Domingo 15 del Tiempo Ordinario
Liturgia Viva del XV Domingo del Tiempo Ordinario
Saludo (Ver Segunda Lectura)
Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, nos ha escogido en él y con él para vivir en su presencia y para llevar a cabo su plan de reunirnos a todos en el mismo Cristo.
Que la gracia y la paz del Señor estén siempre con ustedes..
R/ Y con tu espíritu.
Introducción por el Celebrante (cuatro opciones)
1. No guardes la Palabra para Ti. Un buen test para conocer lo fuerte que es nuestra fe sería cuánto la queremos compartir con la gente que nos rodea. No podemos guardar para nosotros lo bueno, lo valioso, lo bello. Si el evangelio ha modelado nuestras vidas y sentimos que ha sido algo profundo y precioso para nosotros, ¿por qué no ha de ser Buena Noticia también para otros? No todos estamos llamados a ir afuera, a predicar de palabra el evangelio, pero sí todos estamos convocados a dejarlo hablar por sí mismo, por el modo cómo lo vivimos. En esta eucaristía pidamos al Señor que nos ayude a vivir profundamente y a expandir valientemente su Buena Nueva de salvación.
2. Que tu Vida refleje la Palabra de Dios La gente ordinaria, como tú y como yo, salimos al mundo con el mensaje de Jesús, sin otra cosa que ofrecer que la Buena Nueva del evangelio, y sin embargo el evangelio se ha expandido a lo largo y ancho del mundo. En los primeros siglos después de la venida de Jesús, la mayoría de los conversos eran ganados para el evangelio. cuando se percataban de ver cómo vivían los cristianos, cómo adoraban o daban culto a Dios y cómo se amaban y servían los unos a los otros. De esa manera vivieron y predicaron el corazón mismo del mensaje evangélico. ¿No será quizás esta sencillez y sinceridad de vida lo que precisamente necesitamos hoy en día? Con el Señor Jesús en medio de nosotros, le pedimos que nos inspire la mejor manera para dar a conocer su evangelio.
3. Habla en mi Nombre: Tú eres un Profeta ¿Quién de nosotros se atreve a alzarse y a hablar claro al ver en nuestra sociedad o en la comunidad local algo que va contra el evangelio y contra los genuinos valores humanos? El proclamar y extender el evangelio no siempre es bien acogido por la gente. Algunos fieles llegan incluso a protestar. Muchas veces los mensajeros necesitan valor y audacia, porque van a tener que disgustar a líderes políticos o económicos, quienes replicarán que el mensajero está mezclándose en política y que es un demagogo, cuando lo que hace es simplemente pedir justicia o defender y ser la voz de los pobres que no tienen voz. Pero, como cristianos comprometidos, no podemos quedar mudos, tenemos que hablar y luchar, porque Dios nos ha confiado su palabra. El profeta es literalmente un hombre que habla en nombre de Dios. En esta eucaristía pediremos al Señor Jesús, el profeta perseguido y eliminado, que nos dé valor y fortaleza.
4. Elegido por Dios en Cristo: No hemos sido nosotros quienes hemos escogido a Dios, sea porque él nos guste o porque se ajusta a nuestras ideas que tenemos de él, o finalmente porque parece que responde a nuestras aspiraciones. Es él quien nos ha elegido para que seamos sus hijos e hijas. Ha perdonado nuestros pecados y nos ha dado vida por medio de Jesucristo. Todo se nos ha dado gratuitamente; todo es gracia. ¡Qué ricos somos! Somos el pueblo de Dios llamado a darle gloria en nombre de todos los hombres, y a llevarle a él el mundo. Con Jesús damos gracias al Padre por habernos escogido como hijos en Cristo Jesús.
Acto Penitencial
Nuestras vidas han estado muy lejos de ser Buena Noticia de salvación para otros. Pidamos al Señor que nos perdone. (Pausa)
Señor Jesús: en ti hemos sido bendecidos con todo el amor y la gracia del cielo. Señor, ten piedad de nosotros.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.
Señor Jesús: en ti hemos sido elegidos para ser santos y sin mancha a los ojos de Dios. Cristo, ten piedad de nosotros.
R/ Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor Jesús: en ti el Padre nos ha escogido para vivir en su presencia por medio del amor. Señor, ten piedad de nosotros.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.
Tócanos con tu mano sanadora, Señor, y perdona todos nuestros pecados. Haznos libres y ricos en gracia y llévanos a la vida eterna. R/ Amén.
Oración Colecta
(1,2,3) Roguemos para que sepamos compartir con todos la Buena Noticia de Jesús, Señor nuestro.
(Pausa)
Dios de justicia y misericordia:
Tú nos has librado del mal del pecado por la vida, muerte y resurrección de tu Hijo Jesucristo, que es tu palabra viviente. Te pedimos que su vida y su mensaje nos inspiren siempre para expresar su verdad y llevar su libertad a todos los hermanos. No nos des otra certeza que la de proclamar su Buena Nueva y la de saber que nuestro compañero de camino es tu mismo Hijo, Jesucristo nuestro Señor.
R/ Amén.
(4) Elegidos por Dios en Cristo
Roguemos para que sepamos vivir la vida de los hijos e hijas de Dios.
(Pausa)
Bendito seas, Dios, Padre nuestro, porque nos has escogido en Cristo para ser tus hijos e hijas, liberados ya por la sangre de tu Hijo. Guárdanos siempre libres y danos la gracia de vivir una vida que refleje la Buena Nueva de salvación que nos trajo Jesús. Haz que nuestro espíritu de amor y servicio sean contagiosos, para que puedan inspirar y animar a nuestros hermanos y atraerlos a ti, nuestro Dios vivo y amoroso. Te lo pedimos en el nombre de Jesús el Señor. R/ Amén.
Primera Lectura:
El Señor me tomó y me envió (Am 7,12-15)
Amós tiene que proclamar el desagradable mensaje de Dios, la conversión, a un pueblo autosuficiente, que rinde a Dios un culto de simple palabrería. Y allá va Amós a proclamar.
Segunda Lectura:
Dios nos ha escogido en Cristo (Ef 1,3-14 ó 1,3-10)
Pablo da gracias a Dios por su plan de amor. Porque Dios ha escogido a todos para ser sus hijos por medio de la sangre de Cristo, y nos ha destinado a ser su pueblo y herederos de una felicidad eterna.
Evangelio:
Enviados para sanar y salvar (Mt 6,7-13)
Jesús envía a sus apóstoles, y a nosotros, sus discípulos hoy, a liberar a la gente de todos los poderes del mal que les vuelven menos humanos, y a sanarles de todas las enfermedades, tanto físicas, como espirituales y morales.
Oración de los Fieles
Nosotros, y todos los miembros de nuestras comunidades, somos llamados por el Señor para anunciar y dar a conocer la Buena Nueva de salvación. Oremos juntos los unos por los otros, para que sepamos responder al llamado de Dios de acuerdo con la gracia que nos da a cada uno de nosotros. Respondamos a cada petición:
R/ Aquí estamos, Señor, envíanos.
Señor, Amós era solamente un pastor y un podador de árboles, pero tú lo llamaste y pusiste tus palabras en su boca. Danos el valor de proclamar tu palabra. Por eso te decimos:
R/ Aquí estamos, Señor, envíanos.
Señor, Moisés y Jeremías eran tímidos y tartamudos, pero tú les llamaste para hablar claro, y dirigir a tu pueblo. Danos la gracia de proclamar tu palabra sin vacilación y sin miedo, incluso a los que no estén dispuestos a escucharla. Por eso te decimos:
R/ Aquí estamos, Señor, envíanos.
Señor, algunos de tus apóstoles eran solo simples pescadores, que estaban remendando sus redes, pero tú les llamaste para difundir el evangelio. Haznos intrépidos para proclamar tu palabra. Por eso te decimos:
R/ Aquí estamos, Señor, envíanos.
Señor, el apóstol y evangelista Mateo era un cobrador de impuestos detrás de una mesa, pero tú le llamaste para curar enfermos y arrojar demonios. Aunque estemos heridos interiormente, danos también la gracia de sanar a nuestros hermanos. Por eso te decimos:
R/ Aquí estamos, Señor, envíanos.
Señor, nosotros también en nuestras comunidades somos gente sencilla: empleados, amas de casa, oficinistas, estudiantes, sacerdotes, maestros, enfermeros, choferes… pero tú nos llamas a no tolerar la injusticia y la corrupción, la inmoralidad y la violencia, a defender y regenerar la dignidad humana de los pobres y marginados. Queremos que tú hables claro, Señor, a través de nosotros en favor de todo lo que es justo, bueno y recto. Por eso te decimos:
R/ Aquí estamos, Señor, envíanos.
Oh Dios, Padre nuestro: Que la vida y el mensaje de Jesús, su evangelio, nos inspiren de tal forma que estemos dispuestos a proclamar audazmente su verdad, y a llevar a todo el mundo su auténtica libertad, para que él sea el Señor de todos, ahora y por los siglos de los siglos.
R/ Amén.
Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro: No tenemos nada en qué confiar excepto en tu fuerza. Danos a tu propio Hijo Jesús en los signos de pan y vino. Ayúdanos a ser para el mundo de hoy testigos vivos de Jesús, con su mensaje de justicia y de esperanza. Que, mientras él parte y reparte el pan de sí mismo para nosotros, sepamos llevar alimento a los hambrientos y amor y verdad a los satisfechos, en el nombre de Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro por los siglos de los siglos.
R/ Amén.
Introducción a la Plegaria Eucarística
El Padre nos ha elegido en Cristo para ser sus hijos e hijas y para llevar a cabo su plan de salvación con Cristo y por medio de Cristo. Por todo esto le alabamos y le damos gracias.
