Domingo 16 de Tiempo Ordinario (B)

 Liturgia Viva del XVI Domingo del Tiempo Ordinario

Saludo (Ver Segunda Lectura)

Jesús vino a nosotros y trajo la Buena Noticia de la paz: paz para los de lejos; y paz también para ustedes, los de cerca. Que esa paz esté siempre con ustedes.
R/ Y con tu espíritu.

 

Introducción por el Celebrante (Dos Opciones) 

 

1. Dios, Compasivo como una Madre.


¡Qué lástima que nuestro mundo se vuelva tan duro, tan sin corazón, que suprima la compasión y se deshaga de la misericordia! En las lecturas de hoy oímos la Buena Noticia de que Dios se preocupa de nosotros y nos cuida con un amor más profundo, e incluso más tierno, que el de una madre por el hijo de sus entrañas a quien dio vida. Dios se hace particularmente cercano de los que más le necesitan: los débiles, los que sufren, los que no cuentan para nada. Éste es el amor que Dios Padre nos mostró en Jesús; éste es el amor al que nos invita el mismo Jesús para acercarnos a los hermanos, para hacernos sus “próximos”, sus prójimos: un amor profundo, tierno, constante, duradero, sin miedo a mostrarlo a los demás. Pidamos a Jesús, que está aquí con nosotros en la eucaristía, que comparta con nosotros ese su amor entregado y compasivo. 

 

2. Un pastor bueno que se preocupa


Hay ocasiones en las que intuimos instintivamente que una persona se siente muy cercana a nosotros, que nos entiende, que siente empatía y simpatiza con nosotros, aun cuando nos digamos pocas palabras. Así era Jesús, identificado con el pueblo, uno de ellos, sintiendo con ellos, percatándose de sus necesidades sin que nadie se las dictara, percibiendo incluso las necesidades ocultas y espirituales, las del corazón. Así es cómo Jesús siente por nosotros. El evangelio de hoy nos expresa esto por medio de la imagen del buen pastor que cuida de sus ovejas. Estamos nosotros ahora reunidos en torno a él y nos abandonamos a él. Aprendamos de él a cuidarnos los unos de los otros.

 

Acto Penitencial


Aun cuando nos olvidamos de Dios, aun cuando pecamos, estamos seguros de que él nos guarda en su amor. Pidámosle al Señor que nos perdone, (Pausa)

Señor Jesús, tú amaste a la gente en el pasado, y ahora tú nos amas a todos con un amor amable y compasivo: Señor ten piedad de nosotros. 
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

 

Señor, Jesucristo, tú sabes qué es lo que más necesitamos como humanos: una palabra de acogida y de ánimo, un gesto de aceptación, de afecto, de perdón: Cristo, ten piedad de nosotros. 
R/ Cristo, ten piedad de nosotros.

 

Señor Jesús, tú puedes cambiarnos y hacernos semejantes a ti mismo, que fuiste compasivo y sanador, generoso y misericordioso: Señor, ten piedad de nosotros. 
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

 

Tú, Señor, nos has mostrado tu perdón y misericordia; haz que sepamos llevar ese mismo amor a todos los que hoy encontremos en nuestro camino. Y que el Señor nos lleve a la vida eterna.
R/ Amén. 

 

 

Colecta


Roguemos para que el Señor, Dios misericordioso y compasivo, nos acoja bondadosamente a nosotros y a nuestros seres queridos. (Pausa)

Oh Dios de bondad: Tu Hijo Jesús nos ha revelado que tu amor hacia nosotros es más tierno, cálido y compasivo que el de cualquier madre para con sus hijos. Hazte cercano a los que andan heridos por la vida, preocúpate por todos los débiles y pequeños, los pisoteados y oprimidos. Danos la gracia de que todos los que seguimos a Cristo sepamos sanar, comunicar vida y perdonar, que sepamos hacernos a nosotros mismos pan nutritivo para todos los hambrientos con hambre material o espiritual. Que sepamos cuidarnos los unos de los otros como tú nos cuidas a todos por medio de Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro, que vive y reina por los siglos de los siglos.
R/ Amén.

 

 

Oración de los Fieles

 

Oremos a nuestro Dios, paciente y misericordioso, para que la compasión y misericordia nunca desaparezcan de nuestro mundo, y digamos:


R/ Señor, ten piedad de tu pueblo. 

Señor, te pedimos para que la Iglesia sea indulgente, paciente y compasiva con los que yerran; que sea una Iglesia que les dé tiempo y ayuda para cambiar y arrepentirse; por eso te decimos: 


R/ Señor, ten piedad de tu pueblo. 

 

Señor, te pedimos que des a tu Iglesia pastores compasivos, que siempre, pero sobre todo en el sacramento de la reconciliación, nos muestren claramente tu infinita paciencia y misericordia; por eso te decimos: 


R/ Señor, ten piedad de tu pueblo. 

 

Señor, te pedimos por una sociedad que sea sensible y compasiva, que cuide a los necesitados, que trate de eliminar estructuras sociales injustas, y haga que sus leyes y su sistema judicial administren la justicia igualmente para todos, sin discriminación alguna; por eso te pedimos: 


R/ Señor, ten piedad de tu pueblo. 

 

Señor, te pedimos que nos hagas a nosotros compasivos, que sepamos llevar tu misericordia y tu amor a los enfermos y a los ancianos, a los huérfanos y a las viudas, a los desalentados y a los moribundos; por eso te decimos: 


R/ Señor, ten piedad de tu pueblo. 

 

Señor, participa tu compasión a nuestras comunidades, que, como tú, veamos y seamos sensibles a las necesidades de los hermanos, sin que nadie nos lo pida; que de manera discreta y amable intentemos aliviar las cargas pesadas de los que sufren; por eso te decimos: 


R/ Señor, ten piedad de tu pueblo. 

 

Señor, sé compasivo y paciente con nosotros cuando hayamos pecado; y restáuranos a tu gracia y a tu amor; por eso te decimos: 


R/ Señor, ten piedad de tu pueblo. 

 

Señor, tú eres un Dios atento a las necesidades y a la felicidad de la gente. Que el Espíritu Santo nos dé corazones llenos de compasión como el corazón de Jesús, Buen Pastor, que vive y reina contigo por los siglos de los siglos. R/ Amén.


Oración sobre las Ofrendas 

 

Señor Dios nuestro, Padre compasivo: En estos signos de pan y vino acogemos a tu Hijo Jesucristo como nuestro Buen Pastor que dio la vida por nosotros para dar sentido y dirección a nuestras vidas. Danos la certeza de que él conoce bien nuestros cansancios y miserias, nuestras satisfacciones y alegrías, que escucha cuando nos volvemos a él, que está presente cuando le necesitamos. Porque él es nuestro Buen Pastor y Señor ahora y por los siglos de los siglos.

 

Introducción a la Plegaria Eucarística 

Por medio de Jesús y con Jesús, nuestro Buen Pastor, demos gracias a nuestro Padre en el cielo porque se preocupa, cuida de nosotros y nos guía por medio de su mismo Hijo.

 

Introducción al Padre Nuestro

Dios es un Dios que cuida de nosotros Llenos de confianza nos dirigimos a él en oración, unidos a Jesús, nuestro Buen Pastor. R/ Padre nuestro… 

 

Líbranos, Señor

 

Líbranos, Señor, de todos los males y concédenos la paz en nuestros días. Líbranos de andar por la vida sin dirección, a la deriva. Reúnenos a todos en fraternidad y haznos pastores los unos de los otros, mientras esperamos con alegría la venida gloriosa de nuestro Pastor y Salvador, Jesucristo.

 

Saludo de Paz
Jesús es nuestra paz, para con el Padre y con los hermanos. Que su paz esté siempre con ustedes. 

 

Invitación a la comunión 

Este es Jesucristo, el Buen Pastor, que nos conoce por nuestro nombre y que dio su vida por nosotros. Él nos reúne a todos en banquete y nos da su cuerpo como alimento, para que permanezcamos unidos como pueblo suyo. Dichosos nosotros, invitados a la mesa del Señor. R/ Señor, no soy digno… 


Oración de Confianza (F. Cromphout)

 

Como acción de gracias, el monitor, u otro lector cualificado, lee despacio esta oración de confianza. Después, el celebrante concluye con la Oración después de la Comunión. 

 

Oh Dios, tú eres siempre mayor de lo que osamos imaginar. Tú haces constantemente cosas nuevas e inauditas. Cuando el mundo se desmorona en torno a nosotros, tú realizas una nueva creación. Haznos atentos a tu acción en este tiempo, para que no permanezcamos quietos y embobados mirando encandilados al pasado, y para que no te busquemos donde en realidad tú no estás y no podremos encontrarte. Camina como guía delante de nosotros, tú que eres nuestro futuro. Ayúdanos a encontrar nuevos caminos hacia ti y hacia cada uno de los hermanos, y a caminar agarrados de la mano en nuestras vacilaciones e inseguridades. Danos la firme certeza de que hoy tu poder está todavía activo y que tú sigues renovando el mundo por medio de Jesucristo nuestro Señor. R/ Amén. 

 

Oración después de la Comunión

 

Dios y Padre nuestro: Te damos gracias de todo corazón por habernos dado un guía seguro, alguien que sabe a dónde nos conduce: tu Hijo Jesucristo. Sigue dando a la Iglesia de hoy pastores a imagen y semejanza de Jesús: Que estén llenos de clara visión y de compasión, sensibles a la gente y a sus necesidades, abiertos al gran potencial y a las exigencias del evangelio y de nuestro tiempo; que sean verdaderos pastores según el corazón de Dios. Te lo pedimos en nombre del mismo Jesucristo nuestro Señor. R/ Amén. 

 

Bendición 

Un mundo sin compasión o misericordia es un mundo con poco espacio para Dios. Que nuestras comunidades reflejen la compasión de Jesucristo nuestro Señor; Que él nos haga atentos a las necesidades de los otros, tanto materiales como espirituales, porque Dios nos ha encomendado cuidarnos los unos de los otros. Que la bendición del Dios amable y misericordioso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes. R/ Amén.

 

 

SINTIÓ LÁSTIMA DE ELLOS.

 

La Palabra de Dios siempre tiene algo que ver con nuestra vida. Conmigo en concreto. Pero ante lecturas como el Evangelio de hoy, tendemos a pensar que esto va por otros: por los misioneros, los catequistas, los religiosos o las autoridades religiosas que se dedican al anuncio del Evangelio. Y esto no es muy acertado, porque entonces tendríamos que ser consecuentes y deducir que todo el Evangelio es para ellos, que son quienes reciben las enseñanzas de Jesús y le acompañan durante toda su vida. Esto sería un gran reduccionismo.

