacia el desierto. De esta crisis saldrá un día una Iglesia más humana y más fiel a su Señor.

 

 

EMPUJADOS AL DESIERTO

 

El Espíritu empujó a Jesús al desierto.

 

Marcos presenta la escena de Jesús en el desierto como un resumen de su vida. Señalo algunas claves. Según el evangelista, «el Espíritu empuja a Jesús al desierto». No es una iniciativa suya. Es el Espíritu de Dios el que lo desplaza hasta colocarlo en el desierto: la vida de Jesús no va a ser un camino de éxito fácil; más bien le esperan pruebas, inseguridad y amenazas.

 

Pero el «desierto» es, al mismo tiempo, el mejor lugar para escuchar, en silencio y soledad, la voz de Dios. El lugar al que hay que volver en tiempos de crisis para abrirle caminos al Señor en el corazón del pueblo. Así se pensaba en la época de Jesús.

 

En el desierto, Jesús «es tentado por Satanás». Nada se dice del contenido de las tentaciones. Sólo que provienen de «Satanás», el Adversario que busca la ruina del ser humano destruyendo el plan de Dios. Ya no volverá a aparecer en todo el evangelio de Marcos. Jesús lo ve actuando en todos aquellos que lo quieren desviar de su misión, incluido Pedro.

 

El breve relato termina con dos imágenes en fuerte contraste: Jesús «vive entre fieras», pero «los ángeles le sirven». Las «fieras», los seres más violentos de la creación, evocan los peligros que amenazarán siempre a Jesús y su proyecto. Los «ángeles», los seres más buenos de la creación, evocan la cercanía de Dios que bendice, cuida y defiende a Jesús y su misión.

 

El cristianismo está viviendo momentos difíciles. Siguiendo los estudios sociológicos, nosotros hablamos de crisis, secularización, rechazo por parte del mundo moderno… Pero tal vez, desde una lectura de fe, hemos de decir algo más: ¿No será Dios quien nos está empujando a este «desierto»? ¿No necesitábamos algo de esto para liberarnos de tanta vanagloria, poder mundano, vanidad y falsos éxitos acumulados inconscientemente durante tantos siglos? Nunca habríamos elegido nosotros estos caminos.

 

Esta experiencia de desierto, que irá creciendo en los próximos años, es un tiempo inesperado de gracia y purificación que hemos de agradecer a Dios. El seguirá cuidando su proyecto. Sólo se nos pide rechazar con lucidez las tentaciones que nos pueden desviar una vez más de la conversión a Jesucristo.

 

 

CÓMO SERÍA LA VIDA

 

Creed la Buena Noticia.

 

Propiamente, Jesús no enseñó una «doctrina religiosa» para que sus discípulos la aprendieran y difundieran correctamente. Jesús anuncia, más bien, un «acontecimiento» que pide ser acogido, pues lo puede cambiar todo. Ello está ya experimentando: «Dios se está introduciendo en la vida con su fuerza salvadora. Hay que hacerle sitio».

 

Según el evangelio más antiguo, Jesús «proclamaba esta Buena Noticia de Dios: se ha cumplido el plazo. Está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed la Buena Noticia». Es un buen resumen del mensaje de Jesús: «Se avecina un tiempo nuevo. Dios no quiere dejamos solos frente a nuestros problemas y desafíos. Quiere construir junto a nosotros una vida más humana. Cambiad de manera de pensar y de actuar. Vivid creyendo esta buena noticia».

 

Todos los expertos piensan hoy que esto que Jesús llama «reino de Dios» es el corazón de su mensaje y la pasión que alentó toda su vida. Lo sorprendente es que Jesús nunca explica directamente en qué consiste el «reino de Dios». Lo que hace es sugerir en parábolas inolvidables cómo actúa Dios y cómo sería la vida si hubiera gente que actuara como él.

 

Para Jesús, el «reino de Dios» es la vida tal como la quiere construir Dios. Ése era el fuego que llevaba dentro: ¿cómo sería la vida en el Imperio si en Roma reinara Dios y no Tiberio?, ¿cómo cambiarían las cosas si se imitara, no a Tiberio que sólo buscaba poder, riqueza y honor, sino a Dios que pide justicia y compasión para los últimos?

 

¿Cómo sería la vida en las aldeas de Galilea si en Tiberíades reinara Dios y no Antipas?, ¿cómo cambiaría todo si la gente se pareciera, no a los grandes terratenientes que explotaban a los campesinos, sino a Dios que los quiere ver comiendo y no de hambre?

 

Para Jesús el reino de Dios no es un sueño. Es el proyecto que Dios quiere llevar adelante en el mundo. El único objetivo que han de tener sus seguidores. ¿Cómo sería la Iglesia si se dedicará sólo a construir la vida tal como la quiere Dios, no como la quieren los amos del mundo?, ¿cómo seríamos los cristianos si viviéramos convirtiéndonos al reino de Dios?, ¿cómo lucharíamos por el «pan de cada día» para todo ser humano?, ¿cómo gritaríamos «Venga tu reino»?

 

 

 

CONVERTIRSE HACE BIEN

 

Convertíos y creed la Buena Noticia.

 

La llamada a la conversión evoca casi siempre en nosotros el recuerdo del esfuerzo exigente y el desgarrón propio de todo trabajo de renovación y purificación. Sin embargo, las palabras de Jesús: «Convertíos y creed en la Buena Noticia», nos invitan a descubrir la conversión como paso a una vida más plena y gratificante.

 

El evangelio de Jesús nos viene a decir algo que nunca hemos de olvidar: «Es bueno convertirse. Nos hace bien. Nos permite experimentar un modo nuevo de vivir, más sano, más gozoso». Alguno se preguntará: Pero, ¿cómo vivir esa experiencia?, ¿qué pasos dar?

 

Lo primero es pararse. No tener miedo a quedarnos a solas con nosotros mismos para hacemos las preguntas importantes de la vida: ¿Quién soy yo? ¿Qué estoy haciendo con mi vida? ¿Es esto lo único que quiero vivir?

 

Este encuentro con uno mismo exige sinceridad. Lo importante es no seguir engañándose por más tiempo. Buscar la verdad de lo que estamos viviendo. No empeñamos en ocultar lo que somos y en parecer lo que no somos.

 

Es fácil que experimentemos entonces el vacío y la mediocridad. Aparecen ante nosotros actuaciones y posturas que están arruinando nuestra vida. No es esto lo que hubiéramos querido. En el fondo, deseamos vivir algo mejor y más gozoso.

 

Descubrir cómo estamos dañando nuestra vida no tiene por qué hundimos en el pesimismo o la desesperanza. Esta conciencia de pecado es saludable. Nos dignifica y nos ayuda a recuperar la autoestima personal. No todo es malo y ruin en nosotros. Dentro de cada uno está operando siempre una fuerza que nos atrae y empuja hacia el bien, el amor y la bondad.

 

La conversión nos exigirá, sin duda, introducir cambios concretos en nuestra manera de actuar. Pero la conversión no consiste en esos cambios. Ella misma es el cambio. Convertirse es cambiar el corazón, adoptar una postura nueva en la vida, tomar una dirección más sana.

 

Todos, creyentes y no creyentes, pueden dar los pasos hasta aquí evocados. La suerte del creyente es poder vivir esta experiencia abriéndose confiadamente a Dios. Un Dios que se interesa por mí más que yo mismo, para resolver no mis problemas sino «el problema», esa vida mía mediocre y fallida que parece no tener solución. Un Dios que me entiende, me espera, me perdona y quiere yerme vivir de manera más plena, gozosa y gratificante.

 

Por eso el creyente vive su conversión invocando a Dios con las palabras del salmista: «Ten misericordia de mí, oh Dios según tu bondad. Lávame afondo de mi culpa, limpia mi pecado. Crea en mí un corazón limpio. Renuévame por dentro. Devuélveme la alegría de tu salvación» (Salmo 50). La Cuaresma puede ser un tiempo decisivo para iniciar una vida nueva.

 

 

DIOS SIGUE CERCA

 

Convertíos y creed la Buena Noticia.

 

Un día la fe cristiana llegó hasta nosotros y fue acogida con gozo por nuestros antepasados. Durante siglos, Jesucristo ha sido para muchos el mejor estímulo y la fuerza más vigorosa para vivir con sentido. Hoy, sin embargo, son bastantes los que no aciertan a descubrir su valor. Poco a poco, Jesucristo va siendo olvidado.

 

Es cierto. Hoy se discute todo. Nada parece tener un valor decisivo. Ideales, filosofías, valores, religiones..., todo queda sometido a los intereses prácticos del vivir diario. Pero, una vez cuestionado todo, queda un problema que cada uno ha de resolver: hay que acertar en la vida, y no es tan fácil encontrar el camino. Jesucristo puede ser el estímulo más poderoso y la esperanza más firme para vivir, amar, crear, sufrir y morir de manera acertada.

 

A lo largo de estos años hemos cambiado mucho por dentro. Nos hemos hecho más críticos y escépticos, pero también más frágiles y menos consistentes interiormente. No nos resulta fácil creer, pero es difícil no creer. La vida no se hace más llevadera ni más humana sólo con dejar de lado a Dios. Olvidar a Jesucristo no significa tener más energía ni más resortes para vivir.

 

Pero, ¿es posible reaccionar cuando uno ha vivido muchos años sumido en la indiferencia y el desinterés?, ¿qué pasos se pueden dar para superar prejuicios, dudas e interrogantes?, ¿cómo creer sinceramente en Dios cuando uno se siente tan lejos de aquel «mundo religioso» que conoció de niño? Tal vez, lo primero es recordar que Dios no está lejos de nadie. Todo hombre o mujer, el más indiferente, el más mediocre, el más incrédulo vive envuelto por su amor insondable. Dios siempre se deja encontrar por quien lo busca con sincero corazón.