Invitación al Padre Nuestro
El Padre nos ha elegido en Cristo para ser sus hijos queridos. Nos dirigimos a él y le damos gracias con las palabras del mismo Jesús:
R/ Padre Nuestro…
Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, de todos los males y concédenos la paz en nuestros días. Guárdanos santos y sin mancha para que vivamos en tu presencia por amor, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
R/ Tuyo es el reino…
Invitación a la Comunión
Este es Jesucristo, el Señor, que nos ha otorgado por su sangre el perdón de nuestros pecados y las riquezas de su gracia. Dichosos nosotros, invitados a esta santa cena de su amor.
R/ Señor, no soy digno…
Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro: Tú te has dado a nosotros en tu Hijo Jesucristo. No permitas que seamos posesivos, sino danos la gracia de percatarnos de que tu vida y tu amor son nuestros para siempre en la medida en que estemos sinceramente deseosos de crecer en ellos, y de compartirlos con nuestro prójimo. Danos esta actitud y convicción, así como la fuerza para ponerlos en práctica en nuestra vida, por medio de Jesucristo nuestro Señor. R/ Amén.
Bendición
Hermanos: Dios nos ha confiado su misión: la de llevar la Buena Nueva de su Hijo a un mundo autosuficiente y materializado, poco dispuesto a recibirle. Nosotros mismos, por nuestra parte, reconocemos que tantas veces somos testigos. pobres y mediocres. A pesar de ello, debemos proclamar el evangelio con la palabra y con nuestro estilo de vida. Que Dios mismo sea nuestra fuerza y que nos bendiga eficazmente para esta misión, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
Ligeros de equipaje
También en verano la Liturgia nos sigue iluminando. Porque es un tiempo para el descanso físico, sin descuidar el desarrollo espiritual. Por eso las iglesias no cierran. Y seguimos caminando con Jesús, para seguirle, como los Apóstoles. Aunque estemos en verano, conviene recordar varias cosas relativas a nuestra vida cristiana y a nuestro seguimiento de Jesús. De envío va el mensaje hoy. Y, que no se nos olvide, la Palabra siempre se refiere a nuestra vida.
El ambiente en los tiempos del profeta Amós no era especialmente agradable. En este libro profético, vemos un cuadro bastante pesimista de la situación de Israel. Bajo la apariencia de piedad, la realidad es que el pueblo se ha alejado de Dios. El Señor ha estado enviando avisos, y ¡no habéis vuelto a mí!, oráculo de Yahveh.” (Am 4,11)
El pobre Amós no era profeta. Era un cultivador de higos, al que le llega la llamada en medio de sus actividades. Y ya vimos la semana pasada que su tarea no fue fácil, porque le hicieron poco caso. Pero no dejó de ser señal, de recordar que Dios nunca abandona a sus fieles, aunque éstos lo abandonen a Él.
También hoy el ambiente es poco propicio. No “está de moda” hablar de Dios, confesar la fe e incluso llevar distintivos religiosos. Y, también hoy, hay muchos “profetas”, gente sencilla, que sigue diciendo lo que está bien y lo que está mal, y llevando el anuncio del Reino por todo el mundo.
Pablo lo recuerda, de otra manera: “Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos”. Es la Carta a los Efesios, que nos acompañará durante casi dos meses. Somos hijos de Dios, y Él está siempre de nuestro lado. Ese es el gran proyecto de Dios para la familia humana: que seamos la gran familia de los hijos de Dios; que actuemos entre nosotros como hermanos, no como extraños. El que nos ha llamado es fiel, y no nos defraudará.
Para nosotros, es importante recordar esto, porque también a nosotros nos ha elegido Jesús, de manera especial. A cada uno nos trata de forma particularísima y especialísima, sabe lo que pasa por nuestra cabeza y nuestro corazón, y también entiende como somos. Por eso nos llama, nos elige y nos da una tarea, Hay toda una vida por delante, para desarrollarla y alcanzar la felicidad.
Cuando descubrimos lo que Dios quiere de nosotros, viene la segunda parte cumplir con ello. Cristo nos envía, para que llevemos a cabo su voluntad. No estamos donde estampo por pura casualidad. La casualidad es el paso de Dios por nuestra vida. Pensar en el hecho de que el mismo Jesús nos quiere ahí, para hacer lo que hacemos, permite ver todo de otra manera. Nuestra misión no es cosa nuestra, es cosa de Dios. “Hágase en mí según Tu Palabra”, como lema de vida.
Somos elegidos por Dios y somos enviados por Él, como lo fue Jesús. Somos otro Jesús en medio de nuestro mundo. Estamos llamados a anunciar su Buena Noticia con nuestra manera de vivir. Seguramente encontraremos dificultades, rechazos. Quizá tendremos que decir cosas que no caigan bien, denunciar actitudes, injusticias. Quizá nos pase como al profeta Amós y nos digan: “vete a tu casa a predicar allí y métete en tus asuntos”. Amós, que era pastor de ovejas, contestó: “El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: Ve y profetiza a mi pueblo de Israel”. Y eso es lo que hizo. Y eso es lo que tendremos que hacer también nosotros.
Los discípulos de Jesús salieron a la misión con poco equipaje. No se trata de impresionar con los medios utilizados, o con la fuerza o el poder de las personas que anuncian, sino con el mensaje que intentan transmitir: el Reino de Dios ya está entre nosotros, y los discípulos, testigos de su crecimiento, actuarán con los poderes del mismo Cristo. Como hizo el Bautista, apelan a la conciencia de cada uno, para que todos se conviertan, renuncien a lo que les separa de Dios, y abran los ojos a su Luz. Ese anuncio se hace por medio de personas débiles, como lo somos nosotros, pero respaldadas por la llamada divina.
Es una tarea dura, porque se trata de “proponer”, no de “imponer”. Cada uno es cada uno, y muchos renuncian a la posibilidad de cambiar. Decía la canción: “déjame en paz, que no me quiero salvar, que en el infierno no estoy tan mal”. Muchos siguen pensando así. Pero a nosotros nos corresponde anunciarles el mensaje, para que, por lo menos, tengan la ocasión de cambiar.
Cada vez que rezamos el “Padrenuestro”, cada vez que celebramos la Eucaristía, estamos recordando que somos todos hermanos. El mismo Dios nos prepara la mesa, comparte su Palabra y nos regala los dones que le presentamos. Y, al final (“Ite, Missa est”) nos envía a ser testigos. Que no se nos olvide nunca que somos cristianos las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana. No sólo durante el tiempo que dure la Eucaristía. Incluso en verano.
Todos debemos continuar dejando signos, señales del Reino de Dios. No a todos se les ha dado el poder de expulsar demonios y curar enfermos, pero todos podemos ayudar a los que tenemos cerca a superar sus miedos, a librarse de supersticiones y falsas imágenes de Dios, a vivir su fe de modo más libre. Y todos podemos servir a los enfermos, acompañarlos, escucharlos y llevarlos un poco de consuelo. Así seremos testigos, servidores de la vida. Para que el mundo a nuestro alrededor sea un poco mejor.
Anunciamos al Dios de la vida, al Dios del amor, que ama la vida y no odia nada de lo que ha creado, como nos recuerda el viejo libro de la Sabiduría. Lo hemos de anunciar con nuestras palabras; lo hemos de anunciar sobre todo con nuestra forma de vivir.
EVANGELIO
Los fue enviando.
+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 6,7-13
En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto.
Y añadió: - «Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio.
Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.»
Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.
Palabra de Dios.
NUEVA ETAPA EVANGELIZADORA
El papa Francisco nos está llamando a una «nueva etapa evangelizadora marcada por la alegría de Jesús». ¿En qué puede consistir? ¿Dónde puede estar su novedad? ¿Qué hemos de cambiar? ¿Cuál fue realmente la intención de Jesús al enviar a sus discípulos a prolongar su tarea evangelizadora?
El relato de Marcos deja claro que solo Jesús es la fuente, el inspirador y el modelo de la acción evangelizadora de sus seguidores. No harán nada en nombre propio. Son «enviados» de Jesús. No se predicarán a sí mismos: solo anunciarán su Evangelio. No tendrán otros intereses: solo se dedicarán a abrir caminos al reino de Dios.
La única manera de impulsar una «nueva etapa evangelizadora marcada por la alegría de Jesús» es purificar e intensificar esta vinculación con Jesús. No habrá nueva evangelización si no hay nuevos evangelizadores, y no habrá nuevos evangelizadores si no hay un contacto más vivo, lúcido y apasionado con Jesús. Sin él haremos todo menos introducir su Espíritu en el mundo.
Al enviarlos, Jesús no deja a sus discípulos abandonados a sus fuerzas. Les da su «poder», que no es un poder para controlar, gobernar o dominar a los demás, sino su fuerza para «expulsar espíritus inmundos», liberando a las personas de lo que las esclaviza, oprime y deshumaniza.
Los discípulos saben muy bien qué les encarga Jesús. Nunca lo han visto gobernando a nadie. Siempre lo han conocido curando heridas, aliviando el sufrimiento, regenerando vidas, liberando de miedos, contagiando confianza en Dios. «Curar» y «liberar» son tareas prioritarias en la actuación de Jesús. Darían un rostro radicalmente diferente a nuestra evangelización.
Jesús los envía con lo necesario para caminar. Según Marcos, solo llevarán bastón, sandalias y una túnica. No necesitan de más para ser testigos de lo esencial. Jesús los quiere ver libres y sin ataduras; siempre disponibles, sin instalarse en el bienestar; confiando en la fuerza del Evangelio.
Sin recuperar este estilo evangélico, no hay «nueva etapa evangelizadora». Lo importante no es poner en marcha nuevas actividades y estrategias, sino desprendernos de costumbres, estructuras y servidumbres que nos están impidiendo ser libres para contagiar lo esencial del Evangelio con verdad y sencillez.
En la Iglesia ha perdido ese estilo itinerante que sugiere Jesús. Su caminar es lento y pesado. No sabemos acompañar a la humanidad. No tenemos agilidad para pasar de una cultura ya pasada a otra actual. Nos agarramos al poder que hemos tenido. Nos enredamos en intereses que no coinciden con el reino de Dios. Necesitamos conversión.