Para colocar cada cosa en su sitio, debiéramos mirar a los apóstoles como aquellos que encarnan lo que también nosotros estamos llamados a vivir. Es decir: ver en los apóstoles el modelo de cristianos que nosotros debemos ser. Con esta introducción, quizá ya podamos acercarnos al Evangelio.

El evangelista Marcos, unos capítulos más atrás, nos decía que Jesús eligió a doce apóstoles «para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar, con poder de expulsar demonios». Tendríamos aquí dos elementos que definirían el «ser cristiano»: estar con él y ser enviados. Y enviados fueron los Discípulos.

Después de la expedición misionera de los Apóstoles, su “bautismo”, por así decirlo, vuelven al calor del hogar, al lado de Jesús. Seguro que llegaron cargados de historias, con ganas de compartir todo lo vivido. Se pisarían los unos a los otros, hablarían todos a la vez… Lo que suele pasar cuando se juntan familiares o amigos que hace tiempo que no se ven.

Pero Jesús, que siempre sabe lo que nos conviene, antes de nada, los calma y los invita a reposar, a asimilar todo lo vivido con la perspectiva que da saberse siervos inútiles, y no superhéroes.

Siervo inútil se consideraba Pablo. Haciendo lo que debía hacer. A tiempo y a destiempo. Este domingo, hemos escuchado cómo les recuerda a los cristianos de Éfeso, paganos en su mayoría, que ya se han convertido a Cristo – gracias a Pablo y a su predicación – y pueden vivir de otra manera, cerca de Dios. De este modo, consiguieron la vida y la paz los que eran “hijos de las tinieblas”.

“Ahora estáis en Cristo Jesús”. Se lo dice Pablo a los de Éfeso, y a cada uno de nosotros, también. Vivir cerca de Dios implica ser consecuente, sentir su mirada bondadosa y serena, optimistas y alegres, por un lado, y vigilantes y temerosos, por otro lado. Todo porque estamos siempre cerca de Dios. Y podemos vivir guiados y protegidos por Cristo.

Él, Jesús, es el “pontífice”, el que derribó el muro que cortaba el paso, el abismo sin fondo, que separaba a los judíos de los paganos. Los hijos de Abrahán que iban a heredar el cielo, el pueblo sagrado, y, del otro lado del muro, los demás, los que no tenían esperanzas, los sin Dios. Sólo la muerte de Cristo en la cruz posibilitó el fin de la separación y la unión de todos los pueblos. La familia de Dios ya no depende de la sangre, únicamente de la fe. Una fe viva, llena de amor y esperanza, es lo que permite convertirse en hijo de Dios. Todos, con el mismo Espíritu.

Volviendo al Evangelio, hablamos del descanso de Jesús y los discípulos. Es un Buen Pastor, que se preocupa por sus ovejas. Por todas. Por los cercanos y por los desconocidos. También en verano podemos comprobar cómo va nuestra compasión ante el dolor ajeno. Que, a menudo, se nos desajusta, porque nos acostumbramos a ver todo tipo de desgracias en directo, y cambiamos de canal.

Modelo de empatía fue Jesús, que encarna la figura de la que nos habla la profecía de Jeremías. Ése que es capaz de dar la vida por las ovejas. Que está siempre atento, contando el rebaño, saliendo a buscar a las perdidas, para traerlas de vuelta. Es un pastor según la voluntad de Dios. Sabe ser cercano, manso, humilde de corazón, pero firme, derribando los muros, abriendo un paso seguro a sus ovejas. De Él todas reciben vida. En nuestro caso, esa vida es el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

Un pastor que imite a Jesús debe, pues, ser humilde. Porque en todos está la gracia de Dios, y hay que saber descubrirla. Además, debe saber reunir en torno a sí al rebaño, agrupar, y no disgregar ni separar. Escuchando a todos, con talante sinodal. Incluso, si es preciso, deberá renunciar a lo suyo, como Jesús cambió su descanso y el de los discípulos por la predicación a las masas… Capaz de cambiar sus planes, sobre la marcha. Planificador y estratega. Y siempre con amor y con calma, sin prisas, sin favoritismos, haciendo que todos se sientan importantes. Para esas multitudes que vemos a nuestro alrededor debemos tener la mirada y el amor que mostró Jesús.

¿Por qué son tan importantes los pastores? Porque marcan el camino. Y la forma de vivir. Si el pastor es malo, las ovejas irán por “mal camino” y, quizá, acaben siendo malas. Si el pastor es bueno, las ovejas, los fieles, serán buenas personas. Por eso es importante el pastor. Que sepa vivir para las ovejas. Siempre, en todo momento y lugar.

No sólo los pastores, sino todos debemos ser conscientes del tiempo que vivimos. El verano, si tenemos más tiempo libre, es un período para hacer otras cosas, estar con la familia y los amigos y, por qué no, también para dedicarle más tiempo a nuestra vida interior y a Dios. Él nos ha regalado la vida, y no sabemos cuánto más viviremos, así que debemos aprovechar cada día. Es que el ser hijos de Dios y portarnos como tales no admite vacaciones. Es decir, para ser honrados y honestos, no hay interrupción ni descanso. Nuestra condición de cristianos ha de ser algo permanente e inherente en nosotros mismos.

Así pues, recordar siempre que estamos cerca de Cristo, vivir en sintonía con los pastores, rezar por ellos y ser sensibles a las necesidades de los demás, como Jesús. Algunas de las enseñanzas que podemos sacar de las lecturas de este domingo de verano. Que las sepamos aplicar en nuestras vidas. Repitiendo a menudo eso de que “el Señor es mi pastor, nada me falta”.

 

 

EVANGELIO

 

Andaban como ovejas sin pastor.

 

+ Lectura del Evangelio según San Marcos. 6, 30-34.

 

En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.

 

El les dijo: «Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco». Porque eran tantos los que iban y venían que no encontraban tiempo ni para comer.

 

Se fueron en barca a un sitio tranquilo y apartado. Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma.

 

Palabra de Dios.

 

 

LA MIRADA DE JESÚS

 

Marcos describe con todo detalle la situación. Jesús se dirige en barca con sus discípulos hacia un lugar tranquilo y retirado. Quiere escucharles con calma, pues han vuelto cansados de su primera correría evangelizadora y desean compartir su experiencia con el Profeta que los ha enviado.

 

El propósito de Jesús queda frustrado. La gente descubre su intención y se les adelanta corriendo por la orilla. Cuando llegan al lugar, se encuentran con una multitud venida de todas las aldeas del entorno. ¿Cómo reaccionará Jesús?

 

Marcos describe gráficamente su actuación: los discípulos han de aprender cómo han de tratar a la gente; en las comunidades cristianas se ha de recordar cómo era Jesús con esas personas perdidas en el anonimato, de las que nadie se preocupa. «Al desembarcar, Jesús vio un gran gentío, sintió compasión de ellos, pues eran como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas».

 

Lo primero que destaca el evangelista es la mirada de Jesús. No se irrita porque hayan interrumpido sus planes. Los mira detenidamente y se conmueve. Nunca le molesta la gente. Su corazón intuye la desorientación y el abandono en que se encuentran los campesinos de aquellas aldeas.

 

En la Iglesia hemos de aprender a mirar a la gente como la miraba Jesús: captando el sufrimiento, la soledad, el desconcierto o el abandono que sufren muchos. La compasión no brota de la atención a las normas o el recuerdo de nuestras obligaciones. Se despierta en nosotros cuando miramos atentamente a los que sufren.

 

Desde esa mirada Jesús descubre la necesidad más profunda de aquellas gentes: «andan como ovejas sin pastor». La enseñanza que reciben de los letrados de la Ley no les ofrece el alimento que necesitan. Viven sin que nadie cuide realmente de ellas. No tienen un pastor que las guíe y las defienda.

 

Movido por su compasión, Jesús «se pone a enseñarles muchas cosas». Con calma, sin prisas, se dedica pacientemente a enseñarles la Buena Noticia de Dios. No lo hace por obligación. No piensa en sí mismo. Les comunica la Palabra de Dios, conmovido por la necesidad que tienen de un pastor.

 

No podemos permanecer indiferentes ante tanta gente que, dentro de nuestras comunidades cristianas, anda buscando un alimento más sólido que el que recibe. No hemos de aceptar como normal la desorientación religiosa dentro de la Iglesia. Hemos de reaccionar de manera lúcida y responsable. No pocos cristianos buscan ser mejor alimentados. Necesitan pastores que les transmitan la enseñanza de Jesús.

 

 

COMO OVEJAS SIN PASTOR

 

Le dio lástima de ellos.

 

Los discípulos, enviados por Jesús para anunciar su Evangelio, vuelven entusiasmados. Les falta tiempo para contar a su Maestro todo lo que han hecho y enseñado. Al parecer, Jesús quiere escucharlos con calma y los invita a retirarse «ellos solos a un sitio tranquilo a descansar un poco ».

 

La gente les estropea todo su plan. De todas las aldeas corren a buscarlos. Ya no es posible aquella reunión tranquila que había proyectado Jesús a solas con sus discípulos más cercanos. Para cuando llegan al lugar, la muchedumbre lo ha invadido todo. ¿Cómo reaccionará Jesús?

 

El evangelista describe con detalle su actitud. A Jesús nunca le estorba la gente. Fija su mirada en la multitud. Sabe mirar, no sólo a las personas concretas y cercanas, sino también a esa masa de gente formada por hombres y mujeres sin voz, sin rostro y sin importancia especial. Enseguida se despierta en él la compasión. No lo puede evitar. «Le dio lástima de ellos ». Los lleva todos muy dentro de su corazón.

 

Nunca los abandonará. Los «ve como ovejas sin pastor »: gentes sin guías para descubrir el camino, sin profetas para escuchar la voz de Dios. Por eso, «se puso a enseñarles con calma», dedicándoles tiempo y atención para alimentarlos con su Palabra curadora.

 

Un día tendremos que revisar ante Jesús, nuestro único Señor, cómo miramos y tratamos a esas muchedumbres que se nos están marchando poco a poco de la Iglesia, tal vez porque no escuchan entre nosotros su Evangelio y porque ya no les dicen nada nuestros discursos, comunicados y declaraciones.

 

Personas sencillas y buenas a las que estamos decepcionando porque no ven en nosotros la compasión de Jesús. Creyentes que no saben a quién acudir ni qué caminos seguir para encontrarse con un Dios más humano que el que perciben entre nosotros. Cristianos que se callan porque saben que su palabra no será tenida en cuenta por nadie importante en la Iglesia.

 

Un día el rostro de esta Iglesia cambiará. Aprenderá a actuar con más compasión; se olvidará de sus propios discursos y se pondrá a escuchar el sufrimiento de la gente. Jesús tiene fuerza para transformar nuestros corazones y renovar nuestras comunidades.