 

La cuaresma es un tiempo oportuno para escuchar la llamada de Jesús: «Convertíos y creed la Buena Noticia de Dios». Dios sigue cerca. Es bueno confiar en Él. Dios es el más interesado en que vivamos de manera más digna y dichosa.

 

 

NO ES FÁCIL

 

… a proclamar el Evangelio de Dios.

 

Cuando me meto en la piel de un hombre o de una mujer que vive fuera de la Iglesia y quiere conocer a Cristo y su evangelio, me doy cuenta de que no lo tiene fácil. Si no tiene la suerte de encontrarse con un creyente que vive su fe de manera convencida y gozosa, le resultará difícil captar toda la fuerza, el vigor y la esperanza que Cristo puede aportar a la vida. ¿Por qué digo esto?

 

Tal como aparece hoy en la sociedad, lo religioso se le va a presentar muchas veces como algo «anacrónico» que, quizás tuvo sentido en otras épocas o culturas, pero que no pertenece a nuestros días. Las ceremonias religiosas que va a ver en la televisión o el lenguaje eclesiástico que habitualmente va a escuchar le pueden llevar a preguntarse: «,A qué viene todo esto?, ¿hay que vestirse así, hacer estos ritos o hablar de esa manera para relacionarse con Dios o vivir el evangelio de Cristo?»

 

No es sólo esto. Lo religioso se le puede presentar también como algo «autoritario». Un mundo en el que se imponen verdades y dogmas que hay que aceptar aunque no se entiendan. Una institución que prohíbe y censura cosas que, en principio a uno le parecen sanas. Surgirá entonces la pregunta: «¿Cómo voy a aceptar algo que se me trata de imponer de forma autoritaria?»

 

Puede tener también la impresión de que en las instituciones religiosas hay «miedo» al avance de la ciencia, al progreso de las ideas y a los cambios sociales. Incluso puede llegar a sospechar que lo religioso, tal como a veces es presentado y vivido, está contra la vida. ¿Cómo percibir entonces a ese Cristo que vino para que los hombres «tengan vida y la tengan en abundancia» (Juan 10, 10)?

 

No es el momento de analizar lo que hay de injusto o verdadero en esta visión de lo religioso, lo que es deformación de la realidad o pecado de la Iglesia. Lo cierto es que a través de esta percepción de lo religioso, es casi imposible que una persona llegue a descubrir la luz y la fuerza que Cristo puede infundir a la existencia.

 

Según Marcos, Jesús «proclamaba la Buena Noticia de Dios» (Marcos 1, 14). Para muchos que sólo conocen lo religioso «desde fuera», la verdadera oportunidad de entrar en contacto con «lo cristiano» y descubrir a ese Dios es encontrarse con hombres y mujeres en cuya vida se pueda ver con claridad que creer en Dios hace bien, pues da fuerza para vivir y esperanza para morir.

 

 

DIFICIL

 

Convertíos.

 

Hubo un tiempo en que era peligroso confesarse cristiano. Podía significar, incluso, ser condenado a muerte. La persecución ha acompañado a menudo a los cristianos. Los mártires son creyentes que han confesado su fe con su sangre.

 

Ha habido, por el contrario, tiempos en que ser cristiano era ventajoso. Significaba prestigio y hasta trato privilegiado por parte de las autoridades y de la misma sociedad. La condición de cristiano era una especie de «status» social, no esfuerzo de fidelidad al evangelio.

 

Hoy, ser cristiano, más que peligroso o ventajoso, es sencillamente difícil. Sin duda, siempre es peligroso ser auténticamente cristiano; también en nuestros días puede entrañar riesgos. Y siempre existe la tentación de acogerse a situaciones de privilegio allí donde la Iglesia tiene poder social. Pero lo propio de nuestros tiempos está en la «dificultad» de ser cristiano.

 

Según Raimon Paníkkar a quien sigo de cerca en esta reflexión, el «peligro» para el cristiano suele venir, en general, de fuera; son las fuerzas hostiles a la Iglesia las que desarrollan la persecución. El «privilegio» suele ser consecuencia de un estado de compromiso entre el cristianismo y los que detentan el poder. La «dificultad actual» del cristiano proviene de dentro de sí mismo y de dentro de la misma Iglesia.

 

Ser cristiano es difícil porque cuesta vivir las bienaventuranzas y ser fiel al evangelio. La dificultad está dentro de nosotros, en nuestra resistencia a seguir la voz del Espíritu, que nos llama siempre a una vida más digna y más plena. Es más fácil «rebajar» el cristianismo y adaptarlo a nuestra vida mediocre.

 

La dificultad está también en que, muchas veces, el cristiano no recibe de los demás creyentes apoyo y aliento para vivir su fe de manera auténtica. La iglesia no aparece como modelo evangélico; no inspira ni alienta; más bien, decepciona. Resulta más fácil entonces olvidar el evangelio y acomodarse a la rutina general.

 

Según Panikkar, en los momentos en que se hace peligroso ser cristiano, es necesario ejercitar la virtud de la fortaleza. Cuando, por el contrario, resulta un privilegio, lo que se requiere es humildad. Hoy, para superar la dificultad de ser cristiano, se precisa obediencia al Espíritu.

 

El pensador catalán recuerda, con toda la tradición cristiana, que saber obedecer significa saber escuchar bien (ob-audire). Mantener despierto el oído interior; conservar limpio el corazón; estar atento a la voz de la propia responsabilidad. En el fondo, ser cristiano o no, es un asunto que se juega en nuestra capacidad de obedecer a la llamada de Cristo: «convertíos porque está cerca el Reino de Dios.» Cambiad porque un Dios cercano quiere reinar en vuestra vida.

 

 

CONVERTIRSE HACE BIEN

 

Convertíos y creed la Buena Noticia.

 

La llamada a la conversión evoca casi siempre en nosotros el recuerdo del esfuerzo exigente y el desgarrón propios de todo trabajo de renovación y purificación. Sin embargo, las palabras de Jesús: “Convertíos y creed en la Buena Noticia”, nos invitan a descubrir la conversión como paso a una vida más plena y gratificante.

 

El evangelio de Jesús nos viene a decir algo que nunca hemos de olvidar: “Es bueno convertirse. Nos hace bien. Nos permite experimentar un modo nuevo de vivir, más sano, más gozoso”. Alguno se preguntará: Pero, ¿cómo vivir esa experiencia?, ¿qué pasos dar?

 

Lo primero es pararse. No tener miedo a quedarnos a solas con nosotros mismos para hacernos las preguntas importantes de la vida: ¿Quién soy yo? ¿Qué estoy haciendo con mi vida? ¿Es esto lo único que quiero vivir?

 

Este encuentro consigo mismo exige sinceridad. Lo importante es no seguir engañándose por más tiempo. Buscar la verdad de lo que estamos viviendo. No empeñarnos en ocultar lo que somos y en parecer lo que no somos.

 

Es fácil que experimentemos entonces el vacío y la mediocridad. Aparecen ante nosotros actuaciones y posturas que están arruinando nuestra vida. No es esto lo que hubiéramos querido. En el fondo, deseamos vivir algo mejor y más gozoso.

 

Descubrir cómo estamos dañando nuestra vida no tiene por qué hundirnos en el pesimismo o la desesperanza. Esta conciencia de pecado es saludable. Nos dignifica y nos ayuda a recuperar la autoestima personal. No todo es malo y ruin en nosotros. Dentro de cada uno está operando siempre una fuerza que nos atrae y empuja hacia el bien, el amor, la bondad.

 

La conversión nos exigirá, sin duda, introducir cambios concretos en nuestra manera de actuar. Pero la conversión no consiste en esos cambios. Ella misma es el cambio. Convertirse es cambiar el corazón, adoptar una postura nueva en la vida, tomar una dirección más sana.

 

Todos, creyentes y no creyentes, pueden dar los pasos hasta aquí evocados. La suerte del creyente es poder vivir esta experiencia abriéndose confiadamente a Dios. Un Dios que se interesa por mí más que yo mismo, para resolver no mis problemas sino “el problema”, esa vida mía mediocre y fallida que parece no tener solución. Un Dios que me entiende, me espera, me perdona y quiere yerme vivir de manera más plena, gozosa y gratificante.

 

Por eso el creyente vive su conversión invocando a Dios con las palabras del salmista: “Ten misericordia de mí, oh Dios, según tu bondad. Lávame a fondo de mi culpa, limpia mi pecado. Crea en mí un corazón limpio. Renuévame por dentro. Devuélveme la alegría de tu salvación” (Salmo 50).

 

Esta Cuaresma puede ser para ti un tiempo decisivo para iniciar una vida nueva.

 

 

SEDUCCIÓN

 

Se quedó en el desierto.

 

Acabo de leer el apasionante estudio de Gilles Lipovetsky sobre la sociedad posmoderna, que lleva por título «La era del vacío “.

 

Según el prestigioso sociólogo de Grenoble, uno de los rasgos característicos del momento actual es el clima de seducción que parece impregnar cada vez más la vida contemporánea.

 

La seducción ya no es algo que se produce sólo en las relaciones interpersonales, sino que se va convirtiendo en un elemento que tiende a regular el consumo, la organización de la vida, la educación, las costumbres.

 

La profusión de productos y la necesidad de captar al posible comprador ha llevado a la publicidad a extremar la estrategia de la seducción por medio de ofertas cada vez más tentadoras, imágenes más excitantes, voces aterciopeladas.