EVANGELIZACIÓN NUEVA
En la Iglesia se siente hoy la necesidad de una nueva evangelización. ¿En qué puede consistir? ¿Dónde puede estar su novedad? ¿Qué hemos de cambiar? ¿Cuál fue realmente la intención de Jesús al enviar a sus discípulos a prolongar su tarea evangelizadora?
El relato de Marcos deja claro que solo Jesús es la fuente, el inspirador y el modelo de la acción evangelizadora de sus seguidores. Estos actuarán con su autoridad. No harán nada en nombre propio. Son "enviados" de Jesús. No se predicarán a sí mismos: solo anunciarán su Evangelio. No tendrán otros intereses: solo se dedicarán a abrir caminos al reino de Dios.
La única manera de impulsar una "nueva evangelización" es purificar e intensificar esta vinculación con Jesús. No habrá nueva evangelización si no hay nuevos evangelizadores, y no habrá nuevos evangelizadores si no hay un contacto más vivo, lúcido y apasionado con Jesús. Sin él haremos todo menos introducir su Espíritu en el mundo.
Al enviarlos, Jesús no deja a sus discípulos abandonados a sus fuerzas. Les da su "autoridad", que no es un poder para controlar, gobernar o dominar a los demás, sino su fuerza para "expulsar espíritus inmundos", liberando a las gentes de lo que esclaviza, oprime y deshumaniza a las personas y a la sociedad.
Los discípulos saben muy bien qué les encarga Jesús. Nunca lo han visto gobernando a nadie. Siempre lo han conocido curando heridas, aliviando el sufrimiento, regenerando vidas, liberando de miedos, contagiando confianza en Dios. "Curar" y "liberar" son tareas prioritarias en la actuación de Jesús. Darían un rostro radicalmente diferente a nuestra evangelización.
Jesús los envía con lo necesario para caminar. Según Marcos, solo llevarán "bastón, sandalias y una túnica". No necesitan de más para ser testigos de lo esencial. Jesús los quiere ver libres y sin ataduras; siempre disponibles, sin instalarse en el bienestar; confiando en la fuerza del Evangelio.
Sin recuperar este estilo evangélico, no hay nueva evangelización. Lo importante no es poner en marcha nuevas actividades y estrategias, sino desprendernos de costumbres, estructuras y servidumbres que nos están impidiendo ser libres para contagiar lo esencial del Evangelio con verdad y sencillez.
La Iglesia ha perdido ese estilo itinerante que sugiere Jesús. Su caminar es lento y pesado. No acierta a acompañar a la humanidad. No tenemos agilidad para pasar de una cultura a otra. Nos agarramos al poder que hemos tenido. Nos enredamos en intereses que no coinciden con el reino de Dios. Necesitamos conversión.
PARA UN EXAMEN COLECTIVO
Los fue enviando de dos en dos.
Jesús no envía a sus discípulos de cualquier manera. Para colaborar en su proyecto del reino de Dios y prolongar su misión es necesario cuidar un estilo de vida. Si no es así, podrán hacer muchas cosas, pero no introducirán en el mundo su espíritu. Marcos nos recuerda algunas recomendaciones de Jesús. Destacamos algunas.
En primer lugar, ¿quiénes son ellos para actuar en nombre de Jesús? ¿Cuál es su autoridad? Según Marcos, al enviarlos, Jesús «les da autoridad sobre los espíritus inmundos». No les da poder sobre las personas que irán encontrando en su camino. Tampoco él ha utilizado su poder para gobernar sino para curar.
Como siempre, Jesús está pensando en un mundo más sano, liberado de las fuerzas malignas que esclavizan y deshumanizan al ser humano. Sus discípulos introducirán entre las gentes su fuerza sanadora. Se abrirán paso en la sociedad, no utilizando un poder sobre las personas, sino humanizando la vida, aliviando el sufrimiento de las gentes, haciendo crecer la libertad y la fraternidad.
Llevarán sólo «bastón» y «sandalias». Jesús los imagina como caminantes. Nunca instalados. Siempre de camino. No atados a nada ni a nadie. Sólo con lo imprescindible. Con esa agilidad que tenía Jesús para hacerse presente allí donde alguien lo necesitaba. El báculo de Jesús no es para mandar, sino para caminar.
No llevarán «ni pan, ni alforja, ni dinero». No han de vivir obsesionados por su propia seguridad. Llevan consigo algo más importante: el Espíritu de Jesús, su Palabra y su Autoridad para humanizar la vida de las gentes. Curiosamente, Jesús no está pensando en lo que han de llevar para ser eficaces, sino en lo que no han de llevar. No sea que un día se olviden de los pobres y vivan encerrados en su propio bienestar.
Tampoco llevarán «túnica de repuesto». Vestirán con la sencillez de los pobres. No llevarán vestiduras sagradas como los sacerdotes del Templo. Tampoco vestirán como el Bautista en la soledad del desierto. Serán profetas en medio de la gente. Su vida será signo de la cercanía de Dios a todos, sobre todo, a los más necesitados.
¿Nos atreveremos algún día a hacer en el seno de la Iglesia un examen colectivo para dejarnos iluminar por Jesús y ver cómo nos hemos ido alejando sin darnos casi cuenta de su espíritu?
LO QUE NO DEBEMOS LLEVAR
Ni pan ni alforja.
Los cristianos nos preocupamos mucho de que la Iglesia cuente con medios adecuados para cumplir eficazmente su tarea: recursos económicos, poder social, plataformas eficientes. Nos parece lo más normal. Sin embargo, cuando Jesús envía a sus discípulos a prolongar su misión, no piensa en lo que deben llevar consigo, sino precisamente en lo contrario: lo que no deben llevar.
El estilo de vida que les propone es tan desafiante y provocativo que pronto las generaciones cristianas lo suavizaron. ¿Qué hemos de hacer hoy con estas palabras de Jesús?, ¿borrarlas del evangelio?, ¿olvidarlas para siempre?, ¿tratar de ser también hoy fieles a su espíritu?
Jesús pide a sus discípulos que no tomen consigo dinero ni provisiones. El «mundo nuevo» que él busca no se construye con dinero. Su proyecto no lo sacarán adelante los ricos, sino gente sencilla que sepa vivir con pocas cosas porque han descubierto lo esencial: el reino de Dios y su justicia.
No llevarán siquiera zurrón, al estilo de los filósofos cínicos que llevaban colgando del hombro una bolsa donde guardaban las limosnas para asegurarse su futuro. La obsesión por la seguridad no es buena. Desde la tranquilidad del bienestar no es fácil crear el reino de Dios como un espacio de vida digna para todos.
Sus seguidores irán descalzos, como las clases más oprimidas de Galilea. No llevarán sandalias. Tampoco túnica de repuesto para protegerse del frío de la noche. La gente los debe ver identificados con los últimos. Si se alejan de los pobres, no podrán anunciar la Buena Noticia de Dios a los más necesitados.
Para los seguidores de Jesús no es malo perder el poder, la seguridad y el prestigio social que hemos tenido cuando la Iglesia lo dominaba todo. Puede ser una bendición si nos conduce a una vida más fiel a Jesús. El poder no transforma los corazones; la seguridad del bienestar nos aleja de los pobres; el prestigio nos llena de nosotros mismos.
Jesús imaginaba a sus seguidores de otra manera: liberados de ataduras, identificados con los últimos, con la confianza puesta totalmente en Dios, curando a los que sufren, buscando para todos la paz. Sólo así se introduce en el mundo su proyecto.
EN MINORÍA
Ni pan ni alforja.
No le va a ser fácil a la Iglesia aprender a «vivir en minoría», en medio de una sociedad secularizada y pluralista. Después de haber sido la religión oficial del Imperio romano y haber ejercido durante siglos un poder hegemónico en occidente, no acierta a caminar sin el apoyo de algún «poder» que le permita actuar desde un nivel de superioridad.
Sin embargo, es bueno para la Iglesia ir perdiendo poder económico y político pues ese despojamiento la va acercando de nuevo hacia el movimiento que puso en marcha Jesús cuando envió a sus discípulos de dos en dos, sin alforjas, sin dinero ni túnica de repuesto, y con una sola misión: «predicar la conversión».
La intención original de Jesús es clara. No necesita de ricos que sostengan su proyecto. Basta con gente sencilla que sabe vivir con pocas cosas pues ha descubierto lo esencial: la importancia de construir una sociedad más humana y digna acogiendo a un Padre de todos.
Jesús no quiso dejar el Evangelio en manos del dinero. Le horrorizaba «acumular tesoros en la tierra». Tarde o temprano, el dinero se convierte en signo de poder, de seguridad, de ambición y dominio sobre los demás. El dinero le resta credibilidad al evangelio. Desde el poder económico no se puede predicar la conversión que necesita nuestra sociedad ni crear un espacio de solidaridad para todos.
Por otra parte, Jesús no necesita de poderosos que protejan la misión de sus discípulos. No cree en el poder como fuerza transformadora. El poder suele ir acompañado de autoritarismo impositivo y no es capaz de cambiar los corazones. Jesús cree en el servicio humilde de los que buscan una sociedad mejor para todos.
Por eso, no quiso dejar el evangelio en manos del poder. Él mismo nunca se impone por la fuerza, no gobierna, no controla, no vigila. En su comunidad, «quien quiera ser el mayor se ha de hacer servidor». Jesús no encumbra a sus discípulos dándoles un poder sobre los demás. Desde el poder no se puede impulsar la transformación evangélica que necesitamos entre nosotros.
AUTORIDAD
… dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos.
Según los expertos, el poder y la autoridad están sufriendo en la sociedad informatizada de estos tiempos, cambios de cuyas consecuencias no somos todavía conscientes. Tanto en las sociedades civiles como en las religiosas, la autoridad tiene cada vez más poder para controlar e imponer un pensamiento único.