  

OVEJAS SIN PASTOR

 

Le dio lástima...

porque andaban como ovejas sin pastor.

 

Jesús lo vivía todo desde la compasión. Era su manera de ser, su primera reacción ante las personas. No sabía mirar a nadie con indiferencia. No soportaba ver a las personas sufriendo. Era algo superior a sus fuerzas. Así fue recordado por las primeras generaciones cristianas.

 

Pero los evangelistas dicen algo más. A Jesús no le conmueven sólo las personas concretas que encuentra en su camino: los enfermos que le buscan, los indeseables que se le acercan, los niños a los que nadie abraza. Siente compasión por la gente que vive desorientada y no tiene quien la guíe y alimente.

 

El evangelista Marcos describe lo que sucedió en alguna ocasión junto al lago de Galilea. De todas las aldeas llegaron corriendo al lugar en el que iba a desembarcar Jesús. Al ver a toda aquella gente, Jesús reacciona como siempre: «sintió compasión porque andaban como ovejas sin pastor».

 

La imagen es patética. Jesús parece estar recordando las palabras pronunciadas por el profeta Ezequiel seis siglos antes: en el pueblo de Dios hay ovejas que viven sin pastor: ovejas «débiles» a las que nadie conforta; ovejas «enfermas» a las que nadie cura; ovejas «heridas» a las que nadie venda. Hay también ovejas «descarriadas» a las que nadie se acerca y ovejas «perdidas» a las que nadie busca (Ezequiel 34).

 

Mientras nosotros analizamos las causas del deterioro social y de la crisis eclesial; mientras discutimos sobre la posición que ha de tomar la Iglesia en una sociedad secularizada; mientras nos descalificamos unos a otros y condenamos fácilmente todo lo que nos irrita, hay entre nosotros muchas, muchísimas «ovejas sin pastor».

 

Gente sola a la que nadie tiene tiempo de escuchar. Esposas y esposos que sufren impotentes y sin ayuda alguna el derrumbamiento de su amor. Jóvenes que abortan presionadas por el miedo y la inseguridad, sin el apoyo y la comprensión de nadie. Personas que sufren secretamente su incapacidad para salir de una vida indigna. Alejados que desean reavivar su fe y no saben a quién acudir ¿Quién despertará entre nosotros la compasión? ¿Quién dará a la Iglesia un rostro más parecido al de Jesús?

 

 

FIESTAS

 

A descansar un poco.

 

No conozco ningún estudio documentado sobre la transformación que han sufrido nuestras fiestas estos últimos años, pero tendría su interés, al menos si es cierto aquello de Saint-Exupery: «Dime cuáles son tus fiestas y te podré decir cómo es tu civilización».

 

La fiesta es algo más que la interrupción del trabajo. «Hacer fiesta» significa entrar en una atmósfera afectiva peculiar despertando en nosotros nuevas posibilidades de disfrute y gusto por la vida.

 

Por eso, cuando las personas no están vivas por dentro o arrastran una existencia en gran parte vacía, es muy difícil entrar en la fiesta. Se puede organizar un programa atractivo de festejos, pero la fiesta no prende en los corazones.

 

Hay todavía algo más significativo. En la fiesta la vida se carga de un contenido nuevo. Al ser humano se le revela el sentido más pleno de la vida regenerándole así del desgaste y la rutina de la vida diaria.

 

La vida no se reduce a la esclavitud penosa del trabajo. La lucha y el esfuerzo no tienen la última palabra de todo. La existencia es regalo misterioso que hay que disfrutar y celebrar. Por eso hay algo de sacro en toda fiesta y es normal que el acontecimiento festivo brote casi siempre del culto o culmine en él.

 

Hoy sabemos hacer vacación pero a nuestra vacación le falta ese «algo más» que es imprescindible para celebrar festivamente la existencia. Sabemos interrumpir nuestro trabajo y olvidar por algún tiempo problemas y preocupaciones, pero nos falta ese sentido positivo de plenitud que invade al hombre en fiesta invitándole a celebrar a su Creador.

 

La desacralización de nuestras fiestas van reduciendo nuestras fiestas a diversión y esparcimiento colectivo, pero las vacían de su hondo contenido.

 

Para celebrar fiesta plena un pueblo ha de escuchar el estampido de los cohetes y chupinazos pero también la invitación de las campanas.

 

 

EL ARTE DE LA VACACIÓN

 

.. .a descansar un poco.

 

Hacer unas buenas vacaciones es un arte. Algunos piensan que basta con organizarse de manera inteligente pára obtener toda esa clase de disfrute y diversión. No es lo más acertado. Pocas cosas hay más penosas que ver a las personas llegar de vacaciones con el espíritu maltrecho y el cuerpo más cansado que nunca por el ritmo alocado del verano. Se pueden vivir unas vacaciones placenteras que, al mismo tiempo, mejoren nuestra calidad de vida.

 

Durante las vacaciones, el centro de gravedad se desplaza del trabajo al aire libre. Hacer vacaciones es, sobre todo, liberarse de la dependencia y sujeción del trabajo para vivir en la distensión y el descanso. Algunos, al parecer, necesitan continuar de alguna manera su trabajo y no se sienten cómodos sin realizar alguna actividad de carácter utilitario. Es un error. El trabajo es importante, pero no agota el sentido de nuestra existencia ni pone de manifiesto su dimensión más fundamental y esperanzadora. La persona ha de aprender a vivir de manera gratuita y libre disfrutando del descanso, la convivencia tranquila y el contacto gozoso con la naturaleza.

 

El tiempo empleado en «no hacer nada» no es un tiempo perdido, pero el descanso es algo más que la simple inactividad. Este distanciamiento veraniego nos puede ayudar a encontrarnos con nosotros mismos, obtener una visión más clara de la trayectoria de nuestra vida e incluso captar errores y desaciertos que necesitan ser corregidos.

 

Las vacaciones ofrecen, por lo general, la posibilidad de vivir de manera más libre y creativa, pero es, precisamente, esta libertad y falta de rutina diaria la que puede crear problemas. Algunos no saben como «matar el tiempo», otros necesitan programar todas sus actividades. El arte está en vivir creativamente disfrutando del cuerpo y del espíritu, de la naturaleza y de los amigos, de la música y del arte, de la fiesta y de la oración.

 

Hay muchas maneras de escuchar la llamada de Jesús: «Venid a un sitio tranquilo a descansar un poco». No hemos de olvidar, sin embargo, que quien no ama nada ni a nadie no puede descansar y alegrarse, por mucho que lo intente. «Ubi caritas gaudet, ibi est festivitas» decía san Juan Crisóstomo, «donde el amor despierta el gozo, allí hay fiesta».

 

 

VACACIONES

 

A descansar un poco.

 

Desde que en 1936 se logró la concesión de vacaciones pagadas en Francia, el descanso veraniego se ha ido convirtiendo en un fenómeno masivo de especial importancia en las sociedades desarrolladas. No se trata sólo de contar con un «tiempo libre» más largo. «Estar de vacaciones» o «salir de vacaciones» es vivir una vida diferente.

 

No todos entienden las vacaciones de la misma forma. Muchos se dejan atrapar sin más por el «consumo organizado del verano» con sus playas y lugares de recreo masivo, bronceado obligatorio, recorrido imperativo por los itinerarios turísticos o diversiones nocturnas inevitables. Hay quien busca, sobre todo, la evasión placentera que permita olvidar los problemas y tensiones del año. Cada vez son más los que entienden este tiempo vacacional como una oportunidad para recuperar dimensiones descuidadas.

 

Las vacaciones permiten, por lo general, vivir con mayor autonomía. Aprisionados por horarios inflexibles, esclavos de toda clase de ocupaciones obligatorias, es bueno descubrir qué sabemos hacer con nuestra vida cuando podemos disponer de ella con más libertad. Después de una actividad mecánica, repetitiva y rutinaria, es sano desarrollar la iniciativa y aprender a vivir con más fantasía.

 

Las vacaciones permiten también vivir con un ritmo más natural, restableciendo el equilibrio perdido. Qué bien hace a la persona estrenar el nuevo día sin prisas, recuperar el contacto con la naturaleza, saber estar sin hacer nada, disfrutar de una buena música o un buen libro, conversar despacio con los amigos. Poco a poco la persona recupera su salud interior y su dignidad.

 

A quien sabe descansar así, las vacaciones le ayudan a encontrarse consigo mismo. Le permiten tomar conciencia de algunos errores en su forma ordinaria de vivir y le invitan a actuar en adelante de manera más sana. Aunque el resultado no sea inmediato, éste puede ser a más largo plazo el mejor fruto de unas buenas vacaciones.

 

En cualquier caso, el verano no es una receta para resolver la frustración y el vacío interior que genera en la persona una vida equivocada y mal fundamentada. Es necesario ahondar más en nuestra propia existencia. En el umbral de las vacaciones, el texto evangélico nos recuerda estas palabras de Jesús: «Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco» (Marcos 6, 31).

 

 

DESCANSAR

 

Venid... a un sitio tranquilo a descansar.

 

Llama la atención cómo han aumentado los problemas de «estrés» o de «surmenage» en unos tiempos en los que el bienestar y la comodidad son una de las primeras metas de no pocos.

 

Son incontables los estadios que se vienen publicando sobre el desequilibrio que produce en las personas un estilo de vida marcado por el exceso de actividad, la agitación y la dispersión. Simplificando bastante las cosas, los expertos nos ayudan a distinguir entre el cansancio, el agotamiento y el desgaste. Tres términos que a menudo se confunden, pero que responden a tres experiencias diferentes.

 

El cansancio es la consecuencia normal y transitoria de cualquier esfuerzo que realizamos de manera algo intensa o duradera. Toda actividad lleva consigo una dosis de cansancio. Pero este cansancio es sano siempre que se mantenga dentro de unos límites normales; estimula el organismo, incita al sueño y da a la persona una sensación de vitalidad. Es una equivocación pretender eliminar este cansancio; lo importante es dosificarlo y saber descansar mediante el sueño y un reposo adecuado.

 

El agotamiento es otra cosa. Sin recuperarse debidamente de sus cansancios, la persona sigue actuando por encima de sus límites. El individuo emprende una tarea detrás de otra sin un minuto de respiro; siempre tiene algo que hacer. Pronto aparecen diferentes perturbaciones que no son sino «señales de alarma»: la persona no puede conciliar el sueño, se hace cada día más irritable, crece su inseguridad, pierde el apetito o come con ansia exagerada, se deteriora su relación con las personas, cada día se siente peor.

 

Esta persona está ya «enferma», aunque no es fácil que ella lo reconozca y asuma su propia responsabilidad. Para liberarse de este agotamiento ya no basta el descanso normal. Se necesitan unas semanas de reposo y un planteamiento nuevo de todo. La persona se cura cuando aprende a recomponer su vida, organizar mejor su trabajo y asegurar un ritmo sano de actividad y descanso.