 

Las relaciones autoritarias dejan paso a relaciones de seducción. Los jefes se han de mostrar cercanos y cordiales. La disciplina es sustituida por un estilo cálido y sugerente. La educación, antes autoritaria, se vuelve más permisiva y atenta a los deseos de los niños y adolescentes.

 

Crece por todas partes el deseo de crear un clima más tranquilo y seductor. Se trabaja con hilo musical, se conduce escuchando el estéreo, se oye música desde la mañana a la noche como si el individuo tuviera necesidad de vivir transportado y envuelto en un ambiente relajado.

 

El mismo lenguaje pretende crear un mundo suave y tolerante. Ya no hay ciegos y lisiados, sino invidentes y minusválidos. Los viejos se han convertido en “personas de la tercera edad». El aborto es solamente «una interrupción voluntaria del embarazo».

 

Sin duda, es fácil detectar en este “fenómeno posmoderno» el deseo y la necesidad de humanizar la dureza de la vida moderna introduciendo un aire más cálido, cordial y tolerante.

 

Pero, como advierte con lucidez G. Lipovetsky, esta sociedad seductora está generando un hombre de voluntad débil, seducido por toda clase de cebos y reclamos, esclavo de mil impulsos y deseos cambiantes.

 

Cada vez son más los que viven “a la carta», confeccionándose su propio menú según las apetencias del momento, en una búsqueda interminable de sí mismos, sin saber exactamente dónde enraizar su existencia.

 

Sin embargo, una vida digna de este nombre exige con frecuencia no ceder a seducciones que pueden destruirnos como personas. La figura de Jesús enfrentándose a la tentación sigue siendo también hoy una llamada que nos interpela.

 

 

 

 

ANTE EL VACIO MORAL

 

Convertíos y creed la Buena Noticia.

 

Los obispos del País Vasco acaban de escribir una Carta Pastoral que, probablemente, no saltará a las primeras páginas de los periódicos como en tantas otras ocasiones.

 

Su contenido no interesará esta vez a los que buscan sensacionalismos fáciles que distraigan a las gentes. Sin embargo, su llamada lúcida y responsable a «recuperar el sentido moral» será acogida con gozo por todos aquellos que anhelan honradamente una sociedad más humana.

 

Los obispos nos ayudan a detectar en sus mismas raíces una crisis más grave que la económica. Una «crisis moral» que, en ocasiones, llega a ser un auténtico «vacío ético».

 

Son muchos los que, a pesar de su buena fe, viven desorientados, sin saber qué valor atribuir a los criterios morales tradicionales y cómo responder concretamente a esa llamada que hay en todo hombre a ihacer el bien y evitar el mal».

 

No se trata solamente de la crisis individual de una persona o de otra. Es una crisis cultural más profunda que tiene sus raíces en la pérdida del sentido mismo del hombre.

 

En la cultura moderna ya no se sabe cómo responder a las preguntas más fundamentales que nacen de lo hondo del corazón humano. ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Cuál es mi destino? ¿Por qué y para qué vivo?

 

Cuando el hombre no es capaz de responder a estas preguntas, difícilmente puede contestar a esta otra que está en la base misma del comportamiento moral. ¿Cómo he de vivir? ¿Qué es lo que debo hacer? No hemos de extrañarnos del «vacío moral» en que viven muchos. Si el hombre no sabe lo que es, difícilmente podrá saber cómo debe actuar.

 

El hombre moderno ha ido perdiendo el sentido de Dios, pero esta pérdida de fe religiosa no le ha hecho más humano. Al contrario, al perder a Dios como sentido último de su vida, se le ha oscurecido su propia identidad y ha ido cayendo en un vacío moral que lo va deshumanizando más y más. Resulta cada vez más inquietante la pregunta de A. Malraux: «En un mundo en el qüe Dios ha muerto, ¿podrá el hombre sobrevivir»?

 

Desde el interior mismo de esta crisis cultural, los obispos del País Vasco nos invitan con lucidez y convicción a descubrir en Jesucristo «qué es ser hombre y vivir como hombre».

 

Su palabra no es «una receta moral» para ser aplicada infantilmente en cada caso. Es una llamada a responder desde lo más hondo de nuestro ser al Dios de Jesucristo, descubriendo en las exigencias de la moral cristiana una invitación a vivir la vida en toda su plenitud.

 

Su Carta Pastoral es un eco del grito de Jesús que escuchamos al comienzo de la cuaresma: «Convertíos y creed la Buena Noticia». La conversión no anula. La moral no deshumaniza. Dios sigue siendo Buena Noticia para quien anhela vivir como hombre.

 

 

ES POSIBLE CAMBIAR

 

Convertíos y creed la buena noticia.

 

Podemos decir que todo el mensaje de Jesús es una llamada al cambio. Algo nuevo se ha puesto en marcha con su venida. Dios esta cerca. Su reinado de justicia, libertad y fraternidad comienza a abrirse camino entre los hombres. Desde ahora mismo, hay que creer en esta buena noticia. Hay que reaccionar y vivir de manera nueva, como hijos de un mismo Padre, como hermanos de todos los hombres.

 

Se nos pide dar un paso decisivo. Creer desde el fondo de nuestro ser que somos hijos de un Padre, y que nuestra felicidad y nuestro último destino es vivir como hermanos.

 

No se trata de corregir un determinado defecto o arrepentimos de un pecado concreto. Se nos invita a pasar de la increencia a la fe, de la pereza a la decisión, de la soledad a la amistad con Dios, del egoísmo al amor, de la defensa de mi pequeña felicidad a la solidaridad más radical.

 

Se nos llama a despertar todas las posibilidades que se encierran en cada uno de nosotros. Se nos anima a reavivar la capacidad de generosidad, desinterés y fraternidad adormecidas quizás en nuestro ser.

 

A veces los cristianos hemos olvidado que la fe es una llamada a crecer como hombres, un estímulo a crear siempre una vida más humana. Dietrich Bonhoeffer combatía apasionadamente esa religión estéril y vacía de quienes se conforman con cualquier injusticia propia o ajena, porque, en definitiva, ya se han resignado hace tiempo, y viven esta vida sólo con la mitad de su corazón.

 

Siempre nuestra vida puede volver a empezar. Nunca estamos perdidos del todo. Podemos conocer de nuevo la alegría interior. Somos capaces de volver a amar con desinterés.

 

Sólo es necesario escuchar la llamada del Dios vivo que está resonando ya en nuestro «hombre interior», es decir, en esa capacidad de escucha y de respuesta que llevamos todos en nosotros mismos, quizás sin sospecharla apenas.

 

Los hombres y mujeres que escuchan esta llamada comprenden que ya no podrán vivir como antes. Ese Dios que no era hasta entonces sino un desconocido o una amenaza, se les ha desvelado.

 

Ahora saben algo nuevo y que hoy ya apenas nadie sospecha. Que Dios es fuerza y alegría para el hombre. Que Dios es la mejor noticia que un hombre puede escuchar.  

 

 

 

NO DESVIARNOS DE JESÚS

 

Las primeras generaciones cristianas se interesaron mucho por las pruebas que tuvo que superar Jesús para mantenerse fiel a Dios y para vivir siempre colaborando en su proyecto de una vida más humana y digna para todos.

 

El relato de las tentaciones de Jesús no es un episodio aislado que acontece en un momento y en un lugar determinados. Lucas nos advierte que, al terminar estas tentaciones, "el diablo se alejó de él hasta el momento oportuno". Las tentaciones volverán en la vida de Jesús y en la de sus seguidores.

 

Por eso, los evangelistas colocan el relato antes de narrar la actividad profética de Jesús. Sus seguidores han de conocer bien estas tentaciones desde el comienzo, pues son las mismas que ellos tendrán que superar a lo largo de los siglos, si no quieren desviarse de él.

 

En la primera tentación se habla de pan. Jesús se resiste a utilizar a Dios para saciar su propia hambre: "No solo de pan vive el hombre". Lo primero para Jesús es buscar el reino de Dios y su justicia: que haya pan para todos. Por eso acudirá un día a Dios, pero será para alimentar a una muchedumbre hambrienta.

 

También hoy nuestra tentación es pensar solo en nuestro pan y preocuparnos exclusivamente de nuestra crisis. Nos desviamos de Jesús cuando nos creemos con derecho a tenerlo todo y olvidamos el drama, los miedos y sufrimientos de quienes carecen de casi todo.

En la segunda tentación se habla de poder y de gloria. Jesús renuncia a todo eso. No se postrará ante el diablo que le ofrece el imperio sobre todos los reinos del mundo. Jesús no buscará nunca ser servido, sino servir.

 

También hoy se despierta en algunos cristianos la tentación de mantener como sea, el poder que ha tenido la Iglesia en tiempos pasados. Nos desviamos de Jesús cuando presionamos las conciencias tratando de imponer a la fuerza nuestras creencias. Al reino de Dios le abrimos caminos cuando trabajamos por un mundo más compasivo y solidario.

 

En la tercera tentación se le propone a Jesús que descienda de manera grandiosa ante el pueblo, sostenido por los ángeles de Dios. Jesús no se dejará engañar. Aunque se lo pidan, no hará nunca un signo espectacular del cielo. Se dedicará a hacer signos de bondad para aliviar el sufrimiento y las dolencias de la gente.

 

Nos desviamos de Jesús cuando confundimos nuestra propia ostentación con la gloria de Dios. Nuestra exhibición no revela la grandeza de Dios. Solo una vida de servicio humilde a los necesitados manifiesta y difunde su amor.

 

 

 

IDENTIFICAR LAS TENTACIONES

 

Era tentado por el diablo.