Los medios tecnológicos permiten hoy una centralización fuerte y eficaz. Se cuenta con dictámenes informatizados, es fácil la supervisión inmediata, las órdenes son instantáneas y universales. Al mismo tiempo, la autoridad se hace cada vez más invisible, los despachos últimos son inaccesibles, no se sabe exactamente de dónde parten las disposiciones.
Se tiende poco a poco a la supresión de todo diálogo real. Cada vez es más rara la comunicación para buscar juntos una solución común a problemas comunes. Cada vez es más difícil el debate y la discrepancia. Hay algunos que piensan y hablan por todos. No se puede pensar o decir nada diferente excepto en temas de importancia secundaria.
Sin embargo, es peligroso que la sociedad civil o religiosa se deje guiar ciegamente por los que detentan el poder. Es necesario más que nunca el diálogo, la mutua escucha, la luz que nace del contraste, la búsqueda común. «Autoridad» es una palabra muy noble. Proviene del latín «augere» (hacer crecer) y, en sus inicios, indicaba la capacidad para hacer crecer a los demás, para hacerlos más adultos y más capaces de una vida digna. Hoy, por el contrario, significa casi siempre, «control», «poder», «gobierno», «imposición». Éste es tal vez nuestro infortunio: necesitamos personas con autoridad y sólo contamos con personas poderosas.
Jesús no gobernó sobre nadie. No impuso nada por la fuerza. Nunca utilizó el poder para controlar a sus seguidores. Jamás excluyó a nadie. Fue libre. Escuchaba a los mendigos ciegos y a los soldados extranjeros, se negaba a castigar a las adúlteras y pedía a Pedro «perdonar hasta setenta veces siete». Ponía vida en las personas, y sensatez y justicia en la sociedad. No ostentó ningún poder oficial pero, según las gentes, actuaba «como quien tiene autoridad». Por eso, cuando envía a sus discípulos a evangelizar, Marcos nos dice que «les dio autoridad sobre los espíritus inmundos», es decir, les dio poder para liberar del mal, no para dominar y controlar a las personas.
AL SERVICIO DEL EVANGELIO
Salieron a predicar la conversión.
La diócesis de San Sebastián ha presentado un documento titulado Una Iglesia al servicio del Evangelio, que va a orientar su trabajo pastoral en los próximos años. Tiempo habrá para ahondar en este importante escrito donde se plasma el perfil de Iglesia que servirá de referencia para los planes y programas de la diócesis donostiarra. Hoy sólo quiero apuntar los seis rasgos que la definen.
Renovada por el Espíritu. El punto de arranque de todo es la renovación espiritual de la misma diócesis. No basta mejorar la organización o intensificar el trabajo. El «gozo de creer» y «la audacia para evangelizar» sólo se reavivan desde la fuerza del Espíritu y la adhesión a Cristo. La diócesis quiere cuidar de forma prioritaria la vuelta al evangelio, la celebración de la eucaristía dominical y cuanto ayude a despertar la experiencia religiosa.
Al servicio del Evangelio. Es el objetivo primero de la diócesis: comunicar el evangelio de Cristo al hombre y la mujer de hoy escuchando sus interrogantes y problemas. Esto exigirá cuidar más el testimonio y el compromiso cristiano en los diferentes ámbitos de la vida. Esta Iglesia quiere ser respetuosa con quienes se han alejado de ella, pero, también cercana a todo el que busca a Dios sinceramente.
Acogedora y cercana. La diócesis quiere ser una Iglesia «acogedora y cercana», que escuche y acompañe a los hombres y mujeres de hoy implicándose más en sus problemas e interrogantes. La diócesis se marca, sobre todo, un doble objetivo: cuidar la acogida a «los jóvenes» y «promover el apoyo a la familia».
Junto a los que sufren. Ahí quiere encontrar la diócesis su verdadero lugar social. Sólo desde la solidaridad con los maltratados por la vida y con las víctimas de las injusticias podrá ser testigo de Cristo y signo de esperanza. Por otra parte, la diócesis no quiere mirar sólo a Europa, pues se siente interpelada por los pobres del Sur.
Trabajando por la paz. La diócesis «quiere ser ahora más que nunca una Iglesia que ora, educa y trabaja por la reconciliación y la convivencia pacífica». Su contribución a la paz se centrará, sobre todo, en la defensa de los derechos humanos, el apoyo a las vías pacíficas para resolver los conflictos, y la promoción del respeto, la tolerancia y el mutuo perdón.
En comunión fraterna. La diócesis quiere desarrollar «formas nuevas y más fraternas de relación, apoyo mutuo y colaboración» entre laicos, religiosos y presbíteros. Es urgente, por otra parte, cuidar la pastoral vocacional e impulsar la participación de los laicos y laicas en tareas de coordinación y dirección.
No es una tarea fácil, pero es nuestra misión hoy. Después de veinte siglos de fe cristiana nos sentimos en medio de esta sociedad sucesores de aquellos discípulos que, enviados por Jesús, «salieron a predicar la conversión» (Marcos 6, 13).
LOS DINEROS DE LA IGLESIA
Ni alforja ni dinero en la faja.
A lo largo de su historia, la economía de la Iglesia ha oscilado entre extremos tan alejados entre sí como la pobreza radical de san Francisco de Asís y las órdenes mendicantes o la compraventa de beneficios eclesiásticos.
Hoy, los dineros de la Iglesia siguen siendo objeto de fuertes críticas. Pero, afortunadamente, ni la Iglesia es tan rica como se piensa, ni las criticas que se le hacen se basan siempre en datos reales. Al contrario, aunque hay aspectos criticables, se van dando pasos importantes hacia una situación económica más coherente con su misión evangelizadora.
Así, cada vez es mayor la participación de los seglares en la gestión de los bienes de la Iglesia, de manera que son ellos quienes mayoritariamente forman los consejos económicos de las diócesis y quienes administran la economía de las parroquias.
Por otra parte, se van poniendo los medios adecuados para ofrecer una información transparente de los ingresos y gastos. De hecho, son cada vez más las diócesis y parroquias que informan periódicamente de su estado de cuentas y del destino concreto de las aportaciones de los fieles.
Han desaparecido de manera casi general aquellas celebraciones de funerales y bodas con mayor o menor solemnidad según tarifas más o menos elevadas. Se busca una celebración digna para todos, mientras las tasas son sustituidas por aportaciones voluntarias.
En muchas diócesis, se ha logrado la equiparación económica de todos los sacerdotes. Ya no existe aquella especie de jerarquía honorífica y económica. No hay parroquias de primera o segunda clase. Todos los sacerdotes, cualquiera que sea su cargo, perciben la misma cantidad para su sustento.
Por otra parte, hay que seguir dando pasos hacia la autofinanciación de la Iglesia prescindiendo de la subvención estatal. Sin duda, es legítimo que el Estado asigne una dotación a la Iglesia por el servicio que presta a la sociedad en el orden religioso. Como dice L. González-Carvajal, «el argumento de que no todos los ciudadanos son creyentes carece de valor Tampoco a todos los ciudadanos les interesa el teatro o el fútbol, y el Estado hace bien en subvencionarlos». Pero la autofinanciación plena de la Iglesia aseguraría mejor su libertad e independencia, haría crecer en los creyentes el sentido de pertenencia y contribuiría a purificar la actuación y el testimonio de las comunidades cristianas.
Sin duda, hay un largo camino que recorrer en muchos aspectos. En la Iglesia hemos de escuchar la verdad que se puede encerrar en las críticas que se nos hacen, pero, sobre todo, hemos de saber extraer las debidas exigencias de ese mandato de Jesús que envía a sus discípulos a evangelizar «sin alforja, sin dinero y sin túnica de repuesto».
NO BASTA PASARLO BIEN
Predicar la conversión.
Sociólogos y siquiatras describen en sus análisis los rasgos que parecen definir cada vez de manera más clara el perfil del hombre contemporáneo. Sin duda, no todo es negativo. Lo que resulta, tal vez, más preocupante es el vaciamiento y la degradación de la vida que constatan en muchas personas.
Según diferentes estudios, el hombre de hoy es cada vez más indiferente a “lo importante” de la vida. Apenas le interesan las grandes verdades de la existencia. No tiene certezas firmes ni convicciones profundas. Es cierto que busca mucha información para saber lo que está pasando. Pero esto no le ayuda a formarse ni a ser más sabio y profundo. Recibe noticias, pero le falta capacidad para hacer una síntesis de lo que le llega.
Se trata, al mismo tiempo, de un hombre cada vez más hedonista. Sólo le interesa de verdad organizarse de la manera más placentera posible. Aprovecharse, disfrutar de la vida y sacarle jugo. La vida es placer y si no, no es vida. A este hombre le cuesta cada vez más, interesarse por algo que no sea su propio bienestar, su dinero o el pasarlo bien.
Otro rasgo es la permisividad. Cada vez es mayor la resistencia a aceptar códigos o normas de comportamiento. Es bueno lo que me apetece, y malo lo que me disgusta. Eso es todo. No hay prohibiciones ni terrenos vedados. No hay tampoco objetivos ni ideales mayores. Lo importante es el pragmatismo: lo que a mí me va bien.
Mientras tanto, la vida se va vaciando de verdadero contenido humano. El hombre se queda sin metas ni puntos de referencia. Las personas tienen cada vez más fachada y menos vida interior. Los valores humanos son sustituidos por los intereses de cada uno. Al sexo se le llama amor; al placer, felicidad; a la información televisiva, cultura.
Pero el hombre es demasiado grande para contentarse con cualquier cosa. No pocos analistas toman nota del número creciente de personas que, cansadas de vivir una vida tan “rebajada”, buscan algo diferente.