 

Si el individuo no reacciona y el estado de agotamiento se prolonga durante años, llega inevitablemente el desgaste con sus síntomas inequívocos de envejecimiento prematuro, insomnio permanente, apatía, fases depresivas y decaimiento general.

 

Por eso, no es una trivialidad organizarse bien las vacaciones. Puede ser un deber. El descanso veraniego ha de ser un período de recuperación física y psíquica. Pero puede ser, además, una oportunidad para revisar nuestra vida, reconocer nuestras equivocaciones, respetar nuestros límites y aprender a vivir de manera más humana. Es una manera de escuchar también hoy la invitación de Jesús a sus discípulos: «Venid a un sitio tranquilo a descansar.»

 

 

UN DESCANSO DIFERENTE

 

Venid a descansar.

 

Según el diccionario, descansar es “cesar en el trabajo o en una actividad, reposar para reparar fuerzas”. Sin embargo, no todos los que interrumpen sus ocupaciones laborales durante las vacaciones, vuelven descansados.

 

Hay un cansancio más profundo que la mera fatiga causada por la actividad de cada jornada. Un cansancio que puede instalarse de manera insidiosa en la vida de la persona y que no desaparece sólo por el hecho de “tomarse unas vacaciones”.

 

Antes que nada, está ese cansancio que proviene de nuestra tendencia a dar una importancia excesiva y desproporcionada a lo que nos va sucediendo. A veces revestimos de un valor absoluto aquello que nos preocupa en un determinado momento. Parece que no existe nada más en el mundo y que, además, siempre será así.

 

Para descansar es necesario situar de nuevo las cosas en su verdadera dimensión y perspectiva. Aprender a “relativizar”, lo cual no quiere decir quitar importancia a los hechos, sino ponerlos en relación con lo que es importante y esencial en la vida. El creyente sabe hacerlo desde la fe. Cómo cambian los agobios, tensiones y conflictos cuando la persona los sitúa en el horizonte total de la vida, y los vive desde la grandeza y el perdón de Dios.

 

Hay otro cansancio, que nace de la dispersión y desintegración. Cuando alguien vive dividido interiormente, arrastrado por toda clase de contradicciones y sin coherencia personal, pronto experimenta el desasosiego, la inseguridad y el agotamiento. La vida se hace difícil, las relaciones se crispan, la salud se quiebra.

 

Para descansar es necesario entonces recuperar la unidad interior y ser fiel a la propia conciencia. La persona que se siente integrada vuelve a experimentar la fuerza interior y el descanso. Para el creyente, Dios es ese Misterio último de la vida que le invita a unificarlo todo desde el amor.

 

Otra fuente de cansancio es el aburrimiento y la rutina. La vida es, en gran parte, repetición y si la persona no vive desde dentro, corre el riesgo de caer en la rutina. Las cosas pierden novedad, todo es igual, nada merece la pena, la pareja que un día vivió enamorada hoy se aburre hasta en los momentos de mayor intimidad.

 

Para recuperar de nuevo la vida no basta entonces visitar nuevos países, descubrir paisajes desconocidos o entablar nuevas amistades. La novedad debe venir de adentro hacia afuera, no de afuera hacia adentro. Para el creyente, la vida es un regalo de Dios que hay que agradecer, disfrutar y compartir intensamente cada día.

 

El evangelio nos recuerda la invitación de Jesús: “Venid a un sitio tranquilo a descansar un poco”. Tal vez, la Iglesia de hoy deba repetir la misma invitación al hombre contemporáneo, a veces tan agobiado, disperso, aburrido o estresado, y enseñarle a encontrar descanso interior.

 

 

REIR

 

A descansar un poco.

 

La escena está cargada de ternura. Llegan los discípulos cansados del trabajo realizado. La actividad es tan intensa que ya “no encontraban tiempo para comer”. Y entonces Jesús les hace esta invitación: “Venida un sitio tranquilo a descansar”.

 

Los cristianos olvidamos hoy con demasiada frecuencia que un grupo de cristianos no es sólo una comunidad de oración, reflexión y trabajo, sino también una comunidad de descanso y disfrute.

 

Pero no siempre ha sido así. Las frases que siguen no son de ningún teólogo progresista. Están redactadas allá por el siglo IV por aquel gran Obispo poco sospechoso de frivolidades que fue San Agustín.

 

“Un grupo de cristianos es un grupo de personas que rezan juntas, pero también conversan juntas. Ríen en común y se intercambian favores. Están bromeando juntas y juntas están en serio. Están a veces en desacuerdo, pero sin animosidad, como se está a veces con uno mismo, utilizando ese desacuerdo para reforzar siempre el acuerdo habitual.

 

Aprenden algo unos de otros o lo enseñan unos a otros. Echan de menos, con pena, a los ausentes. Acogen con alegría a los que llegan. Hacen manifestaciones de este u otro tipo: chispas del corazón de los que se aman, expresadas en el rostro, en la lengua, en los ojos, en mil gestos de ternura” (“Las Confesiones”).

 

Tal vez, lo que más nos sorprende hoy en este texto es esa faceta de unos cristianos que saben rezar pero saben también reír. Saben estar serios y saben también bromear.

 

La Iglesia actual aparece casi siempre grave y solemne. Parece como que los cristianos le tenemos miedo a la risa, como si la risa fuera siempre signo de frivolidad y falta de responsabilidad ante los problemas.

 

Pero hay un humor y un saber reír que es signo más bien de madurez y sabiduría. Es la risa del creyente que sabe reír porque sabe relativizar lo que es relativo, sin dramatizar sin necesidad los problemas.

 

Es una risa que nace de la confianza última de ese Dios que nos mira a todos con piedad y ternura. Una risa que distiende, libera y da fuerzas para seguir caminando.

 

Esta risa une. Los que ríen juntos no se atacan ni se hacen daño porque la risa verdaderamente humana nace de un corazón que sabe comprender y amar.

 

 

¿DESCANSO O ABURRIMIENTO?

 

… descansar un poco.

 

Son muchos los que piensan que el hombre actual, esclavo de «una sociedad de la eficacia», está perdiendo capacidad para celebrar, hacer fiesta y disfrutar hondamente de la vida.

 

La actividad desnuda marca su vida entera. Hemos logrado a base de trabajo crear unas condiciones más aptas para una vida digna, pero luego no sabemos disfrutar de esa vida.

 

El hombre actual suspende temporalmente el trabajo, la tensión y la presión de la actividad para lograr otra vez el equilibrio sicológico, la distensión física y una capacidad nueva para el trabajo. Pero en muchos hombres, «ya no hay culto ni celebración ni descanso, sino tan solo derecho al tiempo libre, vacaciones y placer» (H. Rombach).

 

Sin embargo, el hombre no es sólo «una máquina» que necesita una recuperación, sino un ser que necesita encontrase consigo mismo y redescubrir las raíces mismas que dan sentido a su vida.

 

Por eso el descanso verdadero no es tiempo muerto, placer vacío, repliegue egoísta sobre sí mismo, aburrimiento insoportable, obligación social de sentirse feliz y pasarlo bien. El descanso ha de ser «re-creación» que nos libera de nuevo para la vida y el amor.

 

El problema de muchos es que, al dejar su trabajo y no estar ya ocupados por las obligaciones habituales, se encuentran con su propio vacío y su incapacidad de comunicarse con un poco de ternura ni siquiera con las personas más cercanas.

 

Entonces las vacaciones se convierten en una huída alocada y el descanso en un esfuerzo vano por llenar el vacío interior acumulando experiencias siempre nuevas, buscando estimulantes siempre más fuertes o dejándose estrujar de manera infantil por «la industria del tiempo libre».

 

Sin embargo, tarde o temprano, se corre el peligro de encontrar todo aburrido ya que uno mismo, con su propio vacío, es la fuente y la causa de su propio tedio y aburrimiento.

 

Es bueno escuchar una vez más la sabiduría de B. Pascal: «He dicho con frecuencia que toda la desgracia de los seres humanos procede de una sola cosa que es no saber permanecer en paz dentro de una habitación».

 

El descanso engendra tedio y se vuelve insoportable cuando el hombre no sabe abrirse hacia lo mejor que hay en él y hacia aquél que es fuente de vida y de libertad. Ojalá sepamos escuchar en medio de nuestras vacaciones las palabras de Jesús: «Venid a un sitio tranquilo a descansar un poco».

 

 

DESCANSO ENRIQUECEDOR

 

Venid a descansar un poco.

 

Es gozoso para un creyente encontrarse con un Jesús que sabe comprender las necesidades más hondas del ser humano. Por eso, se nos llena el alma de alegría al escuchar la invitación que dirige a sus discípulos: «Venid a un sitio tranquilo a descansar un poco».

 

Los hombres necesitamos «hacer fiesta». Y quizás hoy más que nunca. Sometidos a un ritmo de trabajo inflexible, esclavos de ocupaciones y tareas a veces agotadoras, necesitamos ese descanso que nos ayude a liberarnos de la tensión, el desgaste y la fatiga acumulada a lo largo de los días.

 

El hombre contemporáneo ha terminado con frecuencia por ser un esclavo de la productividad. Tanto en ios países socialistas como capitalistas, el valor de la vida se reduce en la práctica diaria a producción, eficacia y rendimiento laboral.

 

H. Cox ha dicho que el hombre actual «ha comprado la prosperidad al precio de un vertiginoso empobrecimiento en sus elementos vitales». Lo cierto es que todos corremos el riesgo de olvidar el valor último de la vida para ahogarnos en el activismo, el trabajo y la producción.

 

La sociedad industrial nos ha hecho a todos más laboriosos, mejor organizados, más eficaces, pero mientras tanto, son muchos los que tienen la impresión de que la vida se les escapa tristemente de entre las manos.

 

Por eso, el descanso no puede ser solamente la «pausa» necesaria para reponer nuestras energías agotadas, o una «válvula de escape» que nos libere de las tensiones acumuladas, para volver así con nuevas fuerzas al trabajo de siempre.

 

El descanso nos debería ayudar a regenerar todo nuestro ser descubriéndonos dimensiones nuevas de nuestra existencia. La fiesta nos debe recordar que la vida no es sólo esfuerzo y trabajo agotador. El hombre está hecho también para disfrutar, para jugar, para gozar de la amistad, para orar, para agradecer, para adorar...

 

No debemos olvidar nunca que, por encima de luchas y rivalidades, todos los hombres estamos llamados y desde ahora a disfrutar como hermanos de una fiesta que un día será definitiva.