 

Según los evangelios, las tentaciones experimentadas por Jesús no son propiamente de orden moral. Son planteamientos en los que se le proponen maneras falsas de entender y vivir su misión. Por eso, su reacción nos sirve de modelo para nuestro comportamiento moral, pero, sobre todo, nos alerta para no desviarnos de la misión que Jesús ha confiado a sus seguidores.

 

Antes que nada, sus tentaciones nos ayudan a identificar con más lucidez y responsabilidad las que puede experimentar hoy su Iglesia y quienes la formamos. ¿Cómo seremos una Iglesia fiel a Jesús si no somos conscientes de las tentaciones más peligrosas que nos pueden desviar hoy de su proyecto y estilo de vida?

 

En la primera tentación, Jesús renuncia a utilizar a Dios para «convertir» las piedras en panes y saciar así su hambre. No seguirá ese camino. No vivirá buscando su propio interés. No utilizará al Padre de manera egoísta. Se alimentará de la Palabra viva de Dios, solo «multiplicará» los panes para alimentar el hambre de la gente.

 

Esta es probablemente la tentación más grave de los cristianos de los países ricos: utilizar la religión para completar nuestro bienestar material, tranquilizar nuestras conciencias y vaciar nuestro cristianismo de compasión, viviendo sordos a la voz de Dios que nos sigue gritando ¿dónde están vuestros hermanos?

 

En la segunda tentación, Jesús renuncia a obtener «poder y gloria» a condición de someterse como todos los poderosos a los abusos, mentiras e injusticias en que se apoya el poder inspirado por el «diablo». El reino de Dios no se impone, se ofrece con amor, solo adorará al Dios de los pobres, débiles e indefensos.

 

En estos tiempos de pérdida de poder social es tentador para la Iglesia tratar de recuperar el «poder y la gloria» de otros tiempos pretendiendo incluso un poder absoluto sobre la sociedad. Estamos perdiendo una oportunidad histórica para entrar por un camino nuevo de servicio humilde y de acompañamiento fraterno al hombre y a la mujer de hoy, tan necesitados de amor y de esperanza.

 

En la tercera tentación, Jesús renuncia a cumplir su misión recurriendo al éxito fácil y la ostentación. No será un Mesías triunfalista. Nunca pondrá a Dios al servicio de su vanagloria. Estará entre los suyos como el que sirve.

 

Siempre será tentador para algunos utilizar el espacio religioso para buscar reputación, renombre y prestigio. Pocas cosas son más ridículas en el seguimiento a Jesús que la ostentación y la búsqueda de honores. Hacen daño a la Iglesia y la vacían de verdad.

 

 

NO DESVIARNOS DE JESÚS

 

Las primeras generaciones cristianas se interesaron mucho por las pruebas y tensiones que tuvo que superar Jesús para mantenerse fiel a Dios y vivir siempre colaborando en su proyecto de una vida más humana y digna para todos.

 

El relato de las tentaciones de Jesús no es un episodio cerrado, que acontece en un momento y en un lugar determinado. Lucas nos advierte que, al terminar estas tentaciones, "el demonio se marchó hasta otra ocasión". Las tentaciones volverán en la vida de Jesús y en la de sus seguidores.

 

Por eso, los evangelistas colocan el relato antes de narrar la actividad profética de Jesús. Sus seguidores han de conocer bien estas tentaciones desde el comienzo, pues son las mismas que ellos tendrán que superar a lo largo de los siglos, si no quieren desviarse de él.

 

En la primera tentación se habla de pan. Jesús se resiste a utilizar a Dios para saciar su propia hambre: "no solo de pan vive el hombre". Lo primero para Jesús es buscar el reino de Dios y su justicia: que haya pan para todos. Por eso acudirá un día a Dios, pero será para alimentar a una muchedumbre hambrienta.

 

También hoy nuestra tentación es pensar solo en nuestro pan y preocuparnos exclusivamente de nuestra crisis. Nos desviamos de Jesús cuando nos creemos con derecho a tenerlo, y olvidamos el drama, los miedos y sufrimientos de quienes carecen de casi todo.

En la segunda tentación se habla de poder y de gloria. Jesús renuncia a todo eso. No se postrará ante el diablo que le ofrece el imperio sobre todos los reinos del mundo: "Al Señor, tu Dios, adorarás". Jesús no buscará nunca ser servido sino servir.

 

También hoy se despierta en algunos cristianos la tentación de mantener, como sea, el poder que ha tenido la Iglesia en tiempos pasados. Nos desviamos de Jesús cuando presionamos las conciencias tratando de imponer a la fuerza nuestras creencias. Al reino de Dios le abrimos caminos cuando trabajamos por un mundo más compasivo y solidario.

 

En la tercera tentación se le propone a Jesús que descienda de manera grandiosa ante el pueblo, sostenido por los ángeles de Dios. Jesús no se dejará engañar:"No tentarás al Señor, tu Dios". Aunque se lo pidan, no hará nunca un signo espectacular del cielo. Solo hará signos de bondad para aliviar el sufrimiento y las dolencias de la gente.

 

Nos desviamos de Jesús cuando confundimos nuestra propia ostentación con la gloria de Dios. Nuestra exhibición no revela la grandeza de Dios. Solo una vida de servicio humilde a los necesitados manifiesta su Amor a todos sus hijos.

 

 

TENTACIONES

 

Era tentado por el diablo.

 

Los cristianos de la primera generación se interesaron muy pronto por las tentaciones de Jesús. No querían olvidar el tipo de conflictos y luchas que tuvo que superar para mantenerse fiel a Dios. Les ayudaba a no desviarse de su única tarea: construir un mundo más humano siguiendo los pasos de Jesús.

 

El relato es sobrecogedor. En el desierto se puede escuchar la voz de Dios, pero se puede sentir también la atracción de fuerzas oscuras que nos alejan de él. El diablo tienta a Jesús empleando la Palabra de Dios y apoyándose en salmos que se rezan en Israel. Hasta en el interior de la religión se puede esconder la tentación de distanciarnos de Dios.

 

En la primera, Jesús se resiste a utilizar a Dios para convertir las piedras en pan. Lo primero que necesita una persona es comer, pero no sólo de pan vive el hombre. El anhelo del ser humano no se apaga alimentando su cuerpo. Necesita mucho más.

 

Precisamente, para liberar de la miseria, del hambre y de la muerte a quienes no tienen pan, hemos de despertar el hambre de justicia y de amor en nuestro mundo deshumanizado de satisfechos egoístas.

 

La segunda escena es impresionante. Jesús está mirando el mundo desde una montaña alta. A sus pies se le presentan todos los reinos con sus conflictos, guerras e injusticias. Ahí quiere él introducir el reino de la paz y la justicia de Dios. El diablo, por el contrario, le ofrece el poder y la gloria si se le somete.

 

La reacción de Jesús es inmediata: Al Señor tu Dios adorarás. El mundo no se humaniza con la fuerza del poder. No es posible imponer el poder sobre los demás sin servir al diablo. Quienes siguen a Jesús buscando gloria y poder viven arrodillados ante el diablo. No adoran al verdadero Dios.

 

Por último, en lo alto del templo, el diablo le sugiere a Jesús buscar en Dios seguridad. Podrá vivir tranquilo, sostenido por sus manos y caminar sin tropiezos ni riesgos de ningún tipo. Jesús reacciona: No tentarás al Señor tu Dios.

 

Es diabólico organizar la religión como un sistema de creencias y prácticas que dan seguridad. No se construye un mundo más humano refugiándose cada uno en su propia religión. Es necesario asumir a veces compromisos arriesgados, confiando en Dios como Jesús.

 

 

EQUIVOCARSE

 

Era tentado por el diablo.

 

Toda persona que no quiera vivir alienada, debe saber mantenerse lúcida y vigilante ante las posibles equivocaciones que puede cometer en la vida. Quizás una de las aportaciones más válidas de Jesús de Nazaret es la de poder ofrecer a quien le conoce y sigue, la posibilidad de ser cada día más humano. En Jesús podemos escuchar el grito de alerta ante las graves equivocaciones que acechan siempre a la persona.

 

La primera equivocación es la de considerar la satisfacción de las necesidades materiales como el objetivo último y absoluto. Pensar que la felicidad última del hombre se encuentra en la posesión y el disfrute de los bienes.

 

Según Jesús, esa satisfacción de las necesidades materiales, con ser muy importante, no es suficiente. El hombre se va haciendo humano cuando aprende a escuchar la Palabra del Padre que le llama a vivir como hermano. Entonces descubre que ser humano es compartir, y no poseer; dar, y no acaparar; crear vida, y no explotar al hermano.

 

La segunda equivocación es la de buscar el poder, el éxito y el triunfo personal, por encima de todo y a cualquier precio. Incluso siendo infiel a la propia misión y cayendo esclavo de las idolatrías más ridículas.

 

Según Jesús, el hombre acierta, no cuando busca su propio prestigio y poder, en la competencia y la rivalidad con los demás, sino cuando es capaz de vivir en el servicio generoso y desinteresado a los hermanos.

 

La tercera equivocación es la de tratar de resolver el problema último de la vida, sin riesgos, luchas ni esfuerzos, utilizando interesadamente a Dios de manera mágica y egoísta.

 

Según Jesús, entender así la religión es destruirla. La verdadera fe no conduce a la pasividad, la evasión de la realidad y el absentismo ante los problemas. Al contrario, quien ha entendido un poco lo que es ser fiel a un Dios, Padre de todos, se arriesga cada día más en el esfuerzo por lograr una sociedad de hombres más libres y más hermanos.

 

 

PERDER O GANAR

 

Era tentado por el demonio.