Es difícil vivir una vida que no apunta a ninguna meta. No basta tampoco pasarlo bien. El hombre necesita arriesgarse y crecer comprometiéndose en causas nobles y dignas. La vida se hace insoportable cuando todo se reduce a fachada y frivolidad. Estamos hechos también para cultivar el espíritu y la alegría interior.
Una vida hueca y superficial es siempre una vida vulnerable. Tarde o temprano lleva al cansancio. Hay mucha gente hoy cansada de vivir, pero no como consecuencia de sus compromisos y tareas sino porque no pueden soportar ya su propio vacío.
Esta sociedad necesita dar un giro radical. Hay que “predicar la conversión”, impulsar el cambio, pero, sobre todo, hay que introducir en la cultura moderna y en la convivencia social valores, actitudes y comportamientos que nos hagan más humanos.
LIBROS PARA EL VERANO
Un bastón para el camino.
No sé si Jesús que recomendaba a sus discípulos “llevar un bastón para el camino» no aconsejaría hoy a los suyos un buen libro como compañero de viaje.
En cualquier caso, el descanso veraniego puede ser buena ocasión para una lectura reposada y relajante que oxigene nuestro espíritu.
Voy a señalar algunos libros sencillos, de fácil lectura, seleccionados con diversidad de criterios y con el único fin de ofrecer un modesto servicio de orientación.
Comienzo por sugerir, incluso a personas poco acostumbradas a leer, los libros de Phil Bosmans. Pueden ser una inyección de energía, serenidad y alegría de vivir para quienes se sientan cansados interiormente y desalentados: “La alegría de vivir”; “Sí a la vida “; “El derecho al amor”; “Las flores del bien”. Todos ellos publicados por Ediciones 29.
Entre la inmensa literatura existente sobre la oración, me decido por dos pequeños libros de Jean Lafrance porque pueden conducir espontáneamente al lector a un clima de oración: “Cuando oréis, decid Padre” y “La oración del corazón”. Ambos en Ediciones Narcea.
Para quienes buscan a Dios en el interior mismo de la vida, apunto dos preciosos libros del pensador rumano Ladislao Boros, el segundo de carácter meditativo: “Experimentar a Dios en la vida” (Herder); “Encontrar a Dios en el hombre” (Ed. Sígueme).
Los cristianos hemos de vivir hoy la fe en un clima inhóspito de increencia. Dos buenos libros pueden ayudar al creyente turbado: “Ante el reto de la increencia” de los Obispos del País Vasco (Ed. Idatz) y el reciente estudio de Juan Martín Velasco: “Increencia y evangelización” (Ed. Sígueme).
A quien desee conocer una buena síntesis de la fe católica escrita por selecto equipo de teólogos y pedagogos para el hombre de hoy le recomiendo sin dudar “La fe de los católicos” de B. Chenu y F. Coudreau (Ed. Sígueme). Es una obra extensa (750 páginas) pero de fácil lectura.
Cada edad tiene sus problemas peculiares. Quienes rondan los cincuenta no se arrepentirán de leer el sugerente librito “La mitad de la vida como tarea espiritual’ de A. Grün (Ed. Narcea). Para ios de edad más avanzada, un sabroso libro: “Nuestros abuelos” de A. Francia (Ed. Paulinas).
A quienes me honran con su lectura les recuerdo que todos mis artículos están recopilados en dos libros editados por Idatz, con unos índices que permiten una lectura por temas. Se titulan: “Aprender a vivir” y “Buenas noticias”.
SIN APOYO SOCIAL
Ni pan ni alforja
¿Cómo podría la Iglesia recuperar su prestigio social y ejercer de nuevo aquella influencia que tuvo en nuestra sociedad hace solamente algunos años?
Sin confesarlo, quizás, en voz alta, son bastante los que añoran aquellos tiempos en que la Iglesia podía anunciar su mensaje desde unas plataformas privilegiadas que contaban con el apoyo del poder político.
¿ No hemos de luchar por recuperar otra vez esas plataformas perdidas que nos permitan hacer «una propaganda» religiosa y moral, eficaz, capaz de superar otras ideologías y corrientes de opinión que se van imponiendo entre nosotros?
¿No hemos de trabajar más la formación sólida de los cristianos para que, bien equipados en la doctrina cristiana, puedan transmitirla de manera persuasiva y convincente, atrayendo de nuevo a las gentes hacia la verdad?
¿No hemos de desarrollar unas estructuras religiosas más fuertes, perfeccionar nuestros organismos pastorales y hacer de la Iglesia una «empresa más competitiva y rentable»?
Sin duda, en el fondo de esta inquietud hay una voluntad sincera de llevar el evangelio de Jesucristo a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, pero ¿es ése el camino a seguir?
Las palabras de Jesús, al enviar a sus discípulos sin pan ni alforja, sin dinero ni túnica de repuesto, insisten más bien en «caminar» pobremente, con libertad, ligereza y disponibilidad total.
Lo importante no es un equipamiento que nos dé seguridad sino la fuerza misma del evangelio vivido con sinceridad, pues el evangelio penetra en la sociedad no tanto a través de medios eficaces de propaganda, cuanto por medio de testigos que viven fielmente el seguimiento a Jesucristo.
Necesitamos cristianos bien formados doctrinalmente, pero necesitamos, mucho más, testigos vivos del evangelio. Son necesarias en la Iglesia la organización y las estructuras, pero sólo para sostener la vida evangélica de los creyentes.
Una Iglesia cargada de excesivo equipaje corre el riesgo de hacerse sedentaria y conservadora. A la larga se preocupará más de abastecerse a sí misma que de caminar libremente en el evangelio.
Una Iglesia más desguarnecida, más desprovista de privilegios y más empobrecida de poder socio-político, es una Iglesia más libre y más capaz de ofrecer el evangelio en su verdadera pureza.
CON POCAS COSAS
Ni pan, ni alforjas.
¿Qué ha podido pasar para distanciarnos tanto de aquel proyecto inicial de Jesús? ¿Dónde ha quedado el encargo del Maestro? ¿Quién sigue escuchando hoy su deseo?
Pocos gestos nos descubren mejor la intención original de Jesús como éste que nos relata el pasaje evangélico de hoy. Jesús envía a sus discípulos de dos en dos, sin alforjas, dinero ni túnica de repuesto, con una única misión: «predicar la conversión».
Basta un amigo, un bastón y unas sandalias, para adentrarse por los caminos de la vida anunciando a todos ese cambio que necesitamos para descubrir el secreto último de la vida y el camino hacia la verdadera liberación.
No desvirtuemos el encargo de Jesús rápidamente. No pensemos que se trata de una utopía ingenua, propia quizás de una sociedad seminómada ya superada, pero imposible en un mundo como el nuestro.
Aquí hay algo que no podemos eludir. El evangelio es anunciado por aquéllos que saben vivir con sencillez. Hombres y mujeres libres, que conocen el gozo de caminar por la vida sin sentirse esclavos de las cosas.
No son ios poderosos, los financieros, los tecnócratas, los grandes estrategas de la política, los que van a construir sin más un mundo más humano.
No son las conferencias, las protestas y manifestaciones las que van a lograr una mejora profunda de nuestra sociedad.
Esta sociedad necesita descubrir que hay que volver a las cosas sencillas de la vida. No basta con aumentar la producción y alcanzar un mayor nivel de vida. No es suficiente ganar siempre más, comprar más y más cosas, lograr siempre mejores comodidades.
Puede uno poseer todo lo que se puede desear, y permanecer todavía insatisfecho. Si seguimos esclavos del reclamo propagandístico de la televisión, pronto no habrá nadie contento con lo que tiene.
-Esta sociedad necesita como nunca el impacto de hombres y mujeres que sepan vivir con pocas cosas. Creyentes capaces de demostrar que la felicidad no está en acumular bienes.
Alguien que nos recuerde que no somos ricos cuando poseemos muchas cosas, sino cuando sabemos disfrutarlas con sencillez y compartirlas con generosidad. Alguien que nos grite con su vida que un hombre que no sabe amar es un cero colosal, un fracaso total, por muchos que sean sus bienes y sus éxitos.
Quienes viven una vida sencilla y una solidaridad generosa son los que mejor predican hoy la conversión que más necesita nuestra sociedad.
BRUNO MAGGIONI
-La Misión. Los doce habían sido escogidos para que "estuvieran con él y enviarlos a predicar" (3, 14-15). En los capítulos anteriores les hemos visto separarse de la gente y seguir a Jesús, escuchar y aprender, vivir en comunidad con él; ahora (6, 7-13) Marcos nos muestra la otra dimensión del discípulo, la misionera. Las pocas palabras de Marcos (versículos 7-13) son muy densas del significado y constituyen, dentro de su brevedad, una especie de regla misionera.
Para describir la misión de los discípulos usa Marcos las mismas palabras que utiliza a través de todo el evangelio para describir la misión de Jesús: predicaban la conversión, curaban a los enfermos, echaban a los demonios (versículos 12-13). La misión de los discípulos depende totalmente de la de Cristo y encuentra en ella su motivación y su modelo. Cristo supone en el discípulo esta triple conciencia: conciencia del origen divino de su misión ("los envió"), esto es, de una actividad querida por otro y no decidida por nosotros mismos; de un proyecto en que estamos metidos pero sin ser nosotros los directores de escena; la conciencia de salir de si mismo y de ir a otro sitio, a lugares nuevos, continuamente de viaje; la conciencia finalmente de poseer un mensaje nuevo y alegre que comunicar a los demás.
Obsérvese la insistencia en la pobreza como condición indispensable para la misión: ni pan, ni morral, ni dinero, sino sólo calzado corriente, un bastón y un solo manto (versículos 8-9). Se trata de una pobreza que es fe, libertad y ligereza. Ante todo, libertad y ligereza; un discípulo cargado de equipaje se hace sedentario, conservador, incapaz de captar la novedad de Dios y demasiado hábil para encontrar mil razones utilitarias y considerar irrenunciable la casa donde se ha instalado y de la que no quiere salir (¡demasiadas maletas que hacer y demasiadas seguridades a las que renunciar!). Pero la pobreza es también fe; es la señal de que uno no confía en sí mismo, de que no quiere estar asegurado a todo riesgo.