 

Tenemos que aprender a «hacer vacaciones» de otra manera. No se trata de obsesionarnos con «pasarlo bien» a toda costa, sino de saber disfrutar con sencillez y agradecimiento de los amigos, la familia, la naturaleza, el silencio, el juego, la música, el amor, la belleza, la convivencia.

 

No se trata de vaciarse en la superficialidad de unos días vividos de manera alocada, sino de recuperar la armonía interior, cuidar más las raíces de nuestra vida, encontrarnos con nosotros mismos, disfrutar de la amistad y el amor de las personas, «gozar de Dios» a través de la creación entera.

 

Y no olvidemos algo importante. Sólo tenemos derecho al descanso y la fiesta, si nos cansamos diariamente en el esfuerzo por construir una sociedad más humana y feliz para todos.

 

 

LA GENTE ES MÁS IMPORTANTE QUE UNA PROGRAMACIÓN

Fray Marcos

Mc 6, 30-34

 

CONTEXTO

Para comprender los distintos aspectos del evangelio de hoy, tenemos que tener presente el contexto. Los apóstoles acaban de volver de la misión a la que Jesús les ha envidado (evangelio del domingo pasado). Entre el envío y el regreso, nos ha contado la muerte de Juan Bautista.

El hecho de retirarse a un sitio tranquilo y apartado, puede tener dos motivos aparentes: que los discípulos descansen del trabajo, o que, ante el peligro de Herodes, buscasen menor notoriedad. Pero estos motivos nos dirían muy poco. Lo importante está un poco más allá. Marcos nos está diciendo que los discípulos necesitan una seria reflexión sobre el éxito de su misión, como Jesús necesitó meditar sobre su mesianismo.

 

EXPLICACIÓN

Después de la misión de los doce, se vuelven a reunir y se cuentan las peripecias de la tarea que acaba de terminar. Parece ser que les ha ido bien y vienen encantados (Lucas lo dice expresamente). La euforia de la gente que les busca ratifica esa visión. El éxito se les está subiendo a la cabeza y no les deja tomar la postura adecuada.

 

"Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco". El mismo Jesús que les empujó a una actividad febril entre la gente, les lleva ahora a un alejamiento de esa misma gente para dedicarse a ellos mismos. No se trata solamente de la preocupación por su cansancio. Se trata, sobre todo, de que entiendan bien el sentido de lo que está sucediendo y no se dejen llevar por falsos espejismos. Por dos veces se dice que van al desierto, para dejar claro que necesitan una reconversión.

El texto griego no dice 'lugar tranquilo o despoblado' sino 'lugar desértico'. La diferencia es importante si tenemos en cuenta el significado que Marcos da al desierto, como lugar de lucha contra el falso mesianismo. Inmediatamente después de ser bautizado, Marcos coloca a Jesús en el desierto, para que allí aclare cuál va a ser su verdadera misión, superando la tentación de un mesianismo triunfalista. Después del primer éxito en la sinagoga de Cafarnaún y la curación de la suegra de Pedro, se marcha él solo al desierto (exactamente la misma expresión). Ahora Jesús pretende que una reflexión calmada, haga superar el estado de euforia.

 

"Se les adelantaron". Los planes van a ser frustrados por una urgencia mayor, la de la gente que le esperaba. En la profunda humanidad manifestada por Jesús en el evangelio de hoy, tenemos que descubrir su verdadera divinidad. Es de notar que el relato habla ahora del grupo. "Los reconocieron", "se les adelantaron". Al incorporar a los doce a su propia misión, queda establecido el grupo como comunidad. La búsqueda de la gente refleja una carencia de apoyo y estímulo que posibilita la tarea de Jesús. Como la hemorroísa, como Jairo, el pueblo oprimido descubre su necesidad de salvación y la busca en Jesús.

 

"Como ovejas sin pastor". Es una imagen clásica en el AT. En una cultura en que la ganadería era el principal medio de sustento, todos sabían perfectamente lo que se estaba insinuando con la imagen del pastor. Siguiendo la primera lectura (Jr 23,1-6), Jesús hace una crítica a los dirigentes que, en vez de cuidar de las ovejas, las utilizan en beneficio propio. Siempre ha pasado lo mismo. Nunca han faltado pastores, pero han sido tantas las ofertas y hechas con tanta persuasión, que el pueblo se ha sentido indefenso ante las ofertas más disparatadas.

 

"Le dio lástima". Hoy no le conmueve un ciego o leproso, sino la gente normal, que anda descarriada. La 'compasión' sería una manera más adecuada de expresar el amor, superando los malentendidos que la palabra 'lástima' puede comportar. Podemos sentir lástima de una persona, pero no mover un dedo para sacarle de su lastimosa situación.

En todos los tiempos podemos constatar políticos y eclesiásticos que no tienen en cuenta al pueblo a la hora de tomar sus decisiones. La actitud de Jesús (enseñar y dar de comer) es el mejor antídoto contra la tentación de buscar en la gente el aplauso y la sumisión.

 

"Y se puso a enseñarles con calma". Una manera muy sutil de decir que, por encima de los planes de Jesús, está la necesidad de la gente. Por cierto, el texto griego no dice "con calma", sino "muchas cosas". La verdad es que del contexto se deduce que dedicó todo el día a esa tarea, pues a continuación Marcos narra la primera multiplicación de los panes, que empieza advirtiendo de que 'se hizo tarde'.

El tiempo es lo más preciado que tenemos porque es limitado. Tener tiempo para los demás es la mejor manera de responder a las exigencias del evangelio. En realidad, la vocación del cristiano es ésta: ser para los demás.

 

APLICACIÓN

Se cumple la promesa de Jeremías. Jesús es el único pastor. Como dice Juan, él es el modelo de pastor, el único que no nos va a engañar ni se va a aprovechar de nosotros. Con todos los demás que se presenten como intermediarios, hay que tener cuidado, porque nos pueden desviar poniendo sus intereses por delante de los nuestros. Es una tentación en la que los seres humanos caemos casi siempre; incluso cuando hablamos de Dios es para manipularlo y ponerlo a nuestro servicio.

También hoy andan las ovejas sin pastor. No faltan pastores, pero cada uno las manda por un camino diferente. No sé lo que pasaría en otras épocas, pero si hay una característica de la nuestra, es precisamente la desorientación. Es urgente descubrir el verdadero mensaje de evangelio para poder superar tanta ideología y legalismo como se le ha adherido a través del tiempo.

Cuando Pablo dice que derribó el muro que los separaba (Ef 2,13-18), no se refiere a una situación externa, sino a una actitud interna de fidelidad a sí mismos, que permite a los seres humanos superar la barrera del odio. Lo que nos separa es siempre nuestro "ego" (falso yo). Nuestro verdadero ser, lo que hay de Dios en nosotros, es idéntico en todos.

Cuando en el evangelio Jesús invita a los apóstoles a retirarse al "desierto", está tratando de decirnos que solo en el silencio y en el recogimiento interior, podemos encontrar el verdadero ser, y solo después de saber donde está, podemos indicar a los demás el camino para encontrarlo. Sin vida interior, sin meditación profunda, no puede haber una verdadera vida espiritual. Sin esa vivencia no podemos ayudar a los demás a descubrir el manantial de agua viva que llevan dentro. Si encontramos a Dios en nosotros, llevarlo a los demás se convertirá en la tarea más urgente y más fácil de nuestra vida.

El evangelio de hoy es un reconocimiento de la necesidad del silencio para recuperar la armonía interna, amenazada por el exceso de actividad en cualquier orden de cosas. El estrés que hoy padecemos se debe a que no tenemos tiempo para nosotros mismos. Esta falta de tiempos tranquilos nos impide asimilar y ordenar los acontecimientos, que de esa manera, nos pueden destrozar, como la comida no digerida y por lo tanto indigesta.

Busca en tu interior y descubre allí el verdadero guía. No mendigues más agua que se te da a cuentagotas y por un precio; busca la fuente que está siempre manando y a tu entera disposición. Las mediaciones serán buenas en la medida que no se conviertan en fines o en medios para que otro se aproveche. Te ayudará todo aquel que te ayude a entrar dentro de ti y a ser fiel a las exigencias que nacen de lo hondo del ser. La exigencia fundamental del ser humano es el amor. Sin ser amado puedes desplegar tu humanidad, sin amar, no.

El dedicarse a los demás y la dedicación a uno mismo no son dos aspectos que se puedan separar. La contemplación y la acción no pueden disociarse. Ni una ni otra serían auténticas si las separáramos. Todo acercamiento a Dios lleva directamente a los demás. Todo verdadero acercamiento a los demás, nos acerca inevitablemente a Dios. Si en nuestra vida somos capaces de olvidar uno de los dos aspectos, será la señal de que nos estamos equivocando de objetivo y además, nos estamos alejando del evangelio.

 

Meditación-contemplación

 

Acción o contemplación

ha sido el caballo de batalla de la vida espiritual.

No hay tal oposición entre una y otra.

La acción sin contemplación sería estéril.

La contemplación sin acción sería una falacia.

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Al verdadero Dios solo se llega a través del ser.

Descubrir tu verdadero ser es identificarte con los demás.

Una auténtica vida espiritual

te llevará a la preocupación sincera por el otro.

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Cuando la entrega al otro no es fruto de una programación,

es en sí misma, una verdadera oración.

Un verdadero contacto con Dios en la oración,

es ya en sí, una acción en beneficio de todos.

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J. ALDAZABAL

 

Ya en el tiempo pascual las lecturas de un domingo nos hablaban del Buena Pastor, con mayúsculas. Hoy se repite en parte el mismo tema, pero más bien se podría orientar la reflexión hacia el "buen pastor", con minúsculas: aquellos cristianos que, dentro de la comunidad eclesial, de un modo o de otro participan del servicio pastoral para con los demás, imitando y representando a Cristo Jesús.

El tema es parecido al del domingo pasado: entonces leíamos el envío de los doce, hoy su vuelta. Pero hay matices distintos. Y el domingo que viene leeremos la escena en la que desemboca la de hoy: la multiplicación de panes para la muchedumbre.

-Los malos pastores. 

Hay veces en que es la gente la que murmura de la actuación de sus pastores. Pero hay otras en que el que protesta es el mismo Dios.

Las lecturas de hoy nos han puesto primero el contraste: Jeremías, de parte de Dios, se queja del modo de actuar de los pastores de su pueblo. Como en otras páginas proféticas (por eje. de Ezequiel) Dios denuncia que los falsos pastores se buscan y predican a sí mismos, que buscan su propio interés, y no el de las ovejas, descuidando su deber:  "dispersasteis mis ovejas, no las guardasteis"...

Dios promete que suscitará a uno que sí cumplirá lo que se pide a un buen pastor (cfr. la primera lectura y el salmo). Nosotros vemos en Cristo la imagen perfecta de este Pastor.  Pero también nos damos cuenta que el mismo Cristo ha suscitado y enviado a otros pastores, para los cuales va también el aviso de las tentaciones que les acechan.