 

En la vida no todo es crecer, avanzar o ganar. Hay muchos momentos en que la persona puede conocer la crisis sicológica, la enfermedad física o el oscurecimiento de la luz. Algo se rompe entonces en nosotros. Comenzamos a experimentar la vida como pérdida, límite o disminución. Ya no estamos tan seguros de nada. Ya no hay alegría en nuestro corazón. No somos los mismos.

 

Podemos entonces rebelarnos y vivir ese momento como algo totalmente negativo que nos hace daño y mutila nuestro ser. Pero lo podemos vivir de otra manera, como un desprendimiento o una pérdida que nos llevará a asentar nuestra vida sobre bases más firmes. Jesús hablaría de una poda necesaria para dar más fruto.

 

Si sabemos recorrer un itinerario humilde y confiado, «perder» nos puede conducir a «ganar». Hemos de empezar por aceptar nuestra situación. No es bueno negar lo que nos está pasando, ni disimularlo ante nosotros mismos y ante los demás. Es mejor reconocer nuestra limitación y fragilidad. Ese ser frágil e inseguro, poco acostumbrado a sufrir, también soy yo.

 

La crisis nos obliga a preguntarnos por nuestras raíces: ¿cuál es la verdad última que nos motiva e inspira?, ¿dónde se apoya realmente nuestra vida? Hay una verdad rutinaria que nos mantiene en el día a día, pero hay una verdad más honda que, tal vez, sólo emerge en nosotros en momentos de crisis y debilidad.

 

El creyente vive este proceso como una experiencia de salvación. Ahí está Dios sanando nuestro ser. Y el mejor signo de su presencia salvadora es esa alegría interior humilde que poco a poco se puede ir despertando en nosotros. Una alegría que nace del centro de la persona cuando se abre a la luz de Dios.

 

Tal vez estas experiencias nos pueden ayudar a entender ese lenguaje difícil de Jesús que, en contra de toda lógica de apropiación y seguridad, propone la desapropiación y la pérdida como camino hacia una vida más plena: «El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece en este mundo, se guarda para la vida eterna». El relato evangélico nos presenta a Jesús como el hombre que, en el momento de la tentación o la crisis, sabe «perder» para «ganar» la vida.

 

 

HOMO VIDENS

 

No sólo de pan vive el hombre.

 

La revolución de la telecomunicación está cambiando los hábitos de la sociedad, el modo de vivir de las personas y hasta la forma de pensar. Los expertos nos advierten que el hombre contemporáneo comienza a moverse en unas coordenadas distintas de las que imperaban hasta hace poco. Hay quien habla ya del nacimiento del «homo videns».

 

Hace unos años R. Gubern (El simio informatizado, Ed. Fundesco, Madrid 1987) hablaba de la televisión como de «una gran fábrica de consenso social» y de alienación masiva. Es ella la que dicta las ideas, los centros de interés social, los gustos y las expectativas de las gentes. Desde la pequeña pantalla se nos impone la imagen del mundo que hemos de tener, los temas de los que hemos de hablar. los acontecimientos por los que nos hemos de interesar.

 

Ahora G. Sartori (Homo videns. La sociedad teledirigida, Ed. Taurus, Madrid 1998) nos pone en guardia ante un cambio cultural que puede transformar radicalmente la personalidad del hombre moderno. Según el analista italiano, el «homo sapiens» se ha ido desarrollando hasta ahora en la esfera de lo «inteligible» y de la reflexión. Hoy, por el contrario, está emergiendo el «homo videns» configurado por la atracción de lo «sensible». La televisión produce imágenes y anula conceptos, desarrolla el puro acto de ver y atrofia la capacidad de reflexión. Se da primacía a la visión sobre el raciocinio, al espectáculo sobre la explicación, a lo raro e insólito sobre lo real. En la sociedad moderna se almacena información, se procesan datos, se transmiten imágenes, pero cada vez se reflexiona y se medita menos.

 

A pesar de estudios tan críticos y pesimistas, sería un error «demonizar» la cultura de la televisión, pero también dejarnos devorar por ella. El ser humano se disuelve cuando se deja arrastrar sólo hacia la visión de lo exterior. Para crecer como persona es necesaria la atención a lo interior, la reflexión, la capacidad de interpretar y vivir la propia vida desde dentro.

 

Es significativo el lenguaje bíblico: a Dios no se le ve, se le escucha. Para encontrarse con él, es necesario descender al fondo de uno mismo y escuchar el misterio que se encierra en nuestro propio corazón. En esa dirección apunta también la invitación evangélica: «No sólo de pan vive el hombre.» Para vivir no basta alimentarse desde fuera. Es necesario escuchar el misterio de la vida en nosotros. Es necesario escuchar la presencia de Dios en nuestro corazón.

 

 

NO ES FACIL

 

No sólo de pan vive el hombre.

 

Se le da mucha importancia a la estructura política de la sociedad, y la tiene. Se insiste una y otra vez en los «valores democráticos», y, ciertamente, han de constituir el marco indiscutible para b convivencia. Pero, como advertía el sabio J. Krishnamurti, se atiende mucho menos a la «estructura psicológica» de la sociedad, que es la que moldea realmente el comportamiento de las gentes.

 

Sin embargo, es en este nivel más profundo donde se están produciendo hoy los cambios de repercusiones más graves. Casi sin darnos cuenta, ha cambiado sustancialmente el modo de entender y de vivir la existencia, sin que se puedan prever todavía todas sus consecuencias.

 

Así, para muchas personas, la vida no es ya sino un breve trayecto que conduce a la nada. De poco sirve entonces proclamar los grandes valores. Lo que mueve realmente las vidas son los intereses de cada cual. Sólo interesa de verdad aquello que puede servir a la propia seguridad egotista.

 

Por otra parte, son bastantes los que están vaciando su vida de todo lo que podía tener un significado transcendente. Apenas se percibe en su existencia algo realmente santo y sagrado. Todo da igual. Ha llegado la hora de liberarse de extrañas invenciones religiosas y morales. Hay que vivir de lo inmediato. No hay más. No es extraño que la vida de muchos se haya hecho más inconsistente y vulnerable. Cuántos son hoy los que no encuentran seguridad fuera -en la política, la economía, la sociedad- pero tampoco la pueden hallar en su mundo interior.

 

La vida de no pocos está hoy muy vacía. Se trata de llenarla con noticias e información, con música o vídeos, con cosas y relaciones. Pero no es fácil. Muchos siguen buscando «algo diferente» en medio de sus luchas y trabajos.

 

No parece perder su vigencia la sentencia de Jesús: «No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. » El hombre actual se afana por alimentar su existencia de muchas cosas, pero lo hace con frecuencia suprimiendo de su vida la religión. No quiere sentirse «religado» a Dios, pero tampoco sabe cómo sustituir dignamente su ausencia.

 

No acertamos a alimentar nuestra vida interior. No somos capaces de vivir abiertos a Dios. No tenemos tiempo para sentimos amados con amor infinito. Estamos incomunicados con lo trascendente. Y, no obstante, pretendemos conocer una vida plena y gratificante. No es fácil.

 

 

¿VIDA HUMANA O SIMPLE BIENESTAR?

 

No sólo de pan vive el hombre.

 

El hombre actual ansía vivir cada vez más, cada vez mejor, cada vez más intensamente. Pero, ¿vivir qué?, ¿vivir para qué? Se dice que estamos mejor equipados que nunca para vivir una vida sana y de mejor calidad. Pero, ¿qué es un hombre sano? ¿Qué es una vida de calidad humana?

 

Hemos hecho la vida más larga, más cómoda y placentera, pero, ¿no la hemos hecho también más vacía, superficial y absurda? ¿Es éste el camino para satisfacer la necesidad profunda de vida que se encierra en el ser humano?

 

Hay además un hecho cultural sobre el que parece existir una conspiración de silencio y es que cada vez se medita menos sobre el sentido último de la vida. Desconectada de toda relación con el Creador, privada de destino trascendente, la vida del hombre contemporáneo se está convirtiendo en un episodio irrelevante que hay que llenar de bienestar y de experiencias placenteras.

 

Sin embargo, ¿es verdadero progreso entender y vivir la vida de manera tan rudimentaria y tan pobre de contenido, de horizonte y de sentido como lo hacen hoy no pocos hombres y mujeres?

 

Por otra parte, para muchos, «bueno» es lo que produce bienestar, y «malo» lo que causa malestar. Pero el concepto de bienestar es ambiguo y no coincide necesariamente con la verdadera realización del ser humano.

 

Un joven puede tomar alcohol o droga para sentir «bienestar», pero, evidentemente, su actuación no es sana. Una persona puede sentirse bien en medio de una sociedad injusta, ocupándose exclusivamente de su bienestar y olvidando el sufrimiento de los más débiles y marginados, pero difícilmente podrá decirse que es sana esa insensibilidad.

 

Por eso, no es superfluo preguntarse qué bienestar buscamos, qué contenido le damos a nuestro deseo de calidad de vida y en qué hacemos consistir el progreso del ser humano.

 

Estas son las cuestiones e interrogantes a los que los Obispos del País Vasco quieren dar una respuesta desde la fe cristiana en su importante Carta Pastoral de Cuaresma-Pascua, titulada de manera significativa «Al servicio de una vida más humana».

 

En realidad, su mensaje no es sino el eco actualizado de esas palabras de Jesús que también el hombre de hoy necesita escuchar: «No sólo de pan vive el hombre.»

 

La verdadera calidad de vida no debe ser confundida con el «índice de renta nacional», el desarrollo industrial o el crecimiento del consumo. No es bueno todo lo que aumenta el bienestar material, ni malo lo contrario. Es bueno aquello que le ayuda al hombre a crecer como persona en todas sus dimensiones.