Hay finalmente un tercer aspecto que no es posible olvidar: la atmósfera "dramática" de la misión. Quizás sea ésta la nota dominante de todo el capítulo. Está la dramaticidad de la repulsa y la dramaticidad de la contradicción. Dos sufrimientos que el discípulo tiene que arrastrar con valentía. La repulsa está ya prevista (versículo 11): la palabra de Dios es eficaz, pero a su modo. El discípulo tiene que proclamar el mensaje y jugárselo todo en él.
Pero tiene que dejar en manos de Dios el resultado. Al discípulo se le ha confiado una tarea, pero no se le ha garantizado el resultado. La otra dramaticidad, la de la contradicción, todavía es más interior a la naturaleza misma de la misión. El anuncio del discípulo no es una instrucción teórica, sino una palabra que actúa, en la que se hace presente el poder de Dios, una palabra que compromete y frente a la cual es preciso tomar una postura. Por tanto, es una palabra que sacude, que suscita contradicciones, que parece llevar la división en donde había paz, el desorden en donde había tranquilidad. La misión es, como dice Marcos, una lucha contra el maligno; donde llega la palabra del discípulo, Satanás no tiene más remedio que manifestarse, tienen que salir a la luz el pecado, la injusticia, la ambición; hay que contar con la oposición y con la resistencia. Por eso el discípulo no es únicamente un maestro que enseña, sino un testigo que se compromete en la lucha contra Satanás de parte de la verdad, de la libertad y del amor.
JUANJO MARTÍNEZ
-¿QUE ES SER CRISTIANO?
Las lecturas de hoy, la profética y la evangélica, nos pueden permitir hacer algo así como un retrato-robot de la identidad del cristiano a partir de los rasgos fundamentales que caracterizan la misión apostólica. Porque el cristiano, seguidor de Jesucristo, incluso antes de llamarse así, era aquél que, desde la fe en Jesucristo como Señor, tomaba un nuevo camino y se ponía en marcha para anunciar la Buena Noticia del Reino y para irla haciendo realidad. Dejar el antiguo camino (pecado, idolatría, judaísmo, etc). para tomar con otros el camino hacia el Reino del Padre. Este podría ser el decálogo para el cristiano-apóstol:
1. Se sabe elegido por Dios. Escogido como Israel. Tomado aparte como los profetas, "el Señor me sacó de junto al rebaño" (Amós). Llamado desde Egipto para la liberación. Jesús llamó a los Doce, llama a seguirle, invita a ponerse en camino con El, como El. Escogido para ser enviado. Tomado por Dios como instrumento suyo.
2. Para ser enviado. El amor de predilección que Dios siente por Israel, y por el nuevo Israel, Jesús de Nazaret, y por los que creen en su Hijo, es un amor de confianza. "Me dijo: Yo te envío. Ve y profetiza a mi pueblo". La autodefinición de Jesús: "Yo soy el enviado del Padre", determina bien su personalidad a partir de una tarea. "Jesús los fue enviando de dos en dos". Los que conocen a Jesucristo se convierten en sus portavoces (profetas) y en sus testigos. Tienen que dar cuenta no de sí mismo sino del que les envía. Tienen que ser transparentes de Otro. No pueden quedar quietos ni instalados allí donde están. No permanecer cómodamente donde siempre, a la espera de que vengan. Jesús siempre va de camino, rutas nuevas, culturas diferentes, gentes que salen al paso.
3. Resulta molesto. Con frecuencia el enviado lo es a pesar suyo. Y su mensaje a primera vista despierta curiosidad, pero pronto sacude a la gente de su letargo y acaba siendo incómodo. Interpela, porque denuncia, pide cambio y aporta novedad. Y encuentra resistencias. Por eso a los auténticos profetas se les da la espalda.
4. Son rechazados. "Vete, profetiza en otras tierras". Tal vez otro día te escucharemos. Y no son bien recibidos, amenazados de muerte, de ser encarcelados, apedreados o despeñados. Como Jesús: "Si a mí me han rechazado, también a vosotros os rechazarán". El mensaje encuentra corazones cerrados, planes hechos, adaptaciones de conveniencia, resistencias al cambio exigido. "Si en un lugar no os reciben, marchad a otro... Sacudid el polvo de vuestra sandalia." La verdad molesta y sin embargo la verdad nos hace libres.
5. Sed insistentes. El apóstol de Jesucristo no se echa atrás fácilmente. Persevera en la misión recibida, a pesar de la dificultad. La Buena Noticia ha de llegar a todas las gentes, y sus efectos se han de notar. Pide temple de hombres fuertes, convencidos, que no saben ir hacia atrás. Siempre hacia adelante, con la verdad por delante, aun a riesgo de la propia vida. el Reino de Dios no quiere hacerse sitio a la fuerza, pero se impone por su propia fuerza. Dios llama insistente pero pacientemente.
6. Autoridad delegada. En verdad no se trata de un poder o de una autoridad al modo de este mundo. Poder que avasalla o tiraniza. Es una capacidad nueva, una fuerza de servicio y para el servicio de otros. Nunca para la propia gloria. Siempre como algo recibido para darlo. Autoridad, poder... al servicio del Reino de Dios y de sus primeros invitados: los bienaventurados. Constante tentación será este punto en el afán de ser "más importantes", tener más privilegiados, engendrando desigualdades y servidumbres en la Iglesia. "Que no ocurra así entre vosotros". Acabaría el testigo convirtiéndose en antitestimonio.
7. Para expulsar demonios, es decir, para actuar contra las fuerzas del mal, acción liberadora de lo "incurable". Y cada generación y cada tiempo tiene sus propios demonios, males y esclavitudes que parecen insalvables. El enfermo, el endemoniado, es el que está condenado a la postración, a verse marginado y sentirse improductivo, inútil, sin sentido. Acogerle, cuidar de él, "perder" su tiempo con la gente para quien nadie tiene tiempo y aun rehuye. Recibir a cada cual como viene, y hacer algo para humanizar. No sólo buenas palabras, "ungían con aceite a los enfermos". Algo que parece inútil, pero es todo un detalle de calor, de atención, de esperanza. Palabra y manos suaves, como un padre y como una madre. Desde la fe en Jesucristo vencedor, una palabra y un gesto de liberación que levante y resucite al vencido que vive como muerto.
8. Predicar la conversión. Anunciar el Evangelio, buena noticia de resurrección, pidiendo una serie de cambios y de condiciones. "Arrepentíos, que el Reino de Dios está cerca". Acomodaos a la nueva mentalidad que pide el Camino de Jesucristo. No sólo nuevas prescripciones, sino hombres nuevos con criterios y valores nuevos.
9. En pobreza. Misión en la austeridad y desde la sencillez del caminante que lleva lo justo, y que no busca instalarse. Confiad en la Providencia del Padre que envía, pero también en el amor fraterno que acoge y comparte. Comparte lo que tiene cuando recibe a aquél que viene de parte de Dios con un mensaje de paz. No tiene ni busca tener, pero precisa sustento para sus fuerzas, y sabe lo encontrará. Sino aquí, será allá.
10. Dejaos hospedar. La hospitalidad es concreta expresión del mandato de amor mutuo entre los hermanos, "para que nadie pase necesidad". Y facilita una sana despreocupación por el tener y por el sustento necesarios. El cristiano apóstol, los distintos trabajos y funciones eclesiales, no son ángeles quienes los ejercen. Si le pedimos dedicación, hemos de cuidar que tengan techo y sustento y descanso dignos. Vivir de su trabajo no es andar mendigando lo justo.
Y así se nos presenta todo un programa de vida. No hay por qué restringirlo a unos pocos. Todos y cada uno estamos invitados a salir y ponernos en camino.
EL MIEDO A CAMBIAR ARRUINA CUALQUIER "BUENA NOTICIA"
Mc 6, 1-6
CONTEXTO
Las tres lecturas de hoy nos hablan de limitaciones del ser humano. Tanto Ezequiel como Pablo como Jesús se dan cuenta de lo poca cosa que son, pero terminan descubriendo que esas limitaciones no anulan las posibilidades de humanidad plena que Dios espera de ellos. Somos humanos, tal vez 'demasiado humanos' como decía Nietzsche, pero la plenitud de humanidad, que podemos alcanzar, es algo increíblemente grandioso y más que suficiente para dar sentido a una vida.
Viniendo al evangelio, con este texto concluye Marcos una parte de su obra. Después de este relato, que manifiesta la aceptación por el pueblo (la mayoría) de las tesis de los dirigentes, nos vuelve a poner a Jesús en relación con los representantes oficiales de la religión. Sigue enseñando, pero al pueblo (los menos) oprimido, que quiere liberarse. Jesús se convence de que no hay nada que hacer con la institución, y en adelante se va a dedicar al pueblo marginado. Este episodio se encuentra en los tres sinópticos, pero relatos paralelos se pueden encontrar en Juan y en otros lugares de los mismos sinópticos.
Marcos no tiene relatos de la infancia. Por eso puede narrar sin prejuicios este encuentro con los de su "pueblo". Es un toque de alerta ante el afán de divinizar la vida humana de Jesús. Para los que mejor le conocían, era solo uno más del pueblo. Sus paisanos estaban tan seguros de que era una persona normal, que no pueden aceptar otra cosa. Eran sus compañeros de niñez, habían corrido, jugado y trabajado con él, sabían perfectamente quién era. Lo encuadraban en una familia (requisito indispensable en aquella época para ser alguien). Hasta ese momento no habían descubierto nada fuera de lo normal en él. Es lógico que no esperasen nada extraordinario. ¿De dónde saca todo eso?