-La vuelta de los "aprendices de pastor". 

La escena del evangelio de hoy es muy sencilla pero llena de matices humanos y significativos.

Los doce, de vuelta de su primer envío (de dos en dos) cuentan a Jesús lo que han hecho. No se nos dice si prevalecían los éxitos o los fracasos. Pero es interesante que revisen su primera experiencia de pastores junto a Cristo, y en grupo. El que tiene la tarea pastoral o se dedica al servicio de los demás necesita el reposo de la oración, de la contemplación junto a Cristo: reponer fuerzas, profundizar motivaciones, discernir sus actuaciones.

Y hay un gesto muy humano de Jesús: les invita a descansar, en la soledad. El también sabe lo que es la fatiga y busca a veces la soledad (en el monte, en el campo, o de noche).  No es bueno el "stress", aunque sea espiritual. "No tenían tiempo ni para comer". Todos los que trabajan, también por el Reino, necesitan una cierta serenidad, y equilibrio mental y psíquico.

Otra cosa es que lo consiguieran. Fracasó este intento de retiro espiritual, porque la gente les siguió agobiando con su presencia.

-Las cualidades de un buen pastor. 

De nuevo, hoy, las lecturas se prestan a un examen de conciencia que empieza precisamente por el que está predicando, porque el mensaje va para aquellos que Cristo ha puesto como pastores en su comunidad. Pero la lección va también para todos los que trabajan en equipo, con un grado mayor o menor de corresponsabilidad, para bien del pueblo de Dios o como testigos evangélicos.

No creo que sea violentar la organización de las lecturas el aprovechar, de la segunda de hoy, lo que Pablo afirma de Cristo y aplicarlo a todo aquél que quiere imitarle en su tarea pastoral: que ha de ser lazo de unión, tender puentes, y facilitar el diálogo. Ser persona de paz, de reconciliación. Precisamente porque estamos reconciliados por Cristo, y porque El ha roto murallas y divisiones, debemos saber favorecer la unidad en la comunidad. Los pastores malos "dispersan" (1. lectura). Los buenos reúnen, ayudan a superar las muchas divisiones (algunas por motivos bien tontos) que amenazan siempre a la comunidad eclesial, grande o pequeña.

Una cualidad esencial al buen pastor es su entrega total, su disponibilidad desinteresada.  En contraste con los malos pastores que se buscan a sí mismos, aparecen hoy esos buenos "aprendices de pastor" que son todavía los apóstoles, totalmente entregados a su misión, sin tiempo ni para comer: dedican el tiempo a los demás. Y cuando se les ofrece tiempo para ellos mismos, en el descanso, saben renunciar a él, siguiendo el ejemplo de Jesús: siguen atendiendo a la gente, con calma, sin hacerse de rogar.

Tener tiempo para los demás es el colmo de una vocación pastoral en la Iglesia. Con lo que supone de renuncia a los propios planes y horarios. El buen pastor está al servicio de los demás.

Claro que en todo esto lo que intenta hacer un pastor es seguir el ejemplo de Cristo Jesús, que puede recomendar estas cosas porque las cumple a la perfección El mismo. En la introducción al Misal se le dice al que preside una Eucaristía que "debe servir a Dios y al pueblo... e insinuar a los fieles, en el mismo modo de comportarse y de anunciar las divinas palabras, la presencia viva de Cristo" (IGMR 60). Es un buen programa de actuación pastoral.

-Todos somos un poco pastores al servicio de los demás.

La aplicación de la homilía no sólo va para los pastores en cuanto ministros ordenados de la comunidad. Todos los cristianos, en mayor o menor grado, y cada uno en su ambiente, tenemos la responsabilidad de ayudar a los demás, con nuestro testimonio y con nuestra acción: unos padres que educan a sus hijos en la fe, un joven que da testimonio ante sus amigos, los que forman parte de los diversos grupos de animación de una parroquia (liturgia, atención a los enfermos, etc.): todos somos misioneros y apóstoles. Las cualidades que aquí aparecían como exigidas a los pastores van para cada uno de nosotros. Incluyendo toda clase de autoridad (también social, económica o política) que podamos tener, y que debemos interpretar y vivir como servicio, y no como usufructo aprovechado.

El mundo de hoy sigue estando desorientado, "como ovejas sin pastor". Y Cristo quiere que todos los cristianos ayuden a esta humanidad a encontrar los caminos de verdad y felicidad, de paz y de verdadero progreso, que todos buscan, en medio de la maraña de ideologías, promesas, movimientos religiosos y mesianismos que nos interpelan. 

 

SANTOS BENETTI

 

1. Sentir con el otro 

El domingo pasado veíamos cómo Jesús eligió a los Doce y los envió de dos en dos como sus mensajeros de liberación. Hoy, Marcos nos describe cómo vuelven cansados, pero felices por cuanto habían hecho y enseñado. Jesús, cual sabio maestro, los invita a descansar un poco en algún lugar retirado, ya que la gente se agolpaba a tal punto que, comenta Marcos, «no encontraban tiempo ni para comer».

Ya este texto va preparando el resto de la narración: por fin, el pueblo ha descubierto a alguien que lo alimenta espiritualmente, que le habla con autoridad y que le trae una buena noticia.

De esta forma Jesús y los suyos cruzan el lago; mas al llegar a la otra orilla se encuentran no con el lugar tranquilo que esperaban, sino con toda una multitud ávida de escuchar al Maestro. Jesús, en un gesto profundamente humano, se conmueve ante ese espectáculo, se emociona y comienza a recordar lo que dijera el profeta Jeremías acerca de los malos pastores del pueblo (primera lectura): "Vosotros dispersasteis mis ovejas, las expulsasteis, no las guardasteis... Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas, de todos los países adonde las expulsé, y las volveré a traer a sus dehesas, para que crezcan y se multipliquen".

Y Jesús, al ver que estaban «como ovejas sin pastor», se olvida del descanso prometido a los apóstoles y se pone a enseñarles por largo rato.

Seguramente que cuando Marcos escribió esta página tenía a la vista el mapa del imperio romano, lo que era considerado como el mundo de aquella época. Y así como los apóstoles al volver de su misión descubrieron que era aún muy poco lo que habían hecho, pues había quedado sin Palabra de Dios toda esa inmensa multitud, así Marcos descubrió a los muchos pueblos del mundo a la espera de ese «largo rato» en que alguien les anunciara el Evangelio.

Y el panorama que se nos presenta hoy no es más optimista ni más sencillo. No solamente los cristianos constatamos que somos una pequeña minoría en el mundo, sino que la calidad de nuestro cristianismo es aún más reducida. Tarde comprobamos que nos hemos encerrado en nuestros esquemas, en nuestros grupitos, en una forma miope de concebir el mensaje de Cristo.

Jesús se olvida de sí mismo y del cansancio de los suyos y sólo piensa en esa multitud que espera algo de él. Una multitud que camina, pero sin rumbo, sin una palabra orientadora, sin pastores que se le pongan al lado.

También los pastores se han encerrado en sus casas y en sus esquemas, o se contentan con repetir fórmulas o recetas moralizantes o leyes sobre el culto, cuando el pueblo reclama la Palabra viva de Dios, respuesta clara y firme a sus interrogantes y problemas; busca quien lo defienda, quien alivie el peso con que se lo ha oprimido.

No hace falta que hoy hagamos una descripción de la situación que vive nuestro país.  Todos la conocemos y seguimos su duro peregrinar mediante los medios informativos. COMPASIÓN: Pero ¿cuál es nuestra presencia como testigos de Jesucristo? ¿En qué consiste precisamente este "compadecerse" de la gran muchedumbre? Hay compasión y compasión. Una es sentir lástima por el que sufre, humillando al otro con una mirada de conmiseración. La otra, la auténtica com-pasión evangélica, es sentir y sufrir con el otro; es hacer propios los sufrimientos de los demás. No es compadecer «a» los demás, sino "padecer-con", «sentir-con-los-otros».

Jesús, el Buen Pastor, llevó esta su actitud de sufrir-con-el-otro hasta el extremo: da su vida por las ovejas, muere por ellas, en lugar de ellas y para ellas.

El evangelio de hoy nos muestra a Jesús en dos gestos de genuina y auténtica com-pasión: con los apóstoles, invitándolos a un justo descanso; con el pueblo hambriento, alimentándolo con su palabra y después con pan y peces, como veremos en los próximos domingos.

Ahora podemos hacer un primer alto en nuestra reflexión para cerrar los ojos por un instante y pensar, ver, sentir a todo nuestro pueblo, sobre todo al que sufre, al que lucha por sus justas reivindicaciones, al que camina, se ilusiona y se frustra, al que está disperso como un rebaño sin pastor.

¿Nos sentimos parte de ese pueblo? ¿Dónde termina lo que llamamos «nuestra» comunidad? ¿Qué significa para nosotros, cristianos que estamos en misa, vivir hoy y aquí, en este país, en esta ciudad, en esta comunidad? ¿Qué estamos dispuestos a sacrificar por los hermanos necesitados? ¿No hemos descansado ya lo suficiente en la soledad de nuestro hogar y de nuestro pequeño círculo como para que miremos a quienes se están preguntando si Cristo los tiene olvidados? 

2. Derribar los muros 

El texto de Pablo que la importante Carta a los Efesios nos trae hoy, aporta mucha luz para descubrir esta misión cristiana en un mundo hambriento de verdad.

También Pablo tiene ante sí el mapa del mundo de su época, y lo ve dividido entre dos pueblos de concepciones diametralmente opuestas: judíos y paganos. Esta división estaba representada en el mismo templo de Jerusalén por un muro que separaba el atrio de los gentiles del atrio de los judíos. Ambos pueblos se sentían mutuamente lejanos y separados por un muro infranqueable: la raza y el culto. Y no solamente no estaban unidos, sino que legalmente la unión les estaba prohibida. La Ley con sus mandamientos y sus prescripciones señalaba la superioridad religiosa de los judíos y la inaccesibilidad del templo de Dios para los paganos.

Y cuando el cristianismo se fue extendiendo por obra de los apóstoles, el muro seguía levantado. A los paganos se les exigía la circuncisión para ser bautizados. Fue entonces cuando Cristo eligió a Pablo como apóstol de los paganos y como procurador de la total igualdad en Cristo.

El argumento de Pablo es el siguiente: por la sangre de Cristo ha sido destruido el muro de la separación y abolida la ley separatista. Jesucristo ha creado al hombre nuevo que ya no se rige por los criterios raciales, sociales o cultuales. Cuando Jesús muere en la cruz, asume en sí mismo a toda la humanidad, sin distinción alguna. Porque nadie mereció su salvación, ya que todos son pecadores por igual, por eso todos tienen ahora el mismo privilegio de sentirse el único pueblo de Dios, el Cuerpo de Cristo.