 

Por su parte, los Obispos plantean una pregunta que no se ha de soslayar. Calidad de vida, ¿para quién? ¿Calidad de vida para todos, o sólo para mí y los míos? ¿Calidad de vida para los parados, o bienestar exclusivo para los instalados? ¿Calidad de vida sólo para los europeos o para todos los hombres?

 

 

CREER EN DIOS

 

Al Señor tu Dios adorarás.

 

Tal vez, a más de uno le sorprenda que los Obispos del País Vasco hayan dedicado su tradicional Carta Pastoral de cuaresma a hablar de Dios al hombre de hoy.

 

¿Qué necesidad tenemos ahora de plantearnos el problema de Dios? ¿No hay asuntos más importantes que abordar? ¿Para qué nos puede servir realmente creer en Dios?

 

Con frecuencia, los increyentes no pueden sospechar todo lo que significa creer en Dios. Y, por su parte, los creyentes no valoramos a veces toda la riqueza y las posibilidades que encierra la adhesi6n confiada a Dios.

 

Es bueno recordar todo lo que puede significar para un cristiano creer en Dios.

 

Creer en Dios supone descubrir el mundo como una realidad cargada de sentido. Saber que el mundo no es algo cerrado, que termina en sí mismo, sin profundidad ni misterio, sino un punto de partida que nos abre a una plenitud mayor.

 

Creer en Dios supone descubrir la vida como un regalo llamado a desplegarse de manera insospechada. Un proceso misterioso que nos puede conducir a esa libertad que todos anhelamos.

 

Creer en Dios supone descubrir en toda su hondura y radicalidad mi propia dignidad y responsabilidad, sintiéndome estimulado y sostenido por El para irme realizando en el amor.

 

Creer en Dios supone reconocer a los otros hombres y mujeres con la dignidad misma de hijos de Dios, amigos y hermanos intocables con los que estoy llamado a compartir y construir la historia.

 

Creer en Dios supone entender y orientar la vida de los hombres al servicio y la defensa de los más olvidados, los más solos y maltratados.

 

Creer en Dios supone optar por la creatividad. Sentirse comprometido en crear una sociedad siempre más fraterna, más reconciliada, más liberada.

 

Creer en Dios supone descubrir que el mal, la injusticia y la muerte no tienen la última palabra. La vida termina en Dios y es más grande que “esta vida”.

 

Creer en Dios supone vivir ya desde ahora anticipando de alguna manera la libertad, la fraternidad y la paz que esperamos al final para el hombre.

 

Creer en Dios supone encontrar en el corazón de la vida y de uno mismo la esperanza verdadera: “El que pone su esperanza en el cosmos, en el conjunto de lo de aquí, tendrá más tarde o más temprano que enterrar su esperanza” (T.S. Eliot).

 

 

CONVERTIRLO TODO EN PAN

 

No sólo de pan vive el hombre.

 

Es nuestra gran tentación. Reducir todo el horizonte de nuestra vida a la mera satisfacción de nuestros deseos y empeñarnos en convertirlo todo en pan con que alimentar nuestras apetencias.

 

Casi sin darnos cuenta, lo hemos convertido todo en pan. Nuestra mayor satisfacción y, a veces, casi la única es digerir y consumir comidas, artículos, objetos, espectáculos, libros, televisión. Hasta el amor ha quedado convertido, con frecuencia, en mera satisfacción y técnica sexual.

 

Corremos la tentación de buscar el placer fuera y más allá de los límites de la necesidad, incluso, con detrimento de la vida y la convivencia.

 

Porque falseamos la vida y la empobrecemos cuando lo reducimos todo a mera utilidad y provecho. Y, por otra parte, terminamos luchando por satisfacer nuestros deseos aun a costa de los demás, provocando así la competencia y la guerra entre nosotros.

 

La carta cuaresmal de nuestros Obispos nos pone en guardia ante las actitudes hedonistas de nuestra sociedad «que consisten en la búsqueda del placer por encima del deber, del servicio y del compromiso».

 

Nos engañamos si pensamos que es ése el camino de la liberación y de la vida. Al contrario, ¿no hemos experimentado nunca que la búsqueda exacerbada del placer lleva pronto al aburrimiento, el hastío y el vaciamiento de la vida?

 

¿No estamos viendo que una sociedad que atiza nuestras apetencias de consumo y satisfacción, no hace sino generar insolidaridad, irresponsabilidad y violencia creciente?

 

Esta civilización que nos «ha educado» para la búsqueda del placer fuera de toda razón y medida, está necesitando un cambio de dirección que nos pueda infundir nuevo aliento de vida.

 

Hay que «volver al desierto». Aprender de aquel Jesús que se negó a hacer milagros por pura utilidad, capricho o placer. Escuchar la verdad que se encierra en sus inolvidables palabras: «No sólo de pan vive el hombre sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios».

 

Al escucharlas, nos damos cuenta de que no estamos vivos, que nuestra vida no es vida. Que necesitamos liberarnos de nuestra avidez, egoísmo y superficialidad, para despertar en nosotros el amor y la generosidad. Necesitamos escuchar a Dios que nos invita a gozar creando solidaridad, amistad y verdadera fraternidad.

 

 

EQUIVOCARSE

 

Era tentado por el diablo.

 

Todo hombre que no quiera vivir alienado, debe saber mantenerse lúcido y vigilante ante las posibles equivocaciones que puede cometer en la vida.

 

Quizás una de las aportaciones más válidas de Jesús de Nazaret es la de poder ofrecer a quien le conoce y sigue, la posibilidad de ser cada día más humano.

 

En Jesús podemos escuchar el grito de alerta ante las graves equivocaciones que acechan siempre al hombre.

 

La primera equivocación es la de considerar la satisfacción de las necesidades materiales como el objetivo último y absoluto. Pensar que la felicidad última del hombre se encuentra en la posesión y el disfrute de los bienes.

 

Según Jesús, esa satisfacción de las necesidades materiales, con ser muy importante, no es suficiente. El hombre se va haciendo humano cuando aprende a escuchar la palabra del Padre que le llama a vivir como hermano.

 

Entonces descubre que ser hombre es compartir, y no poseer; dar, y no acaparar; crear vida, y no explotar al hermano.

 

La segunda equivocación es la de buscar el poder, el éxito y el triunfo personal, por encima de todo y a cualquier precio. Incluso siendo infiel a la propia misión y cayendo esclavo de las idolatrías más ridículas.

 

Según Jesús, el hombre acierta, no cuando busca su propio prestigio y poder, en la competencia y la rivalidad con los demás, sino cuando es capaz de vivir en el servicio generoso y desinteresado a los hermanos.

 

La tercera equivocación es la de tratar de resolver el problema último de la vida, sin riesgos, luchas ni esfuerzos, utilizando interesadamente a Dios de manera mágica y egoísta.

 

Según Jesús, entender así la religión es destruirla. La verdadera fe no conduce a la pasividad, la evasión de la realidad y el absentismo ante los problemas.

 

Al contrario, quien ha entendido un poco lo que es ser fiel a un Dios, Padre de todos, se arriesga cada día más en la lucha por lograr una sociedad de hombres más libres y más hermanos.

 

 

ALESSANDRO PRONZATO

 

"...El espíritu lo empujó...".

Me agrada esta acción del Espíritu, inmediatamente después del bautismo. Cristo es echado fuera, empujado hacia el desierto para librar un combate.

El Espíritu no mina al creyente, no le asegura un clima "favorable", no pone al resguardo su fe.

Más que aire acondicionado, es "soplo" que empuja hacia el mundo, donde las potencias del mal obstaculizan el plan de Dios.

"Echa fuera" de la tibieza de una piedad confortable, de esquemas garantizados que excluyen cualquier tipo de aventura, de estructuras en las que el funcionamiento ocupa el puesto de la vida, para precipitarse en el desierto donde se vive el riesgo de la fe y donde se siente uno abofeteado por los rigores de la vida real.

El Espíritu no protege, hace salir de la intemperie.

No dispensa de las dificultades, sino que nos mete precisamente dentro de ellas. Después de la inmersión en el agua, el Espíritu nos sumerge en las ambigüedades, contradicciones, peligros de la existencia cotidiana.

Es el bautismo en la humanidad.

Es la participación en las luchas de los hombres.

El mismo Espíritu nos hace hijos de Dios, y hermanos de todos los hombres. Nos une hacia arriba y hacia abajo.

El desierto -lugar de la prueba, de la lucha, no de la evasión- se convierte así en el punto de soldadura entre las dos dimensiones, la divina y la humana.

La vida en el Espíritu no produce "almas bellas", sino cristianos que aprenden el oficio de hombres en medio de los otros hombres.

La vida en el Espíritu no es parada, no es nido, sino camino, itinerario que ha de inventarse día a día.

Un cristiano que se coloca "al resguardo", no es alguien que se pone al seguro.

Es alguien que se ha escapado a la fuerza del Espíritu, que se ha sustraído a su "soplo".

"Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás".

Marcos, a diferencia de Mateo y Lucas, no precisa el contenido y la forma de las tentaciones.

Sostengo que el dejar la tentación en la indeterminación es intencionado por parte del evangelista. En realidad, a lo largo de todo el evangelio Cristo sufre la tentación. Durante todo el desarrollo de su misión, Cristo tiene que afrontar a quien intenta disuadirlo, "separarlo" del camino emprendido: el del servicio, de la debilidad, de la obscuridad, de la derrota, del sufrimiento. Siempre habrá alguien que le sugerirá otro camino, le invitará a dejarse servir, a comportarse como amo y no como siervo, le propondrá ser Mesías "de otra manera", le solicitará para que sea Dios acomodándose a los deseos de los hombres.