EXPLICACIÓN
Jesús vuelve a su pueblo (el texto griego y la Vulgata dicen "patria"). Ni nombra al pueblo ni hace referencia al lugar geográfico. Se refiere más bien al ambiente social en que desarrolló su vida. Llega con sus discípulos, es decir, convertido en un rabino que tiene sus seguidores fijos. No sale nadie a recibirle. Tuvo que esperar al sábado, e ir él a la sinagoga a hablarles. No fueron a la sinagoga a escucharle, sino a cumplir con el precepto del sábado. Es Jesús el que, por su cuenta y riesgo, se pone a enseñarles sin que se lo pidan.
Marcos ya había advertido de la relación de Jesús con sus parientes. En 3,21 dice que sus parientes vinieron a llevárselo, porque decían que no estaba en sus cabales. Quedan impresionados, como ya sucediera en la sinagoga de Cafarnaúm.
El texto griego no dice: "desconfiaban de él", sino "se escandalizaban" (exkandalizonto), que indica una postura mucho más radical. No se dignan pronunciar su nombre, se refieren a él despectivamente con el pronombre "ese". Le dicen que es hijo de María; no nombran a su padre, que era la manera de considerar digna a una persona.
Es curioso que Mateo corrige el texto de Marcos y dice: "hijo del carpintero". Pero Lucas va más lejos y dice: "el hijo de José". Estos evangelistas, que copian de Marcos, seguramente intentan quitarle al texto toda posible interpretación peyorativa. Para Marcos, no era hijo de José, porque había roto con la tradición de su padre; ya no era un seguidor de las tradiciones, como era su obligación...
Fijémonos bien. Ese conocimiento, yo diría excesivo, de Jesús, es lo que les impide creer en él. Conocen muy bien a Jesús, pero se niegan a reconocerle como lo que es. Hay que estar muy atentos al texto. En aquel tiempo, cualquiera de la asamblea podía hacer la lectura y comentarla. Si no aceptan la enseñanza de Jesús, es porque no se presentó como carpintero sino con pretensiones de maestro.
Tampoco lo rechazan por enseñar como un Rabí, sino por enseñar cosas nuevas. La religión judía estaba demasiado segura de sí misma como para admitir novedades. Ya se encargaban los jefes religiosos de adoctrinar al pueblo para que no admitiera nada distinto a lo que ellos enseñaban.
Jesús no ha estudiado con ningún rabino ni tiene títulos oficiales. Precisamente por eso, la sabiduría que manifiesta tiene que venir de Dios (profeta) o del diablo (magia). Al hacer Jesús alusión al rechazo del "profeta", está respondiendo a las cinco preguntas puramente retóricas que se habían hecho sus paisanos. Jesús no enseña nada de su cosecha, sino que habla en nombre de Dios. Esa era la primera característica de un profeta. Al no aceptarle, están rechazando a Dios mismo.
La extrañeza de Jesús no es por verse rechazado sino por verse rechazado por su pueblo. Rechazado por los sometidos a quienes intentaba liberar. El golpe psicológico que recibió Jesús fue realmente muy fuerte.
Nos queda por aclarar un apunte muy interesante en el relato. Su desconfianza impide que Jesús pueda hacer allí milagro alguno. El domingo pasado decía Jesús a la hemorroísa: "tu fe te ha curado"; y a Jairo: "basta que tengas fe". La fe o la falta de fe, son determinantes a la hora de producirse un milagro.
¿Dónde está entonces el poder de Jesús? Tenemos que superar la idea de un Jesús que tiene la omnipotencia de Dios y que puede hace lo que quiere en cada momento. Ni Dios ni Jesús pueden hacer lo que quieren si entendemos el "hacer" como causalidad física. La idea de un Jesús con el comodín de la divinidad disponible en cualquier momento, ha falseado el verdadero rostro de Jesús.
APLICACIÓN
El relato de hoy nos está hablando de la humanidad plena de Jesús. Nos está confirmando que es uno de tantos, sin privilegios de ninguna clase. Por eso es tan difícil aceptarle como profeta envidado de Dios.
También para nosotros sigue siendo difícil descubrir a Dios en aquel, que simplemente se muestra como muy humano. También hoy rechazamos por instinto cualquier Jesús que no esté de acuerdo con el que aprendimos de pequeños. Yo he oído más de una vez esta frase: "No nos compliques la vida. ¿Por qué no nos dices lo de siempre?" Acostumbrados a oír siempre lo mismo, si a alguien se le ocurre decir algo distinto, aunque esté más de acuerdo con el evangelio, saltamos como hienas.
Todo lo que no responda a lo sabido, a lo esperado, no puede venir de Dios. Esa fue la postura de los jefes religiosos del tiempo de Jesús y esa es la postura de los jerarcas de todos los tiempos. Pero esa es también la postura de todos los que lo niegan. Como no responde a las expectativas, no existe.
Aceptar a Jesús, como aceptar a Dios, implica el estar despegado de todas las imágenes que nos podemos hacer sobre él. Siempre que nos encerremos en ideas fijas sobre Jesús, estamos preparándonos para el escándalo.
Dios nunca se presenta dos veces con la misma cara. Si de verdad le buscamos lo descubriremos siempre diferente y desconcertante. Si esperamos encontrar al Dios domesticado, nos engañamos a nosotros mismos aceptando al ídolo que ya nos es familiar. La consecuencia inesperada de toda religión institucionalizada, será siempre el tratar de manipular y domesticar a Dios para hacer que se acomode a nuestras expectativas.
El profeta no es el que adivina el porvenir, sino el que habla de un Dios desconcertante e imprevisible que puede salir en cualquier instante por peteneras.
El profeta nunca estará conforme con la situación actual, ni personal ni social, porque sabe que la exigencia de Dios es la perfección total a la que no podemos llegar nunca. El auténtico profeta será siempre un inconformista (hoy diríamos un indignado). Lo más "antiprofético" y antievangélico será siempre la persona o la institución instalada.
A pesar del rechazo de "muchos" queda siempre la esperanza de que "pocos" sigan abiertos a la enseñanza y a la acción de Jesús. El gran espejismo en que hemos caído en el pasado, fue pensar que "todos" tenían la obligación de aceptar el mensaje de Jesús. Nada ha hecho más daño al cristianismo, que el querer imponerlo a todos. Desde Constantino hasta nuestra historia reciente, hemos cometido el disparate de hacer cristianos por "decreto". La opción por el evangelio seguirá siendo cuestión de minorías.
Meditación-contemplación
El conocimiento de Jesús nos impide descubrirlo.
Todo lo aprendido sobre él, se convierte en prejuicio,
que nos impide abrirnos a su significado profundo.
Lo que es y significa Jesús, no se puede meter en doctrinas.
...............
También las "ideas" que tenemos sobre Dios,
impiden la apertura a lo que Él es en realidad.
Toda idea sobre Dios es un ídolo, que nos impide acercarnos a Él.
Si quieres conocer a Dios, abandona toda "idea" sobre Él.
...............
A Dios solo se llega viviendo su presencia en nosotros.
Para llegar a la vivencia tengo que superar el conocimiento.
El conocimiento de Dios me ha venido de fuera.
La experiencia de Dios me llegará de dentro.
.....................
OCARM
Lectura
a) El contexto:
Después de la llamada (en el texto "institución") de los doce (Mc 3, 13-19) Jesús enseña y hace curaciones, como si les estuviera dando clases. Ahora llega la hora de su primer ejercicio público: deben hacer una primera experiencia de anuncio. Van de dos en dos entre las gentes, con una misión que, en Marcos aparece bastante reducida: un anuncio genérico de conversión y varios tipos de prodigios contra el mal. Jesús no se deja intimidar por el rechazo violento de los suyos en Nazaret, narrado por Marcos a continuación: Mc 6,1-6. No renuncia a su misión, porque no son nuestros modos obtusos los que pueden bloquearla. Los otros dos Sinópticos (Mt 10, 1-42; Lc 9, 1-10) narran con mayor precisión la misión y los desafíos que encontrarán. De todos modos, es importante ver que la misión nace por un mandato de Jesús y después de haber aprendido de Él el modo cómo han de realizarla y los temas. El número "doce" - tan citado en referencia a la fundación de la primera comunidad y en los esplendores del Apocalipsis - significa la continuidad, pero también la superación de la economía salvífica precedente. El envío de "dos en dos", según la mentalidad judaica, es porque ésta solamente admite el testimonio dado por una "comunidad" (por lo menos mínima) y no de uno solo.
Algunas preguntas
para recoger del texto los núcleos importantes y comenzar a asimilarlos.
a) ¿Por qué es tan importante en Marcos la expulsión de los demonios inmundos?
b) ¿Qué sentido tiene la insistencia que se pone en la pobreza de medios?
c) ¿Cuál es el contenido de esta primera predicación?
d) Junto con la pobreza, Jesús invita a tener coraje y libertad: ¿por qué los pone juntos?
e) ¿Por qué la predicación es itinerante y no estable?
f) ¿ En qué otras cosas se explican mejor los otros Sinópticos?
Algunas profundizaciones en la lectura
"Comenzó a enviarlos de dos en dos"
La misión de los discípulos no viene por entusiasmo personal o por una manía de grandeza: comienza cuando Jesús cree que están preparados para hablar, de acuerdo con lo que han escuchado y asimilado. Según Marcos, hasta este momento solamente han visto algunos milagros, han escuchado algunas enseñanzas, entre las más importantes el tema de la semilla que crece de varias formas y han asistido a alguna polémica sobre Jesús y los jefes. Su práctica al curar, su llamada a la conversión, su disponibilidad a moverse en medio de la gente, su predicación itinerante, estos son los puntos a los que han de hacer referencia. No están todavía maduros del todo, pero el ejercicio los ayudará a madurar. Bajo la supervisión de Jesús, pueden aprender y mejorar: encontrarán las palabras justas, los gestos adecuados. Experimentarán el entusiasmo de un éxito estrepitoso, pero luego, al final, deberán superar también el centrarse en los milagros para anunciar la muerte y resurrección del Salvador. "Les dio potestad sobre los espíritus inmundos..."