Y concluye Pablo: Por lo tanto, ahora todos sin distinción alguna «podemos acercarnos al Padre con un mismo Espíritu».

Marcos nos presentó a Jesús como el Buen Pastor que se compadeció de las ovejas errantes y abandonadas. Pablo da un paso más: con esas ovejas, con ese pueblo olvidado y proscrito, Jesús «crea al hombre nuevo».

Y detengámonos aquí, porque éste es un concepto de capital importancia para el cristianismo.

Ver a la humanidad según el prisma de la raza o del sexo, o de la cultura, o de la religión, es obrar según el hombre viejo, el primer Adán.

El hombre viejo es el hombre de las divisiones, de la multiplicidad de lenguas, de la lucha por el predominio mundial. Y Cristo muere en la cruz por ese hombre; muere precisamente en manos de quienes habían abandonado a las ovejas y se habían constituido en dueños absolutos de vidas y conciencias.

Cristo es la víctima del hombre viejo; pero es también su tumba. El Cristo de la fe es el Hombre-Nuevo, creado por el amor de Dios, que asume al hombre como tal, al hombre a secas sin apelativo alguno; que respeta y valora a todos los hombres y a cada hombre, porque cada hombre desde la cruz es el cuerpo de Cristo, presente allí donde hay un hombre, cualquiera que sea su cultura, su raza, su color o su religión.

Comprendamos bien esto: quien se diga cristiano no puede bajo ningún concepto ver al hombre de otra forma. Llamarse cristiano y seguir sosteniendo la discriminación racial, social, política, religiosa o sexual, es sencillamente un contrasentido.

Si Cristo ha creado un hombre nuevo, si ha hecho algo nuevo y distinto con la  humanidad, si -como dice Pablo- ha restablecido la paz, reconciliando a todos en un solo  cuerpo, destruyendo toda enemistad en su persona, si vino para anunciar la paz a los que  estaban lejos y a los que estaban cerca, si todos tenemos acceso al Padre en un mismo  Espíritu..., si todo esto tiene algún valor y no son meras palabras, entonces el respetar y el  valorar a todos los hombres por igual es un elemento esencial de la fe cristiana.

Sostener la discriminación racial, social, sexual, religiosa o cualquier otro tipo, por parte de un cristiano, es un verdadero contraevangelio, es una vieja-noticia, es un mal-anuncio... Es posible que todavía no hayamos comprendido el concepto de Iglesia que nos presenta Pablo, y que hayamos hecho de ella más bien una secta que no una «Ecclesia», es decir, una comunidad de todos los llamados por el Padre. Y cuando decimos: todos los llamados, decimos "todos", porque en Cristo toda la humanidad ha sido llamada y convocada como cuerpo del Señor.

El espíritu sectario hace que miremos con recelo a los no cristianos, a los judíos, a los habitantes de otros países; a los que tienen más o tienen menos. El espíritu sectario nos hace encerrarnos en una manera de pensar, como si fuese la única verdadera, sin querer ver al Espíritu, que sopla donde quiere. El espíritu sectario nos hace sentirnos mejores que los otros, superiores a los demás; o creernos los dueños de Dios, de Cristo y de su palabra.

A menudo preguntamos: ¿Qué es el cristianismo? ¿Es una religión o una filosofía de la vida? Jesús no dio respuesta a esta pregunta que seguramente él no hizo nunca. Pero sí preguntó qué quería Dios con la humanidad. Y respondió: unirla, reconciliarla para que viva en paz y en justicia. Y descubrió que él mismo era ese pastor anunciado por Jeremías (primera lectura), que ejercería el derecho y la justicia en la tierra.

Es posible que nosotros dediquemos demasiado tiempo a responder preguntas que ni vale la pena que las formulemos, porque no crean nada nuevo en el mundo. Y lo nuevo que el mismo Cristo ha creado es el hombre, este hombre que cada uno de nosotros debe hacer nuevo en Cristo. Nuevo no por el color de la piel o por la juventud de la carne, sino por el espíritu de la reconciliación, de la paz, de la unidad y del respeto.

Nuestra especialidad es el esfuerzo constante y denodado por derribar los muros, por acortar las distancias, por acabar con las distinciones y las desigualdades. Nuestra especialidad, tal como enseña Pablo, es el anuncio de la buena nueva de la Paz.  Esto es lo que nos debe hacer distintos de los demás: el no sentirnos distintos ni superiores a nadie.

Quien ha comprendido esto y quien se arriesga por este evangelio de la paz, que se alegre porque el Hombre Nuevo está naciendo en él.

Concluyendo...

Hay veces en que la Palabra de Dios nos sacude y nos lleva por caminos tan insólitos, que hasta llegamos a tener miedo de ese «adónde vamos a parar».

Quizá hoy sintamos esa sensación... ¿Qué sucedería si los cristianos nos comprometiéramos en serio por este Hombre Nuevo que Cristo crea con todos los pueblos del mundo? ¿Qué sucedería en nuestra comunidad regional si nos dispusiéramos a hacer este Hombre Nuevo, derribando tantos muros como nos separan?

 

OCARM

Lectura 

 

a) Clave de lectura: 

El texto que meditaremos en este 16º Domingo del Tiempo Ordinario es breve. Sólo cinco versículos. A primera vista, estas pocas líneas parecen ser una breve introducción al milagro de la multiplicación de los panes en el desierto. (Mc 6,34-44). Pero si la Liturgia de este domingo ha separado del resto y subrayado estos cinco versículos, quiere decir que recogen algo muy importante que quizás no se notaría si sirviesen sólo para introducir el milagro de la multiplicación de los panes. En efecto, estos cinco versículos revelan una característica de Jesús que siempre ha llamado la atención y sigue llamando: su preocupación por la salud y formación de los discípulos, su humanidad acogedora hacia la gente pobre de Galilea, su ternura hacia las personas. Si la Iglesia, por medio de la liturgia del domingo, nos invita a reflexionar sobre estos aspectos de las actividades de Jesús es para animarnos a prolongar esta misma conducta de Jesús en nuestra relación con los otros. Durante su lectura prestaremos atención a los mínimos detalles del comportamiento de Jesús hacia los otros. 

 

b) Una división del texto para ayudarnos en su lectura: 

Marcos 6,30: Revisión de la obra apostólica 

Marcos 6,31-32: Preocupación de Jesús por el descanso de los discípulos 

Marcos 6,33: La gente tiene otros criterios y sigue a Jesús 

Marcos 6,34: Movido a compasión, Jesús cambia su plan y acoge a la gente 

 

Algunas preguntas 

para ayudarnos en la meditación y en la oración. 

a)             ¿Cuál es el aspecto del comportamiento de Jesús que más te ha gustado y que ha despertado la admiración de la gente en tiempos de Jesús? 

b)            La preocupación de Jesús por los discípulos y la preocupación por acoger bien a la gente: las dos son importantes. ¿Cuál de las dos prevalece en el comportamiento de Jesús? 

c)             Compara el comportamiento de Jesús con el comportamiento del Buen Pastor del Salmo 23. ¿Qué es lo que más asombra? 

d)            El comportamiento de nuestra comunidad ¿es el mismo que el de Jesús? 

 

Para aquéllos que quisieran profundizar más en el tema 

a)             El contexto que ilumina el texto:

i)              El capítulo 6º de Marcos muestra un enorme contraste. Por un lado Marcos habla del banquete de la muerte, promovido por Herodes con los grandes de Galilea, en el palacio de la capital, durante el cuál será asesinado Juan el Bautista (Mc 6,1729). Por otro lado, el banquete de la vida, promovido por Jesús para la gente de Galilea, muerta de hambre en el desierto, para que no perecieran en el camino (Mc 6,35-44). Los cinco versículos de la lectura de este domingo (Mc 6,30-34) están colocados exactamente entre estos dos banquetes 

ii)             Estos cinco versículos ponen de relieve dos cosas: - ofrecen un retrato de Jesús formador de los discípulos; - indican que anunciar la Buena Nueva de Jesús no es sólo una cuestión de doctrina, sino sobre todo de acogida, de bondad, de ternura, de disponibilidad, de revelación del amor de Dios. 

 

b)            Comentario del texto: 

Marcos 6,30-34: La cogida dada a los discípulos 

                Estos versículos indican que Jesús formaba nuevos leaders . Comprometía a los discípulos en la misión y solía de pronto llevarlos a un lugar más tranquilo para poder descansar y hacer una revisión (cf Lc 10,17-20). Se preocupaba de su alimentación y de su descanso, porque el trabajo de la misión era tal, que no tenían tiempo para comer cf (Jn 21,9-13) 

Marcos 6,33-34: Movido a compasión, Jesús cambia su plan y acoge a la gente 

                La gente se dio cuenta que Jesús se ha ido a la otra orilla del lago y lo siguió. Cuando Jesús, descendiendo de la barca, vio aquella muchedumbre, renunció al descanso y comenzó a enseñar. Aquí aparece el abandono de la gente. Jesús queda conmovido, “porque eran como ovejas sin pastor”. Quien lea estas palabras recordará el salmo del Buen Pastor (Sl 23). Cuando Jesús cae en la cuenta de que la gente no tiene pastor, comienza Él a serlo. Guía a la multitud en el desierto de la vida, y la muchedumbre podía cantar así: “¡El Señor es mi Pastor! ¡Nada me falta!” 

 

c)             Ampliando conocimientos 

Un retrato de Jesús, formador 

                “Seguir” era el término que formaba parte del sistema educativo de la época. Se usaba para indicar la relación entre el discípulo y el maestro. La relación maestrodiscípulo es diferente de la de profesor-alumno. Los alumnos asisten a las clases del profesor sobre una determinada materia. Los discípulos “siguen” al maestro y viven con él. Y es precisamente en esta “convivencia” de tres años con Jesús en la que los discípulos recibieron su formación. 