Que Cristo haya superado la prueba del desierto Marcos más que afirmarlo explícitamente lo sugiere con las dos imágenes de los "animales salvajes" y de los ángeles que le servían.

La primera imagen indica o bien la victoria de Cristo sobre las potencias del mal, o bien una referencia a Adán que, rodeado de animales, les había dado un nombre, signo de dominio (Gén 2,20). La armonía restablecida con los animales sería signo de la comunión restablecida entre el hombre y Dios. Es, en suma, la reconciliación entre las criaturas y el creador.

"Vivía entre alimañas y los ángeles le servían...". Hemos dicho que es la imagen de la armonía reencontrada.

Pero esta armonía debemos restablecerla antes que nada dentro de nosotros. Sólo recuperando la fidelidad a nuestra vocación, redescubriendo en ella las líneas fundamentales coincidentes con el proyecto de Dios, tenemos la posibilidad de poner un poco de orden también en torno a nosotros.

La paz, pues, como plenitud, unidad reencontrada. Como relación con Dios que, lejos de empobrecer, enriquece y potencia las relaciones con los hombres.

El otro tema del evangelio de hoy es sugerido por la primera predicación de Jesús en Galilea.

Su programa-anuncio se expresa con cuatro formulas muy breves:

-El tiempo se ha cumplido.

-El reino de Dios está cerca.

-Es necesario convertirse.

-Hay que creer en el evangelio.

Las dos primeras fórmulas constituyen la revelación por parte de Dios. Las dos últimas comprenden la decisión por parte del hombre.

Una decisión que se expresa en dos exigencias: conversión y fe.

El tema de la proclamación es el evangelio, o sea el anuncio gozoso, que nos viene de Dios. Es importante caer en la cuenta de que la buena noticia es dada de parte de Dios. Dios es el encargado de dar las buenas noticias al hombre.

"Se ha cumplido el plazo" (V. 15). Es el anuncio del cumplimiento. Kairós quiere decir tiempo determinado, circunstancia favorable, pero también "medida justa". Dice un estudioso de prestigio: "Marcos usa esta metáfora para indicar, que estando llena la medida, ya no hay nada que añadir al tiempo transcurrido antes del evento esperado" (G. Nolli). Por tanto Jesús no orienta hacia el futuro. Este es el tiempo establecido por Dios, esta es la estación favorable. La atención es dirigida al presente.

"Marcos intenta resaltar "el día" en que, a través de la palabra de Jesús, resuena la proclamación del reina de Dios. En este día es cuando comienza lo que es nuevo, por el mismo hecho de su proclamación. Su "cumplimiento" tiene la resonancia del ahora, hoy, aquí".

"Y se ha hecho cercano al reino de Dios". O sea, se trata de una realidad presente o inminente. Algo que ha llegado a cumplimiento.

Esta realidad del Reino es ofrecimiento, don. Es algo hecho por Dios, que el hombre simplemente puede buscar, recibir.

Frente a esta realidad, surge la exigencia de la "conversión", o sea de un cambio radical de postura.

La conversión exigida, más que un ir para atrás, es un mirar hacia adelante, hacia el "nuevo", el inaudito evento. No se trata de un conocimiento de sí mismo de tipo psicológico o de una exasperada introspección en sentido existencial. Convertirse, aquí, significa colocarse frente a la buena noticia anunciada por Jesús y tomar postura ante la persona misma de Jesús.

Finalmente es necesario "creer en la buena noticia". Y creer en el evangelio significa creer en el mensaje de Cristo -palabras y acciones.

Es una frase, con todo, que desarrolla una fuerza misteriosa: ser creyentes al evangelio. Y tienes la impresión de que tu vida está como aferrada y empujada hacia una decisión. Una vida que se juega, precisamente, tomando en serio o rechazando -acoger o rehusar- una noticia.

"El momento decisivo" para mí, también en esta cuaresma, es aquel en que "decido" si la cosa me interesa o más bien nada tiene que ver conmigo...

 

SIN LUCHA NO PUEDE HABER VICTORIA

Fray Marcos

Mc 1, 12-15

 

"Perdona a tu pueblo Señor; no estés eternamente enojado, perdónalo Señor". Desde niños hemos cantado cientos de veces esta estrofa con el corazón encogido. Esta idea de Dios está en las antípodas del evangelio. No sólo no es "buena noticia" sino que nos hunde en la más absoluta miseria.

Hemos puesto en el perdón de Dios la meta de nuestras relaciones con Dios. Jesús nos dice que el perdón es precisamente el punto de partida. Con esta perspectiva hemos arruinado todo proceso espiritual en nuestra vida.

Nuestro concepto de pecado se basa en el mito de la ruptura. A partir de ahí, la religiosidad consistirá en una recuperación de lo perdido. Hoy tenemos conocimientos suficientes para intentar otras explicaciones más de acuerdo con los datos que manejamos sobre el hombre, sobre el mundo y sobre Dios. Somos el fruto de una evolución y seguimos avanzando. No he perdido ninguna de mis posibilidades, y mi obligación es alcanzar la máxima plenitud posible. La ruptura con Dios es imposible, porque Él forma parte de mi propio ser.

Esto no quiere decir que no falle. El pecado es una de las experiencias más dolorosas y humillantes del ser humano. Lo que tenemos que superar es una explicación demasiado primitiva del fallo y descubrir un modo de afrontarlo que pueda ser útil para superarlo eficazmente.

El mal no tiene nada de misterio. Es consecuencia inevitable de nuestra condición de criaturas limitadas. Una inercia de tres mil ochocientos millones de años de evolución, que nos empuja hacia el individualismo, no puede ser contrarrestada por medio millón de años de trayectoria humana, durante la cual la mayoría se limitan a vegetar.

En efecto, el primer objetivo de todo ser vivo fue mantener esa vida contra todas las agresiones externas e internas. Esta experiencia se va almacenando en el ADN. Gracias a ese instinto, la vida no sólo se conservó sino que fue alcanzando cotas más altas de perfección, hasta llegar al "homo sapiens sapiens".

Su relativa perfección biológica permite al hombre unas relaciones con lo que no es él completamente distintas, fundadas ahora en la armonía y la amabilidad con todo ser. Pero permanece en él, el instinto de conservación que le lleva al individualismo egoísta. La lucha está servida. La visión miope tiene que ser superado por un apropiado conocimiento de sus nuevas posibilidades y por un ejercicio de altruismo que le lleve a potenciar su ser por medio de esas nuevas relaciones.

Fijaros bien que los tres temas clásicos de la cuaresma son: oración, ayuno, limosna. En ellos quedan resumidas todas las posibles relaciones humanas: con Dios, con uno mismo, con los demás. La calidad humana del hombre depende de la calidad de sus relaciones. Si no sobrepasan lo puramente instintivo, esas relaciones estarán basadas en un individualismo feroz, buscando el provecho biológico inmediato. Si esas relaciones están basadas en el conocimiento de tu auténtico ser, te llevarán a la armonía con todos los seres.

 

CONTEXTO EVANGÉLICO

En los tres ciclos litúrgicos, se lee, el primer domingo de cuaresma, el relato de las tentaciones. Este año leemos a Marcos. Es tan breve, que han tenido que añadir unos versículos de relleno. Sin embargo, la concisión no vacía de contenido la narración, sino todo lo contrario. Es impresionante la riqueza del mensaje

 

EXPLICACIÓN

El hecho de que Marcos sea tan breve, siendo el primero que escribió, nos está diciendo que en Mateo y Lucas, se trata de una elaboración progresiva, y no de un olvido de los detalles por parte de Marcos. También pudiera ser que Mateo y Lucas encontraran ya el relato ampliado en la fuente Q, anterior a Marcos. En todo caso, esas diferencias nos estarían demostrando el carácter simbólico del relato, más allá de las limitaciones de tiempo y lugar. Marcos está planteando en tres líneas toda la trayectoria human de Jesús.

El objetivo del relato es muy distinto en Mateo y Lucas, y en Marcos. Este último no pretende ponernos en guardia sobre las clases de tentaciones que podemos experimentar. En Marcos no hay tres tentaciones, porque plantea toda su vida como una constante lucha contra el mal. La clase de tentaciones que sufre y el resultado de la lucha será el tema de todo el evangelio, por eso no tiene sentido adelantar acontecimientos. En el evangelio de Marcos, no vuelve a aparecer Satanás. Su lugar lo van a ocupar instituciones y personas de carne y hueso, que a través de toda la obra intentarán apartar a Jesús de su misión liberadora.

"Inmediatamente". Así empieza el relato, pero como no sabemos lo que pasó antes, no tiene sentido decir: inmediatamente después; por eso comienza la lectura de hoy con la anodina frase de siempre "en aquel tiempo". Es interesante saber que en el versículo anterior nos habló de la bajada del Espíritu sobre Jesús en el bautismo. Es muy significativo que el Espíritu se ponga a trabajar, de inmediato. Toda la actuación de Jesús se realiza bajo la fuerza del Espíritu. Este Espíritu, no es todavía el "Espíritu Santo" según la idea que nosotros tenemos; se trata de la fuerza de Dios que le capacita para actuar.

El Espíritu le empujó. El verbo griego empleado es "ekballo" = Empujar, echar fuera. No se trata de una amable invitación, sino de una acción que supone una cierta violencia. El Espíritu no abandona a Jesús, pero le arrastra a otro lugar: el desierto.

Al recibir el Espíritu en el bautismo, Jesús no queda inmunizado y apartado de la lucha contra el maligno. Como todo hijo de vecino (hijo de hombre), Jesús tiene que debatirse en la vida para alcanzar su plenitud. Precisamente por haber alcanzado la meta como ser humano, está capacitado para marcarnos el camino a nosotros.