Se trata de la "exousia" que también Jesús ejercía: se les capacita y se les autoriza para usar el mismo poder. Parece ser que para Marcos éste sea el ejercicio principal en este momento; por lo demás él mismo se concentra sobre este aspecto del Jesús "taumaturgo", que expulsa los espíritus malignos. Debemos pensar que por "espíritus malignos" se entendían entonces muchas cosas a la vez: enfermedad psíquica, distintas formas de epilepsia, fuerzas malignas destructoras, poder esclavizante de las leyes, toda forma de dolencia psíquica, malformaciones físicas, etc. El poder se ejercita pasando por entremedio de estos sufrimientos: aceptando el reto que hacen a la confianza en Dios, a la convivencia solidaria, a la dignidad de toda persona humana. No debemos identificar "inmundo" con impureza de tipo sexual o legal. Se trata de la "pureza" a la luz de Dios: que es amor, solidariedad, justicia, misericordia, colaboración, acogida...etc. Por eso los doce tendrán que llamar "a conversión" de estos prejuicios y de estas formas perversas e "inmundas" de vivir como hijos de Dios.
"Fuera del bastón, nada para el viaje…"
La misión debe ser itinerante, no sedentaria, es decir, deberá estimular a caminar de nuevo, a encontrase de nuevo, al despego de los resultados, a la libertad interior y exterior. De aquí la recomendación que todos los Sinópticos resaltan sobre la pobreza material en el vestir y en el comer, y sobre las seguridades y evidencias. Probablemente se trata de la brevedad de la experiencia: no debía durar mucho este primer ejercicio, y por lo tanto, deberían ir aligerados de todo, libres, insistir más sobre lo inmediato del anuncio, que sobre la consolidación de los resultados. Sin embargo, cuando este texto fue escrito, la situación de la comunidad de los discípulos estaba mucho más desarrollada y consolidada. Por lo tanto, la memoria de estas recomendaciones no servía solamente para recordar aquella primera experiencia alegre y aventurera. Servía también para confrontar el estilo original y la práctica de aquel momento, tan lejano ahora, del tiempo de Jesús. Es, por lo tanto, una llamada a un impulso misionero menos miedoso debido a la exigencia del confort y seguridad. "Sacudiendo el polvo de la planta de los pies..."
Las recomendaciones del Señor ponen de relieve dos aspectos, aparentemente contrarios. Por un lado, deben ir con toda disponibilidad, a encontrar a la gente, sin preocupación de ganancias o supervivencia. Deben buscar al que está enfermo - por razones personales o sociales, por la opresión de la ley o por la maldad humana -y liberarlo, ungirlo con aceite, sanar las heridas y las plagas del corazón. Pero por otro lado, deben evitar aceptar cualquier tipo de hipocresía, de bondad sin responsabilidad. Junto a la caridad y a la premura hacia los que sufren, deben tener el valor también de desenmascarar la hipocresía, de reaccionar ante la cerrazón, de aceptar los fracasos personales Deben irse, sin lamentaciones ni debilidad, del lugar donde no haya habido acogida, donde el rechazo o la hipocresía hagan estéril el anuncio y el testimonio. Una ruptura clara e inequívoca, que ni el mismo Jesús ha vivido mucho. El trató siempre de volver a dialogar, sufrió por la cerrazón de los fariseos y de los escribas, hizo frente a sus tenaces e insidiosas barreras. Y, sin embargo, impone a los discípulos no perder tiempo con los que no los aceptan. Probablemente en esta recomendación exista también una adaptación a la situación de la comunidad: no deben lamentarse por no entenderse con la comunidad israelítica. Hubo una cerrazón total, un rechazo feroz y agresivo: esto ya lo había previsto Jesús. Que no les dé pena. Que vayan a otros lugares, que no pierdan el tiempo en recuperar lo que es irrecuperable.
MISAL DOMINICAL
Antífona de entrada Sal 16, 15
Por tu justicia, yo contemplaré tu rostro,
y al despertar me saciaré de tu presencia.
Oración colecta
Señor Dios, que iluminas a los extraviados con la luz de tu verdad,
para que puedan volver al buen camino;
danos, a quienes hacemos profesión de cristianos,
la gracia de rechazar todo lo que se opone a este nombre
y comprometernos con todas sus exigencias.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos.
Oración sobre las ofrendas
Señor y Dios nuestro,
mira con bondad los dones de tu Iglesia en oración
y concede que, al recibirlos,
se acreciente la santidad de los creyentes.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Antífona de comunión Sal 83, 4-5
Hasta el gorrión encontró una casa,
y la golondrina tiene un nido donde poner sus pichones:
junto a tus altares, Señor del universo, mi Rey y mi Dios.
Felices los que habitan en tu casa y te alaban sin cesar.
O bien: Jn 6, 57
Dice el Señor: El que come mi carne y bebe mi sangre
permanece en mí y yo en él.
Oración después de la comunión
Alimentados con esta eucaristía,
te pedimos, Padre,
que por la celebración frecuente de este misterio
crezca en nosotros el fruto de la salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
LECCIONARIO DOMINICAL
Ve a profetizar a mi pueblo
Lectura de la profecía de Amós 7, 12-15
Amasías, el sacerdote de Betel, dijo a Amós: «Vete de aquí, vidente, refúgiate en el país de Judá, gánate allí la vida y profetiza allí. Pero no vuelvas a profetizar en Betel, porque este es un santuario del rey, un templo del reino».
Amós respondió a Amasías: «Yo no soy profeta, ni hijo de profetas, sino pastor y cultivador de sicómoros; pero el Señor me sacó de detrás del rebaño y me dijo: "Ve a profetizar a mi pueblo Israel"».
Palabra de Dios.
SALMO Sal 84, 9ab. 10-14
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia
y danos tu salvación
Voy a proclamar lo que dice el Señor:
el Señor promete la paz para su pueblo y sus amigos.
Su salvación está muy cerca de sus fieles,
y la Gloria habitará en nuestra tierra. R.
El Amor y la Verdad se encontrarán,
la Justicia y la Paz se abrazarán;
la Verdad brotará de la tierra
y la Justicia mirará desde el cielo. R.
El mismo Señor nos dará sus bienes
y nuestra tierra producirá sus frutos.
La Justicia irá delante de Él,
y la Paz, sobre la huella de sus pasos. R.
Nos ha elegido en Él, antes de la creación del mundo
Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Éfeso 1, 3-14
Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en Cristo
con toda clase de bienes espirituales en el cielo,
y nos ha elegido en Él, antes de la creación del mundo,
para que fuéramos santos
e irreprochables en su presencia, por el amor.
Él nos predestinó a ser sus hijos adoptivos
por medio de Jesucristo,
conforme al beneplácito de su voluntad,
para alabanza de la gloria de su gracia,
que nos dio en su Hijo muy querido.
En Él hemos sido redimidos por su sangre
y hemos recibido el perdón de los pecados,
según la riqueza de su gracia,
que Dios derramó sobre nosotros,
dándonos toda sabiduría y entendimiento.
Él nos hizo conocer el misterio de su voluntad,
conforme al designio misericordioso
que estableció de antemano en Cristo,
para que se cumpliera en la plenitud de los tiempos:
reunir todas las cosas, las del cielo y las de la tierra,
bajo un sola Cabeza, que es Cristo.
En Él, nosotros, lo que hemos puesto nuestra esperanza en Él,
hemos sido constituidos herederos, y destinados de antemano,
para ser alabanza de su gloria, según el previo designio
del que realiza todas las cosas conforme a su voluntad.
En Él, ustedes,
los que escucharon la Palabra de la verdad,
la Buena Noticia de la salvación,
y creyeron en ella,
también han sido marcados con un sello
por el Espíritu Santo prometido.
Ese Espíritu es el anticipo de nuestra herencia
y prepara la redención del pueblo
que Dios adquirió para sí,
para alabanza de su gloria.
Palabra de Dios.
O bien más breve:
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Efeso 1, 3-10
Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en Cristo
con toda clase de bienes espirituales en el cielo,
y nos ha elegido en Él, antes de la creación del mundo,
para que fuéramos santos
e irreprochables en su presencia, por el amor.
Él nos predestinó a ser sus hijos adoptivos
por medio de Jesucristo,
conforme al beneplácito de su voluntad,
para alabanza de la gloria de su gracia,
que nos dio en su Hijo muy querido.
En Él hemos sido redimidos por su sangre
y hemos recibido el perdón de los pecados,
según la riqueza de su gracia,
que Dios derramó sobre nosotros,
dándonos toda sabiduría y entendimiento.
Él nos hizo conocer el misterio de su voluntad,
conforme al designio misericordioso
que estableció de antemano en Cristo,
para que se cumpliera en la plenitud de los tiempos:
reunir todas las cosas, las del cielo y las de la tierra,
bajo un sola Cabeza, que es Cristo.
Palabra de Dios.
ALELUIA Cf. Ef 1, 17-18
Aleluia.
El Padre de nuestro Señor Jesucristo
ilumine nuestros corazones,
para que podamos valorar la esperanza
a la que hemos sido llamados.
Aleluia.
EVANGELIO
Los envió
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 6, 7-13
Jesús llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros.
Y les ordenó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni provisiones, ni dinero; que fueran calzados con sandalias y que no tuvieran dos túnicas.
Les dijo: «Permanezcan en la casa donde les den alojamiento hasta el momento de partir. Si no los reciben en un lugar y la gente no los escucha, al salir de allí, sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos».
Entonces fueron a predicar, exhortando a la conversión; expulsaron a muchos demonios y curaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo.
Palabra del Señor.
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