                Jesús, el Maestro, es el eje, el centro y el modelo de la formación. En sus comportamientos es una prueba del Reino, encarna el amor de Dios y lo revela (Mc 6,1; Mt 10,30-31; Lc 15,11-32). Muchos pequeños gestos reflejan este testimonio de vida con el que Jesús indicaba su presencia en la vida de sus discípulos, preparándolos a la vida y a la misión. Era su modo de dar una forma humana a la experiencia que Él mismo había tenido con el Padre:

*                los compromete en la misión (Mc 6,7; Lc 9,1-2;10,1) 

*                a su vez, la repasa con ellos (Lc 10,17-20) 

*                los corrige cuando yerran o cuando quieren ser los primeros (Mc 10,13-15; Lc 9,46-48) 

*                espera el momento oportuno para corregirlos (Mc 9,33-35) 

*                les ayuda a discernir (Mc 9,28-29) 

*                los interpela cuando son lentos (Mc 4,13; 8,14-21) 

*                los prepara para el conflicto (Jn 16,33; Mt 10,17-25) 

*                les manda observar y analizar la realidad (Mc 8,27-29; Jn 4,35; Mt 16,1-3) 

*                reflexiona con ellos sobre cuestiones del momento (Lc 13,1-5) 

*                pone ante sus ojos las necesidades de la muchedumbre (Jn 6,5) 

*                corrige la mentalidad de venganza (Lc 9,54-55) 

*                enseña que las necesidades de la gente están sobre las prescripciones rituales (Mt 12,7.12) 

*                lucha contra la mentalidad que considera la enfermedad como un castigo de Dios (Jn 9,2-3) 

*                pasa el tiempo solo con ellos para poderlos instruir (Mc 4,34; 7,17; 9,30-31; 10,10; 13,3) 

*                sabe escuchar, aun cuando el diálogo es difícil (Jn 4,7-42) 

*                les ayuda a aceptarse (Lc 22,32) 

*                es exigente y les pide que dejen todo por Él (Mc 10,17-31) 

*                es severo con la hipocresía (Lc 11,37-53) 

*                da más preguntas que respuestas (Mc 8,17-21) 

*                es seguro y no se deja desviar del camino (Mc 8,33; Lc 9,54-55). 

                He aquí un retrato de Jesús formador. La formación del “seguimiento de Jesús” no era en primer lugar la transmisión de verdades para aprenderlas de memoria, sino una comunicación de la nueva experiencia de Dios y de la vida que irradiaba de Jesús a los discípulos. La comunidad que se formaba alrededor de Jesús era la expresión de esta nueva experiencia. La formación llevaba a las personas a tener otros ojos, otras formas de conducirse. Hacía nacer en ellos un nuevo conocimiento en cuanto a la misión y de ellos mismos. Obraba de modo que se pusieran al lado de los marginados. Producía, en algunos, la “conversión” por haber aceptado la Buena Nueva (Mc 1,15). 

 

Cómo Jesús anuncia la Buena Nueva a la muchedumbre 

                El hecho de que Juan estuviera preso obliga a Jesús a regresar y comenzar el anuncio de la Buena Nueva. ¡Fue un comienzo explosivo y creativo! Jesús recorre toda la Galilea: aldeas, pueblos, ciudades (Mc 1,39). Visita las comunidades. Incluso cambia de residencia y va a vivir a Cafarnaún (Mc 1,21; 2,1), ciudad que está en la encrucijada de varios caminos, y esto le facilitaba la divulgación del mensaje. Casi nunca se para, está siempre en camino. Los discípulos van con Él, por dondequiera que vaya. En las praderas, a lo largo de los caminos, en la montaña, en el desierto, en barca, en la sinagoga, en las casas. ¡Con mucho entusiasmo! Jesús ayuda a la gente sirviendo de muchas maneras: arroja los espíritus inmundos (Mc 1,39), cura los enfermos y los que son maltratados (Mc 11,34), purifica a los marginados a causa de la impureza (Mc 1,40-45), acoge a los marginados y confraterniza con ellos (Mc 2,15). Anuncia, llama y convoca. Atrae, consuela ayuda. Es una pasión que se revela. Pasión por el Padre y por la gente pobre y abandonada de su tierra. Allí donde encuentra gente que lo escucha, habla y transmite la Buena Noticia. En cualquier lugar que sea. 

                ¡En Jesús, todo es revelación que le sale desde dentro! Él mismo es la prueba, el testigo viviente del Reino. En Él aparece lo que sucederá cuando una persona deja reinar a Dios, deja que Dios guíe su vida. En su manera de vivir y obrar junto a los otros, Jesús revela lo que Dios tenía en mente, cuando llamaba en el tiempo a Abrahán y a Moisés. ¡Jesús transformó la nostalgia en esperanza! De pronto la gente entendió: “¡Esto era lo que Dios quería para su pueblo!” Y este fue el comienzo del anuncio de la Buena Nueva del Reino que se divulgaba rápidamente en las aldeas de Galilea. De forma pequeña como una semilla que después crece llegando a convertirse en un gran árbol, donde la gente podía reponerse (Mc 4,31-32). Y la gente se encargaba de difundir la noticia. 

                La gente de Galilea quedaba impresionada del modo de enseñar de Jesús . “¡Un nuevo modo de enseñar!¡Dado con autoridad! ¡Diverso del de los escribas!” (Mc 1,22.27). Lo que más Jesús hacía era enseñar (Mc 2,13; 4,1-2;6,34) Y lo que solía hacer (Mc 10,1). Más de quince veces el evangelio de Marcos dice que Jesús enseñaba. Pero Marcos no dice casi nunca lo que enseñaba. ¿Quizás no le interesa el contenido? ¡Depende de lo que la gente entienda por contenido! Enseñar, no quiere decir sólo enseñar verdades nuevas de modo que la gente se las aprenda de memoria. El contenido que Jesús dará no sólo se ve en las palabras, sino en los gestos y en el modo en que entra en relación con las personas. El contenido no está nunca separado de la persona que lo comunica. Jesús era una persona acogedora (Mc 6,34). Amaba a la gente. La bondad y el amor que se transparentaba en sus palabras formaban parte del contenido. Constituyen su temperamento. Un contenido bueno, pero sin bondad es como un líquido derramado. Marcos define el contenido de la enseñanza de Jesús como “Buena Noticia de Dios” (Mc 1,14). La Buena Nueva que Jesús proclama viene de Dios y revela algo sobre Dios. En todo lo que Dios dice y hace, se reflejan trazos del rostro de Dios. Refleja la experiencia que Él mismo tiene de Dios, la experiencia del Padre. Revelar a Dios como Padre es la fuente, el contenido y el fin de la Buena Noticia de Dios. 

 


 

XVI DOMINGO «DURANTE EL AÑO»

 

Antífona de entrada     Sal 53, 6. 8
Dios es mi ayuda, el Señor es mi verdadero sostén.
Te ofreceré un sacrificio voluntario,
daré gracias a tu nombre porque es bueno.

Oración colecta
Señor nuestro, mira con bondad a tus servidores
y multiplica en nosotros los dones de tu gracia,
para que, fervorosos en la fe, la esperanza y la caridad,
perseveremos con asidua vigilancia
en el cumplimiento de tus mandamientos.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas
Padre Santo, por el sacrificio único de tu Hijo
llevaste a la perfección las ofrendas de la antigua Ley;
te pedimos que recibas la oblación de tus fieles
y la santifiques como lo hiciste con la ofrenda de Abel,
para que los dones presentados en honor de tu nombre
sirvan para la salvación de todos.
Por Jesucristo nuestro Señor.

Antífona de comunión     Sal 110, 4-5
El Señor hizo portentos memorables, es bondadoso y compasivo;
dio alimento a sus fieles.

Oración después de la comunión
Padre, ayuda con bondad a tu pueblo,
que has alimentado con los sacramentos celestiales;
concédele apartarse del pecado
y comenzar una vida nueva.
Por Jesucristo, nuestro Señor.


 

DOMINGO DECIMOSEXTO

Reuniré el resto de mis ovejas
y suscitaré para ellas pastores

Lectura del libro de Jeremías     23, 1-6
 
    «¡Ay de los pastores que pierden y dispersan el rebaño de mi pastizal!» -oráculo del Señor-.
    Por eso, así habla el Señor, Dios de Israel, contra los pastores que apacientan a mi pueblo: Ustedes han dispersado mis ovejas, las han expulsado y no se han ocupado de ellas. Yo, en cambio, voy a ocuparme de ustedes, para castigar sus malas acciones -oráculo del Señor-.
    Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas, de todos los países adonde las había expulsado, y las haré volver a sus praderas, donde serán fecundas y se multiplicarán. Yo suscitaré para ellas pastores que las apacentarán; y ya no temerán ni se espantarán, y no se echará de menos a ninguna -oráculo del Señor-.
    Llegarán los días -oráculo del Señor-
        en que suscitaré para David un germen justo;
        Él reinará como rey y será prudente,
        practicará la justicia y el derecho en el país.
        En sus días, Judá estará a salvo
        e Israel habitará seguro.
        Y se lo llamará con este nombre:
        «El Señor es nuestra justicia»
 
Palabra de Dios.
 
 
SALMO     Sal 22, 1-6
 
R. El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.
 
El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.
Él me hace descansar en verdes praderas,
me conduce a las aguas tranquilas
y repara mis fuerzas. 
R.
 
Me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre.
Aunque cruce por oscuras quebradas, no temeré ningún mal,
porque Tú estás conmigo:
tu vara y tu bastón me infunden confianza. 
R.
 
Tú preparas ante mí una mesa,
frente a mis enemigos;
unges con óleo mi cabeza
y mi copa rebosa. 
R.
 
Tu bondad y tu gracia me acompañan
a lo largo de mi vida;
y habitaré en la Casa del Señor,
por muy largo tiempo. 
R.


Cristo es nuestra paz: Él ha unido a los dos pueblos en uno solo

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Éfeso     2, 13-18
 
    Hermanos:
    Ahora, en Cristo Jesús, ustedes, los que antes estaban lejos, han sido acercados por la sangre de Cristo.
    Porque Cristo es nuestra paz: Él ha unido a los dos pueblos en uno solo, derribando el muro de enemistad que los separaba, y aboliendo en su propia carne la Ley con sus mandamientos y prescripciones.
    Así creó con los dos pueblos un solo Hombre nuevo en su propia persona, restableciendo la paz, y los reconcilió con Dios en un solo Cuerpo, por medio de la cruz, destruyendo la enemistad en su persona.
    Y Él vino a proclamar la Buena Noticia de la paz, paz para ustedes, que estaban lejos, paz también para aquellos que estaban cerca. Porque por medio de Cristo, todos sin distinción tenemos acceso al Padre, en un mismo Espíritu.
 
Palabra de Dios.
 
 
ALELUIA     Jn 10, 27
 
Aleluia.
«Mis ovejas escuchan mi voz,
Yo las conozco y ellas me siguen», dice el Señor.
Aleluia.
 

 
EVANGELIO

Eran como ovejas sin pastor

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos     6, 30-34
 
    Al regresar de su misión, los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.
    Él les dijo: «Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco». Porque era tanta la gente que iba y venía, que no tenían tiempo ni para comer. Entonces se fueron solos en la barca a un lugar desierto. Al verlos partir, muchos los reconocieron, y de todas las ciudades acudieron por tierra a aquel lugar y llegaron antes que ellos.
    Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato.
 
Palabra del Señor.

 

 

 

 

 


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