Al desierto. No hace falta resaltar la importancia que tiene la figura del desierto en la espiritualidad del AT. El desierto es el lugar teológico de la lucha, de la prueba; y, superada la prueba, del encuentro con Dios. Es imposible recordar todo el simbolismo del desierto para el pueblo judío. La clave de su historia religiosa se encuentra en el desierto. Jesús sufre las mismas tentaciones que Israel, pero las supera.

No se trata del desierto físico, sino del símbolo de la lucha. Es muy significativo que todos los evangelios nos hagan ver cómo Jesús encontrará a Satanás en su mismo pueblo.

Se quedó en el desierto cuarenta días. El número cuarenta es otra clave simbólica para entender el relato:

40 días duró el diluvio,

40 años pasó el pueblo judío en el desierto,

40 días estuvo Moisés en el Sinaí,

40 días para que se conviertan los ninivitas,

40 días camina Elías por el desierto.

No se trata de señalar un tiempo cronológico, sino de evocar una serie de acontecimientos salvíficos en la historia del pueblo judío, que quedarán superados por la experiencia de Jesús.

Tentado por Satanás. "Peireo" no significa en primer lugar tentar, sino probar. Para nosotros la tentación es un mal en sí misma, pero el sentido del verbo griego indica más bien una prueba que hay que superar. No puede haber aprobado si no hay examen.

En Mateo y Lucas, las tentaciones tienen lugar al final de los cuarenta días de ayuno. En Marcos no aparece el ayuno por ninguna parte, y la tentación abarca todo el tiempo que duró el retiro en el desierto. Marcos no nos habla de penitencia, sino de lucha. En Marcos todo sucede a la vez y durante los cuarenta días: tentación, presencia de las fieras y servicio de los ángeles. Tampoco se da por terminado el tiempo de la tentación; sigue toda su vida.

Estaba entre las fieras. La traducción oficial de "alimañas", condiciona la interpretación. El texto griego y el latino dice: animales salvajes concretos, conocidos por todos. Puede entenderse como que Jesús está en la vida en medio de todas las fuerzas que condicionan al hombre, unas buenas (Espíritu, ángeles), otras malas (Satanás, fieras) Pero también podría aludir a los tiempos idílicos del paraíso, donde la armonía entre seres humanos y la naturaleza entera, era total. Recordemos que el tiempo mesiánico se había anunciado como una etapa de armonía entre hombres, naturaleza y fieras.

Y los ángeles le servían. Aparte de lo difícil que resulta el saber qué quería decir la palabra ángel, tenemos el problema del verbo "servir". El verbo que emplea es "diakoneô" que significa servir, pero con un matiz de afecto personal en el servicio.

Su primer significado era, "servir a la mesa". Pero aquí este significado iría en contra de todo el sentido del relato, porque indicaría que en vez de ayunar era alimentado por los ángeles. Podría significar las fuerzas del bien, o la expresión de que Dios estaba de su parte.

En el NT "diaconía" es un término técnico que expresa la actitud vital de servicio, de los seguidores de Jesús. Se dice de algunas mujeres que "servían" a Jesús.

 

APLICACIÓN

Hoy no podemos hacer una aplicación concreta del evangelio. Toda nuestra vida tiene que estar orientada por la actitud de Jesús que acabamos de descubrir. Como él debemos afrontar nuestra existencia desde la perspectiva del espíritu de Dios, es decir dejándonos llevar por lo que hay en nosotros de divino, no por la inercia del instinto.

 

 

Meditación-contemplación

 

Sin lucha no puede haber victoria.

 

Oración

La tentación fundamental es hacer un dios a mi medida,

dejándonos llevar por una cómoda idolatría.

El antídoto es el Dios de Jesús,

que me dará fuerza y valor para derribar todos los ídolos.

...............

 

Ayuno

Si me creo solo biología y sicología individual,

mi única meta será siempre el egoísmo.

Si descubro mi verdadero ser,

surgirá dentro de mí la armonía y la capacidad de amar.

...........

 

Limosna

La relación con los demás es la pantalla

en la que se refleja mi disco duro.

Ella me dirá lo que de verdad hay dentro de mí.

Si no examino con cuidado lo que aparece al exterior,

Nunca descubriré lo que tengo que cambiar dentro.

 


I DOMINGO DE CUARESMA

En este domingo tiene lugar el rito de la «elección» o «inscripción del nombre» de los catecúmenos que serán admitidos a los sacramentos de la iniciación cristiana en la Vigilia pascual; las oraciones e intercesiones se encuentran en
 
Antífona de entrada         Cf. Sal 90, 15-16

Me invocará, y yo le responderé.
Estaré con él en el peligro, lo defenderé y lo glorificaré;
le haré gozar de una larga vida.
 
No se dice Gloria.
 
Oración colecta

Dios todopoderoso, concédenos que
por la práctica anual de la Cuaresma,
progresemos en el conocimiento del misterio de Cristo
y vivamos en conformidad con él.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos.
 
Se dice Credo.
 
Oración sobre las ofrendas
Te pedimos que nos dispongas, Señor,
para ofrecer convenientemente estos dones
con los que iniciamos el camino cuaresmal.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
 
PREFACIO:
Las tentaciones del Señor

V. El Señor esté con ustedes
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
 
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.
 
Él mismo, al abstenerse de alimentos terrenos
durante cuarenta días,
consagró con su ayuno la práctica cuaresmal,
y al rechazar las tentaciones del demonio
nos enseñó a superar los ataques del mal,
para que, celebrando con sinceridad el misterio pascual,
podamos gozar un día de la Pascua eterna.
 
Por eso, unidos a los ángeles y los santos,
cantamos un himno a tu gloria,
diciendo sin cesar:
 
Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.
 
Antífona de comunión         Mt 4, 4
No sólo de pan vive el hombre,
sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios.
 
 
Oración después de la comunión
Te pedimos, Padre,
que reconfortados con el pan del cielo
que alimenta nuestra fe, acrecienta nuestra esperanza
y fortalece nuestra caridad,
aprendamos a tener hambre de este pan vivo y verdadero
y a vivir de toda palabra que sale de tu boca.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
 
Oración sobre el pueblo
Señor, derrama una copiosa bendición sobre tu pueblo,
para que su esperanza crezca en la adversidad,
la virtud se afirme en la tentación,
y obtenga así la redención eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.


DOMINGO PRIMERO DE CUARESMA

Año "B"

Alianza de Dios con Noé, liberado del diluvio

Lectura del libro del Génesis     9, 8-15

    Dios dijo a Noé y a sus hijos:
    «Yo establezco mi alianza con ustedes, con sus descendientes, y con todos los seres vivientes que están con ustedes: con los pájaros, el ganado y las fieras salvajes; con todos los animales que salieron del arca, en una palabra, con todos los seres vivientes que hay en la tierra. Yo estableceré mi alianza con ustedes: los mortales ya no volverán a ser exterminados por las aguas del Diluvio, ni habrá otro Diluvio para devastar la tierra.»
    Dios añadió: «Este será el signo de la alianza que establezco con ustedes, y con todos los seres vivientes que los acompañan, para todos los tiempos futuros: Yo pongo mi arco en las nubes, como un signo de mi alianza con la tierra. Cuando cubra de nubes la tierra y aparezca mi arco entre ellas, me acordaré de mi alianza con ustedes y con todos los seres vivientes, y no volverán a precipitarse las aguas del Diluvio para destruir a los mortales.»

Palabra de Dios.



SALMO     Sal 24, 4-5b. 6. 7b-9

R.
 Tus senderos, Señor, son amor y fidelidad,

O bien:

Guía nuestros pasos, Señor, por el camino de la paz.

Muéstrame, Señor, tus caminos,
enséñame tus senderos.
Guíame por el camino de tu fidelidad;
enséñame, porque Tú eres mi Dios y mi salvador. 
R.

Acuérdate, Señor, de tu compasión y de tu amor,
porque son eternos.
Por tu bondad, Señor,
acuérdate de mí según tu fidelidad. 
R.

El Señor es bondadoso y recto: 
por eso muestra el camino a los extraviados;
Él guía a los humildes para que obren rectamente
y enseña su camino a los pobres. 
R.

Todo esto es figura del bautismo,
por el que ahora ustedes son salvados

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pedro     3, 18-22

Queridos hermanos:
    Cristo padeció una vez por nuestros pecados -el justo por los injustos- para que, entregado a la muerte en su carne y vivificado en el Espíritu, los llevara a ustedes a Dios. Y entonces fue a hacer su anuncio a los espíritus que estaban prisioneros, a los que se resistieron a creer cuando Dios esperaba pacientemente, en los días en que Noé construía el arca. En ella, unos pocos -ocho en total- se salvaron a través del agua.
    Todo esto es figura del bautismo, por el que ahora ustedes son salvados, el cual no consiste en la supresión de una mancha corporal, sino que es el compromiso con Dios de una conciencia pura, por la resurrección de Jesucristo, que está a la derecha de Dios, después de subir al cielo y de habérsele sometido los Ángeles, las Dominaciones y las Potestades.

Palabra de Dios.


ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO     Mt 4, 4b

El hombre no vive solamente de pan,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.


EVANGELIO

Fue tentado por Satanás y los ángeles le servían

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos     1, 12-15

    El Espíritu llevó a Jesús al desierto, donde fue tentado por Satanás durante cuarenta días. Vivía entre las fieras, y los ángeles lo servían.
    Después que Juan Bautista fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo: «El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia.»

Palabra del Señor.

 